Un ensayo de Cornell, Penn State y la Universidad de Wisconsin prueba adelantar la siembra en sistemas orgánicos sin labranza y esperar después para aplanar centeno y veza con rodillo
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Investigadores de Estados Unidos están probando una modificación del manejo orgánico sin labranza que invierte una parte de la secuencia habitual: primero siembran maíz o soja directamente dentro de un cultivo de cobertura todavía vivo y, posteriormente, esperan hasta que esa cobertura alcance la etapa adecuada para terminarla mediante un rodillo acamador. El objetivo es evitar que la necesidad de esperar la maduración del cultivo de cobertura obligue a retrasar excesivamente la implantación del cultivo comercial.
El proyecto, denominado Rolling After Crop Emergence (RACE), reúne a investigadores de la Universidad de Cornell, Penn State y la Universidad de Wisconsin. Los experimentos se desarrollan en Pensilvania, Nueva York y Wisconsin y comparan diferentes fechas de siembra para determinar hasta qué punto esta estrategia puede funcionar en las condiciones productivas del norte estadounidense.
La propuesta aborda uno de los principales dilemas de la agricultura orgánica sin labranza. Los cultivos de cobertura necesitan alcanzar determinadas fases de desarrollo para que el rodillo pueda terminarlos eficazmente, pero esperar hasta ese momento puede posponer la siembra de maíz y soja. Ese retraso resulta especialmente delicado en regiones con temporadas de crecimiento relativamente cortas.
La estrategia cambia el orden entre siembra y rolado
En un sistema orgánico de siembra directa basado en cobertura vegetal, el productor normalmente deja crecer la cobertura hasta que alcanza una etapa apropiada, la aplana mediante un rodillo acamador y después establece el cultivo comercial sobre el mantillo resultante. El proyecto RACE estudia qué sucede cuando la siembra se adelanta y el rolado se realiza después.
Este planteamiento se relaciona con el concepto de “planting green” o siembra en verde, en el que el cultivo principal se establece mientras la cobertura continúa viva. La práctica busca conservar durante más tiempo los beneficios de la vegetación protectora sin obligar necesariamente a retrasar la fecha de implantación del cultivo comercial.
El manejo de estas coberturas requiere equilibrar diferentes objetivos. Estudios anteriores han mostrado que mantener cultivos de cobertura hasta fechas próximas o posteriores a la siembra puede beneficiar al suelo y ayudar a controlar malezas, pero también generar riesgos para el rendimiento cuando aumenta la competencia por agua, nutrientes o luz.
En el experimento estadounidense se trabaja con dos combinaciones específicas: soja sembrada directamente sobre centeno cereal y maíz establecido sobre veza vellosa. Las coberturas de invierno se implantan durante el otoño y los cultivos comerciales se siembran posteriormente en cuatro fechas consecutivas, separadas aproximadamente por una semana.
Centeno para la soja y veza vellosa para el maíz
El momento de terminación no es arbitrario. Los investigadores esperan hasta que cada cultivo de cobertura alcance una fase en la que pueda ser controlado eficazmente mediante el rodillo. Para el centeno cereal se utiliza como referencia la antesis tardía, mientras que para la veza vellosa se espera hasta la formación temprana de vainas.
Al alcanzar esas etapas, el rodillo acamador dobla y aplasta la vegetación, formando una capa de residuos sobre el terreno. Esta biomasa funciona como cobertura superficial y constituye una herramienta especialmente relevante en sistemas orgánicos, donde las opciones para controlar las malezas sin herbicidas sintéticos son más limitadas.
La elección de la especie también determina qué servicios puede aportar la cobertura. Las leguminosas, como la veza, tienen especial interés antes del maíz por su capacidad para fijar nitrógeno. Investigaciones agronómicas han mostrado que las leguminosas utilizadas como cultivos de cobertura pueden mejorar la disponibilidad de nitrógeno para el maíz posterior, aunque su manejo debe sincronizarse con las necesidades del cultivo principal.
La soja ofrece hasta ahora los resultados más favorables
Los resultados preliminares del proyecto muestran respuestas diferentes entre soja y maíz. La soja ha tolerado relativamente bien el sistema: los investigadores observaron generalmente pocos daños provocados por el paso del rodillo, poblaciones de plantas consistentes y buenos rendimientos. El centeno cereal, además, pudo terminarse eficazmente y mostró un rebrote mínimo.
Esta respuesta convierte a la combinación soja-centeno en uno de los componentes más prometedores del ensayo hasta esta fase de la investigación. Sin embargo, los datos definitivos del proyecto todavía están siendo recopilados y analizados, por lo que las observaciones iniciales no deben interpretarse como una recomendación universal para todos los sistemas orgánicos.
