Las lluvias no reparan de inmediato los daños causados por la sequía: revisar los tejidos, evitar la fertilización prematura y esperar nuevos brotes son pasos esenciales
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Los jardines del Reino Unido afrontan una etapa de recuperación después de un verano de 2026 marcado por una cúpula de calor sobre Europa occidental, temperaturas elevadas y largos periodos sin lluvia. Aunque numerosas plantas perdieron hojas, se marchitaron y dejaron amplias superficies de césped amarillentas, estos síntomas no significan necesariamente que la vegetación haya muerto.
El profesor de horticultura Ross Cameron, de la Universidad de Sheffield, explica que muchas especies reducen su actividad durante una sequía para conservar agua y proteger sus tejidos esenciales. La pérdida de hojas y el marchitamiento forman parte de esas respuestas, por lo que recomienda comprobar el estado de cada ejemplar antes de podarlo o sustituirlo.
Cómo comprobar si una planta todavía está viva
En árboles y arbustos puede realizarse una prueba sencilla: raspar delicadamente con la uña una pequeña porción de la corteza joven. La presencia de tejido verde debajo de la superficie indica que la planta sigue viva, aunque sus ramas parezcan secas y no conserve hojas.
Algunas plantas leñosas podrían volver a producir follaje durante el otoño, mientras otras reservarán sus recursos hasta la primavera siguiente. Las especies herbáceas perennes también pueden generar nuevos brotes desde la base del tallo o desde un sistema de raíces que haya sobrevivido bajo el suelo.
Las ramas completamente muertas pueden eliminarse mediante una poda selectiva, pero no conviene retirar apresuradamente toda la planta. La observación durante las semanas posteriores al retorno de la humedad permite distinguir entre una pérdida definitiva y un estado temporal de reposo.
Por qué no conviene fertilizar el suelo seco
Aplicar fertilizantes inmediatamente después de una ola de calor puede ser contraproducente. Cuando el suelo permanece endurecido y con poca capacidad de infiltración, los nutrientes pueden ser arrastrados por las primeras lluvias antes de incorporarse de manera efectiva a la zona radicular.
La prioridad debe ser recuperar gradualmente la humedad del suelo y observar la respuesta de las plantas. El abonado puede posponerse hasta que exista humedad suficiente y señales claras de crecimiento activo. Esta precaución también reduce el riesgo de estimular brotes tiernos cuando las raíces todavía no han recuperado su capacidad normal de absorción.
La recuperación del suelo depende además de su estructura, contenido de materia orgánica y cobertura. Mantener restos vegetales sanos o una capa de acolchado puede moderar la temperatura superficial y reducir la evaporación, pero el material no debe acumularse directamente sobre tallos o coronas sensibles a la humedad.
El césped seco puede reverdecer con las lluvias
El color marrón del césped suele responder a un periodo de dormancia y no necesariamente a la muerte de las plantas. Con el descenso de las temperaturas y el retorno regular de las lluvias, muchas superficies recuperan su tonalidad verde sin necesidad de ser reemplazadas.
Cuando persistan áreas desnudas, Cameron propone resembrarlas con una mezcla de semillas de césped y arena entre mediados y finales de septiembre. La arena facilita una distribución más uniforme, mientras la humedad del suelo favorece la germinación antes de la llegada del frío.
La resiembra debe concentrarse en los espacios donde no aparezcan señales de rebrote. Escarificar o remover suavemente la capa superficial puede mejorar el contacto de las semillas con el suelo, siempre que la intervención no profundice el daño sobre raíces todavía debilitadas.
Qué especies resistieron mejor el verano seco
La respuesta al calor varió según el origen y la fisiología de cada especie. Plantas asociadas a ambientes húmedos, entre ellas determinadas hortensias, magnolias, rododendros, pieris y serbales, mostraron mayores dificultades para regular la pérdida de agua.
En cambio, especies como lavanda, salvia, verbena y algunas rosas conservaron una floración abundante, aunque redujeron el crecimiento de sus tallos. Estas diferencias muestran la importancia de seleccionar plantas compatibles con el suelo, el régimen de lluvias y la exposición solar de cada jardín.
Además de tolerar la sequía, las especies elegidas deben responder a otros riesgos locales. El calor puede coincidir con lluvias intensas, vientos fuertes o incendios, por lo que los investigadores consideran cada vez más importante identificar plantas capaces de soportar varios tipos de estrés.
La recuperación también ofrece una oportunidad para diversificar el jardín. Combinar especies adaptadas a condiciones secas con plantas de distintos ciclos de floración puede reducir pérdidas y sostener recursos para los insectos beneficiosos. Dentro de ese manejo, el eneldo puede contribuir al control natural de pulgones en el huerto al favorecer la presencia de determinados organismos auxiliares.
Adaptar los jardines a veranos más extremos
A largo plazo, las regiones del sur del Reino Unido podrían experimentar condiciones más cercanas a las del clima mediterráneo. Esa evolución obligaría a incorporar especies con menores necesidades de agua y a revisar prácticas como la frecuencia de riego, la cobertura del suelo y la distribución de las plantas según su tolerancia al sol.
El desafío no consiste únicamente en prepararse para periodos secos. La alternancia rápida entre inundaciones, sequías, temperaturas extremas y vientos intensos puede imponer varios daños consecutivos sobre una misma planta. Por esa razón, los programas de mejoramiento también estudian materiales vegetales con tolerancia múltiple.
Las plantas originarias de cauces estacionales secos son una referencia de interés porque pueden soportar tanto déficits de agua como inundaciones ocasionales. Las especies con amplia distribución geográfica también ofrecen características potencialmente útiles para desarrollar jardines y áreas verdes más resistentes a la variabilidad climática.
Fuente referencial:
Phys.org


