Una explotación ganadera de casi 81 hectáreas en Great Waltham conserva pastos verdes sin riego mediante praderas multiespecíficas y pastoreo rotativo
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
Una explotación bovina situada en Great Waltham, en el sureste de Inglaterra, se ha convertido en un caso destacado de adaptación agrícola durante el verano extremo de 2026. Mientras los campos vecinos presentan pastos secos y algunos productores han comenzado a utilizar sus reservas de alimento para el invierno, la finca de Sam Squier mantiene vegetación verde y densa para su ganado.
La explotación, de casi 200 acres —aproximadamente 81 hectáreas—, ha aplicado durante ocho años prácticas de agricultura regenerativa orientadas a mejorar la estructura del suelo y su capacidad para almacenar agua. El resultado observado durante la actual sequía está aumentando el interés por sistemas productivos capaces de soportar periodos prolongados tanto de calor y escasez hídrica como de lluvias intensas.
Praderas multiespecíficas que conservan humedad
El ganado Aberdeen Angus de Squier, que posee además rasgos genéticos de la raza japonesa Wagyu, se alimenta de una combinación de gramíneas, leguminosas y plantas herbáceas de raíces profundas. Estas praderas multiespecíficas permanecieron por encima de la altura de la rodilla después de dos meses sin precipitaciones y sin utilizar riego.
Cada componente cumple una función dentro del sistema. Las gramíneas aportan alimento energético, las leguminosas fijan nitrógeno en el suelo y reducen la necesidad de fertilizantes sintéticos, mientras determinadas hierbas contribuyen al aporte de nutrientes y al control de parásitos, disminuyendo el uso de medicamentos veterinarios.
Este manejo coincide con los principios de la agricultura regenerativa aplicada a la recuperación de suelos, que procura mantener cobertura vegetal, diversificar las especies y reciclar nutrientes dentro de la propia explotación.
El pastoreo rotativo protege el suelo
Los animales se concentran en parcelas pequeñas y son trasladados dos veces al día. Al pastar y pisar parte de la vegetación, dejan una capa protectora sobre el terreno que reduce la exposición directa del suelo, mientras el estiércol devuelve nutrientes y semillas.
La distribución controlada del ganado evita que los animales permanezcan demasiado tiempo en una misma parcela y permite periodos de recuperación para las plantas. Los beneficios productivos y ambientales de este enfoque también se han documentado en experiencias de pastoreo rotativo en sistemas ganaderos, donde la cobertura vegetal y la distribución del estiércol ayudan a conservar la fertilidad.
Squier estima que cada acre de su finca puede almacenar alrededor de 400.000 litros de agua adicionales respecto de la situación anterior a la transición. Esta cifra corresponde a una estimación del productor y refleja el cambio que atribuye a la recuperación de la estructura del suelo.
La actividad biológica también mostró una variación considerable. Durante los primeros seis años de aplicación de las nuevas prácticas, la población estimada de lombrices pasó de 80 millones a 680 millones. El ganadero tampoco ha necesitado comprar alimento para el invierno durante los últimos ocho años.
La sequía golpea la producción británica
El contraste de la finca con su entorno ocurre cuando el Reino Unido se aproxima a cerrar el verano más caluroso de sus registros. Después del junio más cálido y del julio más seco documentados en el país, cerca de tres cuartas partes de Inglaterra se encontraban oficialmente bajo condiciones de sequía.
Ganaderos y productores de leche han informado de un crecimiento deficiente de los pastos. Al mismo tiempo, la cosecha británica de cereales se encamina a su peor resultado desde el inicio de los registros comparables en 1984, mientras los sectores de frutas y hortalizas anticipan una producción menor.
La situación británica forma parte de una crisis más amplia. Las pérdidas ocasionadas por las cosechas fallidas durante la ola de calor de junio podrían alcanzar 2.300 millones de euros entre la Unión Europea y el Reino Unido, según una estimación de la Energy and Climate Intelligence Unit.
El episodio refuerza la búsqueda de cultivos y sistemas agrícolas resistentes al calor y la sequía. Sin embargo, el comportamiento de una finca concreta no garantiza resultados idénticos en otros territorios, porque la respuesta depende del suelo, las especies disponibles, el régimen de lluvias, el tipo de explotación y la capacidad financiera de cada productor.
Ayudas públicas facilitaron la transformación
La transición de la finca de Squier recibió subvenciones ambientales del Gobierno británico. El productor reconoció que su explotación tendría dificultades para conservar su viabilidad sin ese apoyo, aunque no detalló el importe recibido.
La necesidad de inversión inicial representa una barrera para otros agricultores. A ella se suman los contratos de arrendamiento, las condiciones de propiedad de la tierra, las restricciones financieras y la resistencia a modificar sistemas de trabajo consolidados.
La experiencia también guarda relación con otros casos de agricultura regenerativa en explotaciones productivas, donde la diversificación y la recuperación del suelo han aumentado la capacidad de enfrentar periodos climáticos desfavorables.
Bancos, aseguradoras y empresas alimentarias aportan financiación
El creciente riesgo climático para la producción agropecuaria está llevando a bancos, compañías de seguros, empresas de agua y grupos alimentarios a financiar la transición. En el Reino Unido, Lloyds, Wildfarmed, Severn Trent, Affinity Water y AXA XL crearon el Food & Nature Resilience Fund, destinado a respaldar mejoras en los suelos agrícolas.
Las compañías de agua esperan que la reducción del uso y la escorrentía de productos químicos disminuya los costes de depuración. Según Ben Makowiecki, director de Sostenibilidad Agrícola de Lloyds, estas empresas podrían ahorrar entre cuatro y seis libras en costes posteriores por cada libra invertida en las explotaciones. Las aseguradoras, por su parte, buscan datos que permitan evaluar si estas prácticas reducen los riesgos de sequía e inundación.
Otra iniciativa, Routes to Regen, reúne a McCain, McDonald’s, Waitrose, Lloyds, Barclays, NatWest, Aon y Tokio Marine Kiln. El programa ofrece diferentes modalidades de apoyo, como préstamos preferenciales, asesoramiento técnico, incentivos de empresas alimentarias, formación entre agricultores y productos de seguro.
Routes to Regen comenzó el año pasado con 100 productores y pretende incorporar al menos 200 durante 2026. También proyecta ampliar su cobertura desde los seis condados iniciales hasta un total de doce.
La seguridad del suministro atrae a grandes compradores
La participación empresarial responde tanto a los compromisos ambientales como a la necesidad de proteger las cadenas de suministro. McDonald’s prevé destinar al menos 1.000 millones de dólares durante la próxima década a fortalecer la resiliencia de sus proveedores.
McCain Foods, dedicada principalmente a productos derivados de la papa, indicó que casi la mitad de su base de agricultores puede acceder a alguna modalidad de apoyo para la transición, incluidos financiación, garantías, incentivos y contratos de mayor duración.
La expansión de estos programas muestra que la adaptación ya no se considera una responsabilidad exclusiva del productor. La disponibilidad de capital, asistencia agronómica, seguros adecuados y contratos estables será determinante para trasladar las experiencias favorables de fincas individuales hacia una transformación de mayor escala.
Fuente referencial:
Reuters

