No todas las semillas tienen acceso por igual a la bóveda de Svalbard


J. Esteban Hernández Bermejo, Universidad de Córdoba and Francisca Herrera Molina, Universidad de Córdoba


La idea de generar una reserva mundial de germoplasma vegetal surgió en Noruega en la década de 1980 con experiencias de almacenamiento de semillas en minas abandonadas del archipiélago de Svalbard. A partir de 1990, se iniciaron las conversaciones entre el Gobierno noruego y la FAO para crear un depósito mundial que, como si fuera una caja fuerte, pudiera conservar materiales genéticos de todo el mundo.

Sin embargo, en ausencia de un régimen de administración que asegurara el estatus legal de esa colección, hubo que esperar a la implementación del Tratado Internacional sobre Recursos Genéticos Vegetales de interés para la Alimentación y la Agricultura de la FAO. Finalmente, quedó constituido, en febrero de 2008, el Banco Mundial de Semillas de Svalbard, que recientemente ha recibido el Premio Princesa de Asturias a la Cooperación Internacional 2026.

En el Banco de Germoplasma de la Universidad de Córdoba se realizan tareas de conservación, mantenimiento y multiplicación de semillas. Banco de Germoplasma de la Universidad de Córdoba.

En el corazón de una montaña helada

Situado en la isla de Spitsbergen,en el archipiélago de Svalbard (Noruega), está excavado en una montaña de arenisca, a unos 1 300 kilómetros del Polo Norte y con 120 metros de recorrido subterráneo, en una zona con actividad sísmica casi nula.

La instalación conserva las colecciones de germoplasma a -18 ºC, temperatura que se consigue gracias al permafrost (capa geológica que permanece congelada) en la que está excavada la galería. El banco tiene espacio para 4,5 millones de muestras, cada una con una media de 500 semillas.

Actualmente, guarda 1,38 millones de muestras pertenecientes a 6 500 taxones (entendemos que la cifra se refiere al nivel de variedades cultivadas, no de especies). Predominan ciertos cultivos “mayores”, como arroz, trigo, maíz, cebada y diversas legumbres, especies todas con semillas de comportamiento ortodoxo, es decir, susceptibles de ser conservadas a largo plazo (decenas de años) en un ambiente seco y frío.

Se guardan en sobres sellados de aluminio con tres capas, introducidos en cajas de plástico. El “búnker” cuenta con puertas blindadas, detectores de movimiento y muros de hormigón armado capaces de resistir el impacto de armas de guerra.

Algunos aspectos mejorables

Como toda loable iniciativa, su aparición produjo inmediatamente cierto horizonte de crítica no exento de razones. Han surgido, por ejemplo, problemas en el sistema de ahorro energético que representa el uso del frío del permafrost: filtraciones de agua en la galería provocadas por el cambio climático, que tuvieron lugar en 2017 y dieron pie a la renovación y refuerzo de las medidas de protección.

Estas dudas sobre la eficiencia de un mecanismo que pretende ser una medida de seguridad complementaria, que se ven incrementadas por la ausencia de estrategias priorizadas y suficientemente ambiciosas en la selección de las especies y variedades conservadas. Estas responden preferentemente a las contempladas por el citado Tratado Internacional de FAO y, de forma mucho más determinante, a los fines y objetivos de los países y organismos depositarios.

¿Quién decide qué se guarda?

Cabe señalar que los depositarios no son “donantes”, sino simplemente “clientes” de esta oferta de cooperación internacional. También son los únicos que pueden acceder a las semillas almacenadas.

Tampoco hay control sobre la diversidad genética intraespecífica (dentro de una misma especie vegetal) o intravarietal (dentro de una variedad de la planta) conservada, ni en la estabilidad de la capacidad germinativa de las semillas almacenadas, conservadas en ausencia de protocolos de regeneración.

Queda así parcialmente cuestionada tanto la eficiencia del sistema como la accesibilidad de los materiales conservados en una política internacional de protección de la agrodiversidad.

La importancia de la agricultura tradicional

Hablando de agrodiversidad, este tipo de reconocimiento internacional puede dejar adormecidas las conciencias (y las iniciativas e inversiones gubernamentales) en la defensa de otros sistemas mucho mas eficaces de conservación tales como los sistemas de agricultura familiar y tradicional, jardines botánico y bancos de semillas en los países de origen.

Podemos diferenciar entre la conservación ex situ (bancos de semillas en general, colecciones bajo cultivo, jardines botánicos) y la in situ, en manos de los agricultores y, en especial, de los modelos más tradicionales de agricultura. Svalbard responde al primero de los modelos citados.

Este punto es importante, especialmente si recordamos que la agricultura y alimentación del hemisferio Sur y, muy particularmente, de los países andinos, que son centros importantes de biodiversidad tienen un grado de desarrollo económico que no suele permitir la existencia de eficientes infraestructuras de conservación _ex situ.

¿Y las plantas silvestres?

Por otro lado, Svalbard está cerrado para el depósito de germoplasma silvestre, que representa no solo una emergencia de conservación en todo el planeta ante el proceso de extinción progresiva de biodiversidad, sino también un horizonte de uso importantísimo para la mejora de los cultivos y especies de interés económico.

Hablamos, por ejemplo, de los parientes silvestres de los cultivos, de especies de interés medicinal o etnobotánico, o de aquellas utilizadas por extractivismo a partir de poblaciones naturales y sistemas agroforestales.

Aunque España ya ha colaborado con el Banco Mundial de Semillas de Svalbard mediante depósitos realizados por el Centro de Recursos Fitogenéticos y Agricultura Sostenible (INA-CSIC) y el Banco del Olivo de la Universidad de Córdoba, otras entidades nacionales enfocadas en la flora silvestre en España no han conseguido acceso al banco.

Tal vez, ni siquiera lo hayan intentado, por no dedicarse a los cultivos que contempla el Tratado Internacional sobre Recursos Genéticos Vegetales de interés para la Alimentación y la Agricultura.

Red Española de Bancos de Germoplasma Vegetal Silvestre

Mientras tanto, en España y hace 25 años, surgió REDBAG (Red Española de Bancos de Germoplasma de Flora Silvestre), que agrupa varias decenas de bancos, algunos con cerca de medio siglo de experiencia en la protección de la biodiversidad ibérica, balear y canaria.

Para garantizar la máxima protección de este patrimonio, la red tiene previsto realizar depósitos de seguridad en el banco nacional del Ministerio para la Transición Ecológica, el Centro Nacional de Recursos Genéticos Forestales “El Serranillo”.

Por eso, aunque el Premio Princesa de Asturias aplauda merecidamente, la cooperación internacional, no debemos olvidar que España es pionera en conservación de recursos fitogenéticos. Y, si no conservamos nuestros recursos locales y apoyamos nuestras instituciones, de poco nos servirán las maravillas de la bóveda de Svalbard.

J. Esteban Hernández Bermejo, Profesor Emérito de Ingeniería Forestal, Universidad de Córdoba and Francisca Herrera Molina, Jefa de Unidad IMGEMA, Real Jardin Botánico de Córdoba. PSI. Botánica, Universidad de Córdoba

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.