Una proteína transportada por una región denominada “Starship” provoca la defoliación del algodón y el olivo infectados por Verticillium dahliae
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
Un equipo internacional identificó la región genética que permite a determinadas cepas del hongo Verticillium dahliae producir una proteína responsable de la pérdida de hojas en cultivos como el algodón y el olivo. El hallazgo ayuda a explicar por qué algunas variantes del patógeno provocan enfermedades mucho más agresivas que otras.
La investigación fue dirigida por el profesor Bart Thomma, del Instituto de Ciencias Vegetales de la Universidad de Colonia, con participación del Centro de Investigación Colaborativa MiBiNet y el Clúster de Excelencia CEPLAS para Ciencias Vegetales. Los resultados fueron publicados en la revista Nature Communications.
La proteína, secretada por el hongo durante la infección, actúa como un efector de virulencia: modifica la respuesta de la planta hospedadora y desencadena la defoliación. En los casos más graves, la pérdida completa de las hojas puede preceder a la muerte de la planta y causar reducciones importantes de la producción.
La proteína de la defoliación viaja en una “Starship”
El gen responsable fue localizado dentro de una “Starship”, nombre utilizado para describir grandes elementos genéticos móviles presentes en los hongos. Estas estructuras pueden transportar conjuntos de genes y desplazarse entre distintas regiones genómicas e incluso entre especies fúngicas.
A diferencia de una mutación aislada que permanece asociada con un solo linaje, un elemento móvil puede facilitar la adquisición de nuevas funciones biológicas. En este caso, la “Starship” lleva el gen que codifica la proteína vinculada con la caída de las hojas y, por tanto, con la agresividad del patógeno.
Los análisis genéticos también detectaron restos de una posible “Starship” portadora del mismo gen en otros hongos causantes de marchiteces vasculares. Esta evidencia sugiere que el componente pudo circular durante la evolución entre patógenos diferentes, aunque serán necesarios más estudios para reconstruir con precisión esas transferencias.
El descubrimiento amplía trabajos previos que habían mostrado que los grandes transposones de tipo “Starship” ocupan regiones muy variables del genoma de V. dahliae y contribuyen a la evolución de su virulencia.
Verticillium dahliae invade el sistema vascular
Verticillium dahliae es un hongo del suelo capaz de infectar las raíces y colonizar los vasos por los que circulan el agua y los nutrientes. Esa invasión produce síntomas como amarillamiento, marchitez, debilitamiento, pérdida de hojas y muerte de ramas o plantas enteras.
El patógeno puede permanecer en el suelo durante periodos prolongados mediante estructuras de resistencia, lo que dificulta su eliminación una vez establecido en una parcela. La amplitud de hospedadores y las diferencias de virulencia entre cepas añaden complejidad al diagnóstico y al manejo.
En el olivo, la interacción comienza en las raíces y continúa dentro de los tejidos vasculares. Investigaciones anteriores han analizado la relación entre las raíces del olivo y la marchitez causada por Verticillium para comprender mejor las primeras etapas de la infección.
El nuevo trabajo aporta una explicación molecular para la defoliación producida por las cepas más agresivas. No todas las variantes de V. dahliae poseen necesariamente la misma capacidad, por lo que identificar el gen puede ayudar a diferenciar los aislados con mayor riesgo fitosanitario.
Ensayos en algodón confirmaron el papel del efector
El equipo estudió cepas secuenciadas de V. dahliae y comparó su capacidad para provocar síntomas. Los experimentos con plantas de algodón permitieron relacionar la presencia de la región genética con la defoliación y comprobar que la proteína determina una parte fundamental de la virulencia.
El título del estudio señala que se trata de un efector estructuralmente singular compartido entre hongos de marchitez vascular. Los efectores son moléculas secretadas por los patógenos para manipular procesos celulares, debilitar defensas o modificar el entorno del hospedador durante la colonización.
La relevancia de estas proteínas también se observa en otras enfermedades agrícolas. En Colombia, por ejemplo, se han estudiado proteínas asociadas con la defensa del clavel frente a patógenos fúngicos, una línea que busca identificar señales útiles para seleccionar plantas más resistentes.
Las plantas disponen, a su vez, de receptores capaces de reconocer moléculas procedentes de microorganismos invasores y activar respuestas inmunitarias. El conocimiento de las proteínas vegetales relacionadas con la resistencia a patógenos permite buscar defensas que respondan específicamente a efectores como el identificado en V. dahliae.
Diagnóstico específico para las cepas más agresivas
Una posible aplicación del hallazgo es el desarrollo de pruebas moleculares que detecten el gen de la defoliación. Este tipo de diagnóstico permitiría distinguir con mayor precisión las cepas altamente virulentas presentes en plantas, suelo o material de propagación.
La información podría ayudar a orientar la vigilancia fitosanitaria, evitar el movimiento de material infectado y priorizar medidas de contención en parcelas donde se identifiquen aislados especialmente dañinos. Sin embargo, el estudio no presenta todavía una prueba comercial ni un tratamiento listo para uso agrícola.
Conocer la proteína también abre una ruta para buscar receptores vegetales que la reconozcan. Si se identifican defensas naturales eficaces, podrían incorporarse mediante cruzamiento y selección de variedades resistentes de algodón u olivo.
Otra posibilidad a más largo plazo sería diseñar respuestas inmunitarias específicas. Investigaciones recientes ya han demostrado que es posible crear receptores vegetales programables para reconocer proteínas de patógenos, aunque cada construcción requiere evaluaciones de eficacia, estabilidad y seguridad antes de aplicarse a cultivos comerciales.
El avance no sustituye el manejo preventivo
La identificación del gen explica un mecanismo de virulencia, pero no elimina las dificultades agronómicas asociadas con V. dahliae. El manejo continúa dependiendo de la prevención, el uso de material vegetal sano, la vigilancia de síntomas, la higiene de equipos y la elección de variedades menos susceptibles cuando estén disponibles.
También resulta importante limitar el traslado de suelo contaminado y evaluar los antecedentes sanitarios de las parcelas. Una vez introducido, el patógeno puede persistir y afectar cultivos posteriores, por lo que el diagnóstico temprano tiene un valor mayor que la respuesta cuando la enfermedad ya está ampliamente distribuida.
Los próximos trabajos deberán determinar cómo actúa exactamente la proteína dentro de la planta, qué componentes celulares reconoce y si existen variedades capaces de neutralizarla. También será necesario establecer la distribución de la “Starship” entre poblaciones del hongo procedentes de diferentes cultivos y regiones productoras.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Universidad de Colonia
Nature Communications