El uso de coberturas en sistemas agrícolas tiene objetivos que van más allá de facilitar el establecimiento del cultivo siguiente. Una selección adecuada de especies de cobertura puede contribuir al manejo de malezas, la protección del terreno y la conservación de humedad, aunque la respuesta depende de la especie, el clima, el cultivo principal y el calendario de manejo.
El maíz enfrenta mayor competencia con la veza
La situación ha sido más complicada para el maíz. Cuando se estableció en la fecha más temprana, las plantas tuvieron que competir con una veza vellosa que todavía permanecía activamente en crecimiento. En esas parcelas se observaron poblaciones de maíz menos densas, mayores daños después del paso del rodillo y una reducción del rendimiento.
Los investigadores también comprobaron que la veza de los tratamientos más tempranos podía mostrar un rebrote considerable después del rolado. Esto evidencia la importancia de su estado de desarrollo: terminar demasiado pronto una cobertura que todavía no alcanzó suficiente madurez puede permitir que continúe creciendo y compitiendo con el cultivo comercial.
El propio paso de la sembradora tiene un efecto sobre la vegetación. Las observaciones del experimento muestran que puede frenar temporalmente el crecimiento de la veza, pero no necesariamente terminarla por completo. La interacción entre fecha de siembra, desarrollo de la cobertura y posterior utilización del rodillo constituye, por tanto, una de las variables centrales del sistema.
La experiencia coincide con otros trabajos desarrollados en Penn State que han analizado diferentes formas de hacer coexistir temporalmente maíz y coberturas. Por ejemplo, la intersiembra de cultivos de cobertura durante la fase vegetativa V3 del maíz ha mostrado posibilidades para equilibrar el establecimiento de la cobertura y el manejo de malezas en condiciones del noreste estadounidense.
Menos labranza sin renunciar a la cobertura del suelo
Uno de los atractivos del sistema experimental es que intenta compatibilizar dos objetivos que pueden entrar en tensión dentro de la agricultura orgánica: reducir la perturbación mecánica del terreno y controlar malezas sin depender de herbicidas sintéticos. La cobertura transformada en mantillo puede dificultar el establecimiento de malezas mientras protege físicamente la superficie.
La reducción de la labranza también puede favorecer la conservación de la estructura del suelo y de su actividad biológica. Experiencias con otros sistemas agrícolas muestran que la siembra directa y el mantenimiento de cobertura vegetal pueden disminuir la perturbación del suelo y favorecer procesos biológicos, aunque cada sistema requiere adaptación a las condiciones locales.
Para los productores orgánicos del norte de Estados Unidos, el calendario constituye una dificultad adicional. Esperar hasta que el centeno o la veza alcancen la fase óptima para ser terminados puede llevar la siembra del cultivo comercial hacia fechas en las que disminuye su potencial productivo. Sembrar primero y rolar después pretende separar parcialmente ambos momentos.
El ensayo compara tres estados y varias fechas de siembra
La investigación está encabezada por Ana Roldan, candidata doctoral del Sustainable Cropping Systems Lab de Cornell, con la participación de Matthew Ryan, de Cornell; John Wallace, de Penn State; y Erin Silva, de la Universidad de Wisconsin. La repetición de los experimentos en tres estados permite comprobar si las respuestas se mantienen bajo ambientes diferentes.
El proyecto comenzó en 2024 y continúa durante 2026. Los investigadores siguen recopilando y analizando los datos, de modo que los resultados divulgados hasta ahora tienen carácter preliminar. La comparación entre las cuatro fechas de siembra permitirá precisar hasta dónde puede adelantarse el establecimiento del maíz y la soja sin que la competencia de las coberturas o el posterior paso del rodillo anulen las ventajas buscadas.
La estrategia también forma parte de una discusión más amplia sobre cómo integrar las coberturas dentro de la rotación. La experiencia acumulada muestra que adelantar el establecimiento de cultivos de cobertura mediante intersiembra puede ampliar su período de crecimiento, una ventaja especialmente importante en regiones donde el intervalo entre la cosecha y la llegada del invierno es reducido.
Si los resultados finales confirman la viabilidad de la técnica, la principal ventaja sería disponer de una ventana de siembra más flexible sin abandonar el mantillo de cobertura ni recurrir necesariamente a una mayor intensidad de labranza. Los datos preliminares indican, sin embargo, que esa posibilidad depende del cultivo: hasta ahora la soja ha mostrado mejor adaptación al sistema que el maíz sembrado tempranamente dentro de veza vellosa.
Fuente referencial:
Penn State Extension


