Las noches más frescas, el rocío, la niebla y la falta de ventilación crean condiciones favorables para que la enfermedad avance rápidamente en huertos e invernaderos.
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Karem Díaz S.
A mediados de julio, muchas plantas de tomate ya sostienen racimos grandes y pesados, mientras algunos frutos comienzan a cambiar de color. Este periodo de desarrollo también coincide con una de las etapas de mayor riesgo para la aparición del tizón tardío, una enfermedad capaz de deteriorar hojas, tallos y tomates en pocos días.
La amenaza puede presentarse tanto en cultivos al aire libre como bajo invernadero. Cuando las condiciones favorecen al patógeno y no se aplican medidas preventivas, las plantas verdes pueden desarrollar rápidamente manchas oscuras y los frutos pueden terminar podridos o ennegrecidos.
La segunda mitad de julio requiere una vigilancia especialmente cuidadosa. Actuar antes de que la enfermedad se extienda resulta más eficaz que intentar detenerla cuando ya alcanzó varias plantas o comenzó a afectar los frutos.
El contraste entre días cálidos y noches frescas aumenta el peligro
Durante la segunda mitad de julio, los días pueden continuar siendo cálidos, pero las noches comienzan a registrar temperaturas más bajas. Este contraste térmico favorece la aparición de rocío abundante sobre las hojas y la formación de niebla cerca del suelo.
La humedad en forma de gotas y las temperaturas frescas proporcionan condiciones favorables para el desarrollo del agente responsable del tizón tardío. Una espora necesita que una gota de agua permanezca sobre la superficie vegetal durante solo unas horas para poder germinar y penetrar en el tejido de la hoja.
El riesgo aumenta cuando las plantas han desarrollado una masa vegetal densa. A mediados del verano, los arbustos pueden encontrarse muy frondosos, las hojas inferiores comienzan a envejecer y el aire circula con mayor dificultad dentro del cultivo.
La combinación de plantaciones densas, humedad nocturna y aire estancado crea un ambiente que acelera la infección. Estas condiciones explican por qué el tizón tardío en los tomates puede pasar de unas pocas lesiones a una afectación generalizada en un periodo muy breve.
La prevención comienza con unas tijeras de poda
La primera medida no consiste necesariamente en aplicar un producto sobre las plantas, sino en reducir la humedad y mejorar la circulación del aire alrededor de los tallos.
Se recomienda retirar las hojas inferiores hasta alcanzar los racimos cuyos frutos verdes ya se encuentren completamente formados. El espacio situado debajo de las plantas debe quedar limpio y suficientemente ventilado.
La eliminación de las hojas inferiores impide que estas permanezcan cerca de la superficie húmeda del suelo y facilita el movimiento del aire dentro de la plantación.
Esta poda debe realizarse durante la mañana de un día seco y soleado. Así, las pequeñas heridas producidas en los tallos disponen de varias horas para secarse antes de la llegada de la humedad y las temperaturas más bajas de la noche.
No conviene retirar indiscriminadamente todo el follaje. Las hojas sanas situadas por encima de los racimos continúan siendo necesarias para la fotosíntesis, la alimentación de los frutos y la regulación térmica de la planta.
La ventilación reduce la humedad retenida entre las plantas
El espaciamiento y la poda adecuada son componentes básicos del manejo preventivo. Una tomatera demasiado compacta se seca lentamente después del rocío, la lluvia o el riego y queda más expuesta a las enfermedades.
La importancia de conservar plantas aireadas también forma parte de los cuidados necesarios para mantener tomates sanos, especialmente cuando los frutos comienzan a aumentar de tamaño.
En los invernaderos, las puertas y ventanas deben permanecer abiertas durante el día y, cuando las condiciones lo permitan, también durante la noche. La circulación continua del aire ayuda a secar el condensado acumulado sobre las estructuras y el follaje.
Un invernadero cerrado puede conservar durante horas la humedad liberada por el suelo y las propias plantas. Ese ambiente cálido y húmedo favorece el desarrollo de enfermedades incluso cuando no ha llovido.
El agua debe aplicarse directamente en la raíz
El segundo paso esencial consiste en modificar el riego. Deben evitarse completamente el riego por aspersión y cualquier método que moje las hojas, los tallos o los frutos.
El agua debe dirigirse exclusivamente hacia la zona radicular. La aplicación durante la mañana permite que el exceso de humedad presente en la superficie del suelo se evapore antes del descenso nocturno de la temperatura.
Regar al final del día puede prolongar durante toda la noche la humedad alrededor de las plantas. Esta situación coincide con las horas más frescas y crea un ambiente favorable para la germinación de las esporas.
Las recomendaciones de manejo del tomate durante el verano también señalan que el agua debe aplicarse bajo la raíz y que los invernaderos deben ventilarse después del riego.
La cantidad de agua debe ajustarse al estado del suelo, al clima y a la fase de desarrollo. La prevención del tizón tardío no requiere dejar secar completamente las raíces, sino impedir que el follaje y la superficie permanezcan mojados durante periodos prolongados.
La paja y el heno seco actúan como una barrera
Una capa gruesa de mantillo formada por heno seco o paja puede proteger la zona situada debajo de las tomateras.
El acolchado evita que las gotas de lluvia o de riego golpeen directamente el suelo y proyecten partículas contaminadas hacia las hojas inferiores. También limita la evaporación rápida y ayuda a conservar una humedad más estable alrededor de las raíces.
El material utilizado debe estar seco y distribuirse de manera que no quede acumulado directamente contra el tallo principal. Una capa excesivamente húmeda y compacta podría crear otros problemas sanitarios.
