Agricultura

La sequía moderada agrava el daño del minador de la remolacha

Publicado el 26/08/2026 · REDACCION

Un estudio de la Universidad de Göttingen muestra que el estrés hídrico intermedio favorece a las larvas, mientras la falta extrema de agua perjudica tanto al cultivo como a la plaga


Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.

Investigadores de la Universidad de Göttingen, en Alemania, descubrieron que la intensidad de la sequía determina cómo responde la remolacha azucarera al minador de la hoja, una plaga cuyas larvas excavan túneles en el tejido foliar. El experimento mostró que un déficit hídrico moderado favoreció el desarrollo del insecto y aumentó los daños, mientras una sequía severa limitó tanto a la planta como a la plaga.

El trabajo, publicado en el Journal of Experimental Botany, examinó las interacciones entre la remolacha azucarera —Beta vulgaris— y el minador Pegomya cunicularia. Los científicos analizaron la fisiología vegetal, los metabolitos presentes en las hojas, las emisiones de compuestos orgánicos volátiles y el comportamiento reproductivo del insecto.

El estrés hídrico moderado mejoró el alimento de las larvas

Los investigadores sometieron las plantas a condiciones de sequía moderada y severa, tanto con presencia del minador como sin infestación. Posteriormente midieron el crecimiento, la superficie de las hojas, la eficiencia fotosintética y el contenido de agua, además del desarrollo larvario y la puesta de huevos de las hembras.

La falta de agua redujo de manera general el crecimiento de la remolacha, el área foliar y la fotosíntesis. Sin embargo, bajo sequía moderada aumentó la concentración de determinados nutrientes en las hojas, generando un alimento más favorable para las larvas.

Los insectos que se alimentaron de esas plantas presentaron las mayores tasas de crecimiento y originaron pupas y adultos de mayor tamaño. Su actividad también produjo daños foliares más intensos, pese a que el cultivo ya estaba soportando el efecto directo del déficit hídrico.

El resultado muestra que una planta moderadamente estresada no siempre se vuelve menos adecuada para una plaga. En determinadas condiciones, los cambios metabólicos pueden mejorar temporalmente la calidad nutritiva del tejido y aumentar la presión del herbívoro.

La sequía severa perjudicó a la planta y al insecto

Cuando el déficit de agua fue intenso, el contenido hídrico y el funcionamiento fisiológico de la remolacha disminuyeron considerablemente. En ese ambiente, las larvas encontraron condiciones menos favorables para alimentarse y completar su desarrollo.

La menor actividad del insecto bajo estrés extremo no representa una ventaja productiva, ya que la propia sequía ocasionó un deterioro pronunciado del cultivo. Una reducción de la plaga, por tanto, no compensaría la pérdida de crecimiento y capacidad fotosintética de las plantas.

Esta respuesta no lineal obliga a evaluar conjuntamente el clima y la sanidad vegetal. Los productores no deberían asumir que toda disminución de humedad genera el mismo efecto sobre los insectos, ni que una sequía más intensa reduce necesariamente el riesgo total para la cosecha.

La interacción se suma a otros desafíos fitosanitarios de la especie, entre ellos los daños ocasionados por nematodos del quiste en la remolacha azucarera, cuyo impacto también depende del ambiente, la rotación y el estado de las plantas.

La falta de agua modificó las señales químicas de la remolacha

El estudio encontró que la sequía cambió la composición y la abundancia de los compuestos orgánicos volátiles emitidos por las hojas. Estas sustancias forman parte de la comunicación química de la planta y son utilizadas por los insectos para localizar hospedadores adecuados.

Shahinoor Rahman, investigador del Departamento de Ciencias de los Cultivos de la Universidad de Göttingen y primer autor del trabajo, explicó que las alteraciones en esas emisiones modificaron la capacidad del minador para reconocer las plantas.

Las hembras depositaron menos huevos en las remolachas sometidas al estrés más severo. Según los resultados, la combinación de sequía intensa e infestación produjo una marcada reorganización metabólica y redujo el atractivo químico de las plantas para los insectos que buscaban un lugar donde reproducirse.

El comportamiento revela una compensación entre dos procesos. La sequía moderada elevó la calidad nutricional de las hojas para las larvas ya presentes, mientras el estrés severo redujo tanto el valor del tejido como la posibilidad de que las hembras encontraran y eligieran la planta.

El monitoreo debe adaptarse a la intensidad de la sequía

Los hallazgos sugieren que el seguimiento de las plagas debería intensificarse durante periodos de déficit hídrico moderado. Aunque las plantas todavía no presenten síntomas extremos, sus cambios metabólicos pueden crear condiciones favorables para determinados herbívoros.

La vigilancia puede incluir la revisión del envés de las hojas, donde las hembras colocan sus huevos, y la búsqueda de galerías o manchas translúcidas producidas por las larvas en el interior del tejido. La detección temprana permitiría decidir si se requieren medidas de manejo antes de que aumente el daño foliar.

El manejo integrado debe considerar prácticas agronómicas, enemigos naturales y alternativas que reduzcan la dependencia de aplicaciones generalizadas. En Alemania ya se estudia el empleo de plantas acompañantes en cultivos de remolacha para modificar el entorno de otras plagas y disminuir el uso de insecticidas.

Clima y plagas deben analizarse como un riesgo combinado

El experimento aporta información sobre un sistema concreto y no demuestra que todas las plagas respondan igual a la sequía. Las consecuencias pueden variar según la especie, la etapa del cultivo, la duración del déficit hídrico, la temperatura y la disponibilidad de plantas hospedadoras.

También será necesario trasladar los resultados obtenidos en condiciones controladas a explotaciones comerciales. En el campo intervienen simultáneamente el suelo, la lluvia, el riego, los enemigos naturales y otros factores que pueden modificar la relación entre la remolacha y el minador.

La investigación refuerza la necesidad de combinar las estrategias contra la sequía con el manejo fitosanitario. Estudios en otros cultivos han identificado respuestas fisiológicas capaces de mejorar la resistencia vegetal y el aprovechamiento del agua durante periodos secos, pero el comportamiento de las plagas debe incorporarse a cualquier evaluación de resiliencia.

Para la producción de remolacha azucarera, el principal mensaje operativo es que una sequía aparentemente intermedia puede generar dos presiones simultáneas: menor funcionamiento de la planta y mejores condiciones para el desarrollo larvario. Los programas de adaptación deberán observar ambas variables para evitar que el riesgo sanitario pase inadvertido.

Fuentes referenciales:
EurekAlert
Universidad de Göttingen
Journal of Experimental Botany



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