El proyecto Sandpiper prevé obtener tres millones de toneladas anuales de concentrado, mientras pescadores y ambientalistas alertan sobre sus posibles efectos en el ecosistema de Benguela
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Karem Díaz S.
El Gobierno de Namibia concedió en agosto de 2026 una autorización ambiental a Namibian Marine Phosphate para desarrollar Sandpiper, un proyecto comercial de extracción de fosfatos del fondo del océano Atlántico. La decisión abre una nueva etapa para una iniciativa presentada como la primera de su tipo a escala mundial y reactivó las objeciones del sector pesquero y de organizaciones ambientalistas.
La operación se localizaría aproximadamente 120 kilómetros al suroeste de Walvis Bay, frente a la costa namibia. Los depósitos se encuentran a profundidades comprendidas entre 180 y 300 metros, dentro de una región marina influida por el sistema de la corriente de Benguela, uno de los ecosistemas oceánicos más productivos del mundo.
Namibian Marine Phosphate, conocida por las siglas NMP, pertenece en un 85 % a la empresa omaní Mawarid Mining y en un 15 % a la compañía namibia Havana Investments. De acuerdo con la información difundida sobre el proyecto, la autorización contempla un periodo de explotación de 20 años.
Sandpiper proyecta producir tres millones de toneladas anuales
El plan empresarial prevé extraer alrededor de tres millones de toneladas de concentrado de fosfato por año. El material constituye una materia prima fundamental para fabricar fertilizantes fosfatados, empleados para aportar fósforo a los cultivos cuando los análisis del suelo identifican una disponibilidad insuficiente de este nutriente.
La extracción se realizaría mediante dragado mecánico. Buques especializados recogerían sedimentos del lecho oceánico para separar posteriormente el material fosfático. Este procedimiento implica remover directamente el fondo marino, una característica que concentra buena parte de las preocupaciones ambientales.
Para Namibia, el proyecto representa una posible fuente de inversión, empleo e ingresos vinculados con la industria de los fertilizantes. NMP sostiene que las operaciones afectarían únicamente al 0,002 % de la plataforma continental del país durante los 20 años considerados y afirma que la superficie intervenida sería limitada.
La disponibilidad de fósforo tiene relevancia estratégica para la producción agrícola, pero su procedencia abre un debate sobre los costos ambientales de cada alternativa. También existen investigaciones dirigidas a recuperar nutrientes de flujos residuales, entre ellas el aprovechamiento de la orina humana como fertilizante agrícola, que busca reducir pérdidas de nitrógeno y fósforo mediante sistemas controlados de separación y tratamiento.
La pesca teme alteraciones en la corriente de Benguela
La Federación Pesquera de Namibia manifestó su oposición al proyecto y anticipó la posibilidad de emprender acciones judiciales. El sector sostiene que la intervención podría afectar áreas utilizadas por peces comerciales y alterar procesos ecológicos de los que dependen las capturas y el empleo costero.
El sistema de Benguela sostiene importantes poblaciones de peces debido al ascenso de aguas frías ricas en nutrientes. En ese entorno se desarrollan actividades pesqueras que requieren condiciones estables de alimentación, reproducción y reclutamiento de las especies explotadas.
Los críticos advierten que las dragas pueden generar columnas de sedimentos suspendidos. Esas partículas podrían desplazarse fuera de la zona intervenida, modificar la calidad del agua o depositarse nuevamente sobre organismos y hábitats del fondo. También existe preocupación por la posible movilización de metales y otras sustancias acumuladas en los sedimentos.
La magnitud real de esos efectos dependerá de variables como la composición del lecho marino, la intensidad del dragado, las corrientes, la duración de las operaciones y la eficacia de los controles. La autorización ambiental no elimina la necesidad de medir esos factores antes, durante y después de la actividad.
El conflicto muestra la relación directa entre la protección del océano y la producción de alimentos. Los análisis sobre acuicultura, seguridad alimentaria y sostenibilidad también señalan que cualquier aprovechamiento de recursos acuáticos debe evaluar conjuntamente los beneficios productivos y la capacidad del ecosistema para mantenerlos.
Una autorización precedida por años de controversia
Sandpiper no es una iniciativa reciente. La licencia minera fue concedida originalmente en 2011, pero el proyecto quedó paralizado en medio de cuestionamientos ambientales y disputas legales. El proceso de evaluación se reactivó posteriormente hasta desembocar en la autorización anunciada en agosto de 2026.
La decisión sitúa a Namibia ante una experiencia sin precedentes comerciales comparables que permitan anticipar con certeza todos sus resultados. AgroXXI señala que otros países, entre ellos Nueva Zelanda, Sudáfrica y México, han rechazado o frenado proyectos semejantes debido a sus posibles efectos sobre el ambiente marino.
Esta diferencia regulatoria convierte el seguimiento de Sandpiper en un asunto de interés internacional. Los resultados podrían influir en futuras decisiones sobre depósitos submarinos de fosfatos y sobre el grado de precaución necesario cuando una actividad industrial coincide con caladeros o zonas ecológicamente sensibles.
Monitoreo independiente y trazabilidad serán determinantes
Para evaluar el proyecto será necesario establecer una línea de referencia sobre biodiversidad, sedimentos, calidad del agua y poblaciones pesqueras antes del comienzo de la extracción. Sin esos datos resultaría difícil distinguir los cambios asociados con la actividad minera de las variaciones naturales del ecosistema.
El monitoreo también tendría que identificar el alcance de las columnas de sedimentos, la recuperación de las áreas dragadas y cualquier modificación en la disponibilidad de especies comerciales. La publicación periódica de los resultados permitiría contrastar las previsiones ambientales con lo observado durante la operación.
La gestión de materiales removidos y aguas utilizadas durante el procesamiento constituye otro punto sensible. Experiencias relacionadas con el tratamiento de aguas residuales procedentes de la acuicultura muestran que las actividades productivas vinculadas al agua requieren controlar nutrientes, partículas y contaminantes antes de devolver los efluentes al ambiente.
La autorización abre una oportunidad económica para el suministro de materias primas agrícolas, pero también traslada a las autoridades namibias la responsabilidad de comprobar que las condiciones ambientales sean respetadas. La supervisión independiente, los límites operativos y la existencia de mecanismos para suspender las labores ante daños verificables serán elementos centrales durante el desarrollo de Sandpiper.
Fuente referencial:
AgroXXI