La combinación de acolchado, limpieza del terreno y eliminación gradual de las hojas inferiores reduce el contacto entre la planta y la superficie del suelo.
Los productos biológicos deben aplicarse con regularidad
La protección preventiva puede complementarse con productos biológicos basados en bacterias del grupo Bacillus o en hongos beneficiosos del género Trichoderma.
Estos microorganismos pueden establecerse sobre la superficie de las plantas y producir sustancias que dificultan el desarrollo de determinados patógenos.
Los tratamientos deben repetirse cada siete o diez días. Cuando se producen lluvias, nieblas intensas o una acumulación importante de rocío, puede ser necesario renovar la aplicación porque el agua reduce la permanencia del producto sobre las plantas.
La pulverización debe cubrir la parte superior e inferior de las hojas, además de los tallos y los frutos. Una aplicación limitada a la superficie visible del follaje deja sin protección zonas donde la humedad puede mantenerse durante más tiempo.
La utilización de microorganismos beneficiosos también se investiga como parte del control biológico de hongos que afectan al tomate, aunque la eficacia depende del patógeno, del producto y de las condiciones de aplicación.
Los tratamientos preventivos deben anticiparse a la lluvia
Cuando los pronósticos anuncian varios días de lluvias y temperaturas más bajas, el tratamiento preventivo debe realizarse antes de que comience el periodo desfavorable.
Aplicar una protección con las plantas secas permite cubrir mejor el follaje y reduce la posibilidad de que las primeras horas de humedad encuentren los tejidos completamente desprotegidos.
En periodos de riesgo elevado pueden utilizarse productos autorizados que contengan cobre, siempre de acuerdo con las condiciones de uso establecidas para cada cultivo y país.
Los productores deben respetar estrictamente la dosis, la frecuencia permitida, el equipo de protección y el plazo de seguridad entre la última aplicación y la cosecha.
No deben utilizarse productos sin autorización para tomates ni mezclas improvisadas. La proximidad de la recolección exige revisar cuidadosamente las instrucciones para evitar residuos no permitidos sobre los frutos.
El suero y el yodo se emplean como medidas complementarias
Cuando no se dispone de productos biológicos, algunos agricultores recurren a preparaciones tradicionales elaboradas con suero lácteo diluido en agua y una pequeña cantidad de yodo.
El suero puede formar una película ligeramente ácida sobre las hojas, mientras el yodo se utiliza por sus propiedades antisépticas.
Estas preparaciones deben considerarse medidas preventivas o complementarias y no sustituyen las prácticas fundamentales de ventilación, poda, riego correcto y eliminación de tejidos enfermos.
También conviene probar cualquier mezcla inicialmente en un número reducido de plantas. Las concentraciones excesivas o las aplicaciones bajo sol intenso pueden causar daños en el follaje.
Las primeras manchas requieren una respuesta inmediata
Las lesiones iniciales suelen aparecer como manchas marrones o pardas sobre las hojas y los brotes. Ante una señal sospechosa, las partes afectadas deben retirarse sin sacudirlas sobre el resto del cultivo.
El material debe colocarse directamente en una bolsa o recipiente cerrado para impedir que las esporas se dispersen mientras se traslada fuera de la parcela.
Las hojas, tallos y frutos enfermos no deben incorporarse al compost doméstico. La eliminación debe realizarse conforme a las normas locales para residuos vegetales afectados por enfermedades.
Después de retirar el tejido, debe aplicarse el tratamiento seleccionado a todas las plantas del bancal o del invernadero, incluidas aquellas que todavía parecen verdes y saludables.
El monitoreo de hojas, tallos y frutos permite distinguir el tizón tardío de otras enfermedades frecuentes del tomate, como el tizón temprano, el moho gris o diferentes marchiteces.
No siempre es necesario eliminar la planta completa
La aparición de unas pocas manchas no obliga automáticamente a arrancar toda la tomatera. Cuando la afectación está limitada, pueden cortarse las hojas o los brotes enfermos, incluyendo una pequeña porción de tejido aparentemente sano alrededor de la lesión.
La planta restante todavía puede continuar desarrollando frutos si el tallo principal y la mayor parte del follaje se mantienen sanos.
La eliminación completa se vuelve necesaria cuando la enfermedad ha rodeado el tallo principal cerca de su base. En esa etapa, la circulación interna de la planta queda comprometida y las posibilidades de recuperación disminuyen notablemente.
Los frutos afectados deben retirarse inmediatamente. Las manchas duras, pardas o grisáceas pueden extenderse bajo la superficie y provocar la pudrición del tomate.
La limpieza debe mantenerse durante toda la fructificación
El manejo preventivo no termina después de una primera poda o pulverización. Durante la maduración deben retirarse regularmente las hojas envejecidas, los frutos dañados y cualquier resto vegetal acumulado bajo las plantas.
Las tijeras y herramientas utilizadas para cortar tejidos sospechosos deben limpiarse antes de pasar a otra planta. De lo contrario, pueden transportar material contaminado entre los arbustos.
El cultivo debe inspeccionarse especialmente después de noches frías, nieblas, lluvias o periodos prolongados con humedad elevada.
La atención debe concentrarse en las hojas inferiores, el interior de los arbustos, las zonas próximas al suelo y los puntos donde el follaje permanece en contacto.
La limpieza del invernadero o del bancal, el aire seco, la eliminación oportuna de las hojas inferiores y los tratamientos preventivos regulares constituyen las principales medidas para proteger la cosecha durante la segunda mitad de julio.
Fuente(s) referenciales
AgroXXI — La segunda mitad de julio es un periodo crítico para proteger los tomates del tizón tardío

