Apicultura y polinización

La NASA probó con 3.300 abejas cómo crear panales en el espacio

Publicado el 28/08/2026 · REDACCION

El experimento viajó en 1984 a bordo del transbordador Challenger y demostró que una colonia podía construir cerca de 200 centímetros cuadrados de panal en microgravedad.


Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.

La NASA envió aproximadamente 3.300 abejas melíferas al espacio en abril de 1984 para estudiar su supervivencia, comportamiento y capacidad de construir panales sin la orientación proporcionada por la gravedad terrestre. La colonia formó parte de un experimento estudiantil transportado por el transbordador Challenger durante la misión STS-41C.

Las abejas permanecieron dentro de un módulo especialmente diseñado para mantenerlas confinadas, alimentadas y disponibles para la observación de los astronautas. Al finalizar los siete días del ensayo, habían construido alrededor de 200 centímetros cuadrados de panal, equivalentes a unos 31 pulgadas cuadradas.

El resultado mostró que la microgravedad alteró inicialmente el vuelo y la orientación de los insectos, pero no anuló su capacidad para coordinarse y ejecutar una de las tareas fundamentales de la colonia. El ensayo continúa siendo una referencia sobre la flexibilidad del comportamiento de Apis mellifera ante condiciones completamente diferentes de las existentes en una colmena terrestre.

Un experimento estudiantil dentro del Challenger

La iniciativa surgió mediante el programa de participación estudiantil de la NASA. El objetivo era comparar la supervivencia, la conducta y las estructuras de cera producidas en microgravedad con las elaboradas por un grupo de abejas mantenido simultáneamente en la Tierra.

El llamado Bee Enclosure Module, o módulo de confinamiento de abejas, fue preparado para albergar a cerca de 3.300 obreras y una reina. El recinto contenía marcos de madera donde podían trabajar, además de una fuente de alimentación formulada para evitar los problemas que provocan los líquidos libres dentro de una nave espacial.

La misión STS-41C despegó desde el Centro Espacial Kennedy, en Estados Unidos, el 6 de abril de 1984 y aterrizó el día 13. Aunque sus principales objetivos fueron desplegar una plataforma de experimentos y reparar en órbita el satélite Solar Maximum Mission, también reservó espacio y tiempo operativo para observar a la colonia.

Las abejas necesitaron varios días para orientarse

Durante las primeras jornadas, algunas abejas intentaron volar sin éxito y chocaron contra las paredes del módulo. La ausencia de una dirección vertical reconocible modificaba las referencias que normalmente utilizan para desplazarse y organizar el trabajo dentro de la colmena.

Las observaciones de la tripulación indicaron, sin embargo, una adaptación progresiva. Hacia el séptimo día, los insectos ya podían desplazarse de un punto a otro con mayor control y habían desarrollado una superficie considerable de panal.

La capacidad para modificar su conducta ante condiciones desconocidas coincide con investigaciones posteriores que describen la complejidad del aprendizaje y la comunicación de estos insectos. Un ejemplo se encuentra en los estudios sobre cómo las abejas ajustan su danza según la atención de sus compañeras dentro de la colonia.

Otros trabajos han identificado diferencias individuales en la respuesta de las obreras. La existencia de distintos comportamientos defensivos entre abejas de una misma colmena refuerza la idea de que una colonia no funciona como un conjunto de individuos idénticos.

El panal conservó su organización básica

Los investigadores comprobaron que la colonia podía producir estructuras de cera en microgravedad. El panal construido durante la misión presentó una organización general comparable con la observada en la Tierra, aunque el estudio científico también analizó diferencias en la orientación de las celdas y en determinados detalles de su construcción.

La prueba era relevante porque las abejas elaboran sus panales mediante una actividad colectiva de gran precisión. Miles de obreras deben producir y moldear la cera, mantener contacto entre sí y distribuir el trabajo mientras crean las celdas destinadas a la cría y al almacenamiento de alimento.

Que esa actividad continuara en un ambiente sin una referencia gravitacional normal permitió separar dos componentes del comportamiento: los aspectos que dependen de las condiciones físicas del entorno y aquellos que pueden mantenerse mediante señales táctiles, químicas y sociales.

Esta coordinación colectiva también resulta decisiva durante la búsqueda de alimento. Investigaciones realizadas en la Tierra han mostrado que los estilos de danza influyen en el éxito de las abejas recolectoras al transmitir la ubicación de los recursos florales.

Una referencia para estudiar organismos en microgravedad

El experimento no pretendía establecer una explotación apícola fuera de la Tierra ni demostrar que las abejas pudieran mantener indefinidamente una colonia en el espacio. Su duración fue limitada y las condiciones del módulo estaban controladas, por lo que sus resultados deben interpretarse dentro de ese marco experimental.

La investigación sí confirmó que las abejas podían sobrevivir durante la misión, adaptarse parcialmente a la ausencia de peso y construir un panal funcional. El trabajo científico derivado del vuelo fue publicado en 1985 en la revista Apidologie y documentó la supervivencia, el comportamiento y la construcción de cera de la colonia.

El estudio forma parte de una línea más amplia de experimentos orientados a comprender cómo responden los seres vivos fuera de la Tierra. Décadas después, la investigación espacial ha incorporado cultivos vegetales, como ocurrió cuando la NASA logró cultivar chiles en la Estación Espacial Internacional para evaluar la producción de alimentos durante misiones prolongadas.

Lecciones aplicables al conocimiento de las colmenas

Desde la perspectiva agropecuaria, la experiencia de 1984 aportó información sobre la plasticidad de una especie esencial para la polinización y la producción de alimentos. Entender cómo las abejas responden a cambios extremos permite profundizar en los mecanismos que regulan la orientación, la construcción del panal y la cooperación dentro de la colonia.

Las herramientas disponibles para estudiar esas conductas han evolucionado considerablemente. En la actualidad existen marcos robóticos que permiten observar la actividad y el almacenamiento de miel sin depender únicamente de inspecciones manuales.

La colonia transportada por el Challenger demostró que la construcción colectiva del panal no desaparece cuando se elimina la gravedad como referencia. Después de una etapa inicial de desorientación, las obreras consiguieron reorganizar sus movimientos y completar una estructura que exigía coordinación entre miles de individuos dentro de un espacio reducido.

Fuentes referenciales:
Marca
NASA
NASA Robotics Alliance Project



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