Olivos con menos agua y misma calidad


En Argentina, un ensayo del INTA Chilecito redujo hasta 13 % el consumo anual de agua en olivares superintensivos sin afectar la producción ni la calidad del aceite.


Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.

En las regiones áridas de Argentina, el agua se ha convertido en una variable decisiva para sostener la producción olivícola. En provincias como La Rioja, Catamarca y San Juan, donde una parte importante de los olivares depende de fuentes subterráneas y de una disponibilidad hídrica cada vez más limitada, el manejo del riego dejó de ser una práctica complementaria para transformarse en una herramienta central de planificación productiva.

En ese contexto, un equipo del INTA Chilecito comprobó que los olivares superintensivos pueden reducir hasta un 13 % el consumo anual de agua sin perder productividad ni calidad en el aceite de oliva. El resultado surge de tres años de trabajo en plantaciones manejadas con poda mecánica y abre una vía concreta para mejorar la eficiencia hídrica en sistemas de alta densidad.

Riego deficitario en el momento adecuado

La estrategia evaluada se basó en aplicar riego deficitario controlado durante la etapa de crecimiento vegetativo. Esta técnica consiste en reducir el aporte de agua en momentos específicos del ciclo del cultivo, cuando el olivo tolera mejor el déficit hídrico y puede mantener su desempeño productivo sin afectar el rendimiento final.

María Andrea Calahorra, investigadora del INTA Chilecito, explicó que el ahorro se logró al reducir el riego un 50 % entre mediados de agosto y mediados de octubre. Esa disminución permitió alcanzar el ahorro anual registrado y no redujo la producción de aceite en ninguno de los años de estudio.

El ensayo evaluó distintos momentos de aplicación del riego deficitario: prefloración, previo al endurecimiento del carozo y durante la síntesis de aceite. También se analizó el tipo y el momento de la poda mecánica en olivares de variedad arbequina, una de las más utilizadas en modelos de alta densidad por su adaptación al sistema en seto.

Una respuesta para zonas semiáridas

Argentina cuenta con unas 85.200 hectáreas implantadas con olivos. La Rioja encabeza la producción nacional con 25.000 hectáreas, seguida por Catamarca, Mendoza, San Juan, Córdoba, Buenos Aires y Río Negro. En varias de estas provincias, la baja disponibilidad de agua superficial aumenta la presión sobre pozos y fuentes subterráneas.

La posibilidad de mantener producción con menor consumo hídrico tiene impacto directo en la sustentabilidad del sistema. No se trata únicamente de ahorrar agua, sino de usarla en los momentos de mayor respuesta agronómica. Esta lógica coincide con una tendencia más amplia de la producción de olivos, donde la planificación del cultivo, la adaptación varietal y el manejo eficiente de recursos son cada vez más determinantes.

El avance del olivar superintensivo

Los olivares superintensivos, también conocidos como olivares en seto, se organizan en hileras estrechas y homogéneas que permiten mecanizar por completo labores como la poda y la cosecha. Estas plantaciones reúnen entre 1.500 y 2.000 árboles por hectárea y forman una estructura continua que facilita el uso de máquinas cabalgantes.

Según un relevamiento realizado por el equipo del INTA Chilecito en enero de 2025, este sistema ya ocupa alrededor de 3.500 hectáreas en la región. Su avance responde a la necesidad de aumentar eficiencia, reducir costos operativos y sostener rendimientos en un contexto de mayor presión sobre el agua, la energía y la mano de obra.

El modelo de alta densidad no está exento de exigencias técnicas. Requiere control del crecimiento vegetativo, manejo de la arquitectura del seto, poda mecánica precisa y decisiones de riego ajustadas al ciclo del cultivo. En esa línea, los resultados del INTA aportan información útil para ordenar el manejo y evitar que la intensificación productiva derive en un uso excesivo de agua.

Calidad del aceite y eficiencia industrial

Uno de los puntos centrales del ensayo es que la reducción del riego no afectó la calidad del aceite. El objetivo técnico no se limitó a reducir el consumo hídrico, sino también a mejorar la eficiencia del recurso, controlar el crecimiento vegetativo y preservar atributos químicos y sensoriales del aceite de oliva.

La investigación también apunta a mejorar la extractabilidad y a avanzar en aceites de oliva virgen extra con mayor estabilidad oxidativa y mayor concentración de fenoles totales. Estas características son relevantes porque influyen en la conservación, el perfil sensorial y la valoración comercial del producto, especialmente en mercados donde la calidad diferenciada gana peso.

La experiencia se suma a otros avances vinculados con olivares superdensos, que buscan producir con menos insumos sin resignar rendimiento. En sistemas intensivos, el ajuste fino del agua, la fertilización y la poda permite reducir desperdicios y mejorar la respuesta de cada árbol dentro del seto.

Menos agua, más planificación

El resultado del INTA Chilecito muestra que la eficiencia hídrica depende tanto de la cantidad de agua aplicada como del momento en que se aplica. Reducir el riego de forma general e indiscriminada podría afectar el cultivo, pero hacerlo durante etapas de mayor tolerancia permite ahorrar recurso sin comprometer la cosecha.

Este enfoque es especialmente importante para la olivicultura argentina de zonas áridas, donde cada campaña exige equilibrar productividad, disponibilidad de agua y calidad final del aceite. La relación causa y resultado es clara: al disminuir el riego durante una ventana vegetativa específica, el sistema reduce el consumo anual y mantiene producción y calidad porque el déficit se aplica cuando el cultivo puede tolerarlo mejor.

La información también refuerza la necesidad de integrar el riego con datos agronómicos, poda mecánica y objetivos industriales. En cultivos permanentes como el olivo, las decisiones de una campaña pueden influir sobre la estructura productiva de los años siguientes. Por eso, el manejo hídrico debe entenderse como parte de una estrategia de mediano plazo y no como una simple reducción de costos.

Para el sector olivícola, el avance ofrece una herramienta concreta: ajustar el riego en olivares superintensivos para ahorrar agua, sostener rendimiento y conservar la calidad del aceite. En regiones donde el recurso hídrico condiciona la expansión agrícola, esa combinación puede marcar el rumbo de una producción más eficiente y mejor adaptada al clima.

Fuente(s) referenciales

Infobae / Revista Chacra: Menos agua, misma calidad: el olivo encuentra un nuevo camino en los sistemas superintensivos