Agricultura

Abejas reina expulsan pesticidas por sus huevos para sobrevivir

Publicado el 08/07/2026 · REDACCION

Un estudio liderado por la Universidad de California en Davis muestra que, bajo exposición crónica, la protección de las obreras puede ser insuficiente y la reina deriva parte de la carga química hacia su descendencia.


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz

Durante mucho tiempo se asumió que las abejas obreras protegían de forma eficaz a la reina frente a sustancias tóxicas presentes en el alimento. Esa idea acaba de ser matizada por una investigación liderada por la Universidad de California en Davis, que documentó un mecanismo hasta ahora no demostrado en abejas melíferas: cuando la exposición a pesticidas se mantiene en el tiempo, la reina puede transferir parte de esa carga química a sus huevos.

El hallazgo es relevante para la apicultura, la agricultura y el manejo integrado de plagas porque la reina sostiene la continuidad de la colonia. Una abeja reina puede poner entre 1.500 y 2.000 huevos por día, de los cuales dependerá la siguiente generación de obreras. Si esos huevos acumulan contaminantes, el problema deja de limitarse a la abeja adulta y alcanza directamente al futuro del enjambre.

La defensa de las obreras tiene un límite

Las obreras son la primera línea de defensa dentro de una colonia. Procesan alimento, cuidan a la reina, alimentan larvas y ayudan a reducir la llegada de contaminantes al interior de la colmena. Sin embargo, la investigación muestra que esa capacidad de filtrado puede saturarse cuando la exposición es prolongada.

El trabajo fue publicado en Current Biology y estuvo encabezado por Angela Encerrado-Manriquez y Sascha Nicklisch, del Departamento de Toxicología Ambiental de la Universidad de California en Davis. También participaron el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore y el Servicio de Investigación Agrícola del Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

La preocupación por el impacto de los químicos agrícolas sobre los polinizadores no es nueva. En Mundo Agropecuario se ha abordado cómo los pesticidas detectados en polen y néctar pueden representar riesgos persistentes para insectos que dependen de flores, cultivos y hábitats cercanos a zonas agrícolas.

Nanocolonias para seguir el recorrido del pesticida

Para estudiar el proceso, los investigadores crearon “nanocolonias”, pequeños sistemas experimentales que reproducían funciones internas de una colmena. Cada unidad contenía una reina y 60 abejas obreras. Los insectos recibieron polen, agua y alimento contaminado con metil paratión, un pesticida marcado con un trazador radiactivo de bajo nivel.

Ese marcado permitió seguir cantidades muy pequeñas del compuesto en distintas partes del sistema: abejas obreras, reina, huevos, alimento y cera. La herramienta BioAMS, utilizada por el equipo, permitió rastrear niveles muy bajos de pesticida con alta sensibilidad.

Durante el primer día, las obreras lograron filtrar cerca del 95 % del pesticida y depositarlo en el panal. Pero la protección se debilitó con el tiempo: hacia el día diez, la capacidad de filtrado cayó al 86 %. La contaminación comenzó entonces a acumularse en el alimento almacenado y a llegar en mayor medida a la reina.

La reina descarga la carga química en los huevos

Cuando la contaminación llega a la reina, esta no queda completamente indefensa. El estudio encontró que puede derivar parte de la carga química hacia sus huevos, un proceso que los investigadores llaman “descarga materna” o maternal offloading. La estrategia protege a la reina, pero traslada el riesgo a la descendencia.

Sascha Nicklisch explicó que la reina descarga esas sustancias químicas en sus huevos para eliminarlas de su propio cuerpo. El punto crítico es que esa vía de protección individual puede comprometer el desarrollo de los embriones si los contaminantes se acumulan en niveles suficientes.

El resultado amplía la discusión sobre los efectos subletales de los agroquímicos. No se trata únicamente de mortalidad inmediata, sino de daños reproductivos, acumulación lenta y posibles efectos retardados sobre la viabilidad de la colonia. Investigaciones previas también han mostrado que una dosis subletal de insecticida puede alterar procesos reproductivos en polinizadores.

Por qué el hallazgo importa para apicultores y agricultores

La reina es el único individuo de la colmena capaz de poner huevos que producirán la siguiente generación de obreras. Por eso, cualquier daño acumulado en su sistema reproductivo o en sus huevos puede tener consecuencias para la renovación de la colonia.

Nicklisch advirtió que, si los pesticidas se acumulan hasta el punto de que los huevos de la reina ya no se desarrollan adecuadamente, podría alcanzarse un punto de inflexión. Ese proceso no necesariamente aparece como una pérdida inmediata, sino como un deterioro lento que contribuiría al colapso diferido de la colonia.

Para productores, apicultores y responsables de manejo integrado de plagas, el hallazgo refuerza la necesidad de considerar los momentos de mayor sensibilidad: periodos de pecoreo intenso, expansión de la colonia y fases en las que la reina mantiene alta actividad de postura. La protección de polinizadores requiere decisiones que vayan más allá de una sola aplicación puntual.

El manejo de pesticidas vuelve al centro del debate

La investigación también recuerda que las medidas habituales de protección de abejas frente a pesticidas no siempre cuentan con evidencia suficiente para todos los escenarios. En Mundo Agropecuario se ha explicado que algunos métodos comunes para proteger a las abejas necesitan evaluaciones más sólidas, especialmente cuando se consideran abejas melíferas manejadas y polinizadores silvestres.

Las zonas de amortiguamiento, los horarios de aplicación, la reducción de deriva y la elección de productos menos dañinos siguen siendo herramientas importantes, pero el nuevo estudio muestra que la exposición crónica puede superar defensas internas de la colonia. Incluso cuando la reina recibe alimento parcialmente filtrado, la contaminación puede llegar a ella si la presión química se mantiene.

Ese punto es clave para sistemas agrícolas que dependen de la polinización. Las abejas melíferas contribuyen a la producción de una parte importante de los cultivos alimentarios del mundo, y la salud de la reina condiciona la estabilidad del servicio de polinización. Por eso, las zonas de amortiguamiento para polinizadores y otras prácticas preventivas deben evaluarse pensando no solo en la abeja expuesta en campo, sino también en lo que ocurre después dentro de la colmena.

Una señal de alerta para la salud de las colonias

El hallazgo no significa que todas las colonias expuestas a pesticidas colapsarán, ni que una exposición puntual produzca el mismo efecto que una carga crónica. Lo que sí muestra es que la contaminación puede desplazarse dentro de la organización social de la colmena y alcanzar estructuras reproductivas críticas.

La reina puede sobrevivir descargando parte del tóxico en los huevos, pero esa estrategia tiene un costo potencial para la descendencia. En un insecto social como la abeja melífera, donde la colonia depende de la continuidad reproductiva de una sola reina, ese costo puede amplificarse con el tiempo.

El estudio aporta una pieza nueva para comprender cómo los pesticidas pueden acumularse en las colmenas después de la exposición inicial. También refuerza la importancia de reducir la presión química durante periodos sensibles, proteger áreas de alimentación y revisar las estrategias de manejo agrícola que conviven con apiarios y polinizadores.

Fuente(s) referenciales

scinexx: “Bienenköniginnen entsorgen Pestizide über ihre Eier, um zu überleben”.



Mundo Agropecuario
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