Un estudio de UC Davis revela que la exposición crónica a pesticidas puede superar la protección de las obreras y trasladar la carga química a la descendencia
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Las abejas obreras son la primera línea de defensa frente a la contaminación dentro de las colonias de abejas melíferas, pero una nueva investigación muestra que la reina también puede activar su propio mecanismo de supervivencia. Cuando enfrenta una exposición crónica a pesticidas, la reina absorbe parte de esa contaminación y la transfiere a sus huevos, un proceso que los investigadores denominan descarga materna.
El estudio, liderado por la Universidad de California en Davis y publicado en la revista Current Biology, documenta por primera vez en abejas melíferas hasta qué punto una reina puede desplazar la carga química hacia su descendencia. El hallazgo plantea una preocupación importante para la apicultura, la agricultura y la gestión integrada de plagas, porque muestra que los residuos de pesticidas pueden permanecer dentro de la colonia aun después de la exposición inicial.
Una defensa que protege a la reina, pero expone a la cría
Sascha Nicklisch, autor sénior del trabajo y profesor asociado del Departamento de Toxicología Ambiental de UC Davis, explicó que la reina descarga esos compuestos en sus huevos para reducir su propia carga tóxica. Este mecanismo puede favorecer la supervivencia de la reina, pero aumenta la presencia de pesticidas en la descendencia en desarrollo.
La investigación aporta una mirada nueva sobre el efecto de los agroquímicos en las colmenas. Hasta ahora, muchos estudios toxicológicos se habían concentrado principalmente en las obreras, que recolectan alimento, procesan recursos y cuidan a la reina y a las larvas. Sin embargo, el nuevo trabajo analizó también la acumulación de compuestos en la reina, sus ovarios, los huevos y la cera de la colmena.
La exposición de las abejas a pesticidas es un tema recurrente para la producción agrícola, especialmente por el papel de estos insectos en la polinización. Estudios previos ya han advertido sobre el impacto de los pesticidas en las abejas y sobre sus efectos letales y subletales en distintas especies de polinizadores.
Cuando la protección de las obreras se satura
Durante mucho tiempo se pensó que la reina quedaba protegida por las obreras, que filtran contaminantes presentes en el alimento antes de suministrarlo. Pero Angela Encerrado-Manriquez, autora principal del artículo y reciente doctora por UC Davis, señaló que esa protección tiene límites. En el experimento, los pesticidas comenzaron a acumularse en las reinas con el paso del tiempo, lo que indica que la capacidad de filtración de las obreras puede verse superada.
Para estudiar el proceso, los investigadores crearon “nanocolonias” que reproducían funciones internas de una colmena. Cada unidad contenía una reina y 60 obreras. Las abejas recibieron polen, agua y alimento contaminado con metil paratión, un pesticida marcado con una señal radiactiva de bajo nivel para poder seguir su recorrido dentro del sistema.
El primer día, las obreras lograron filtrar el 95% del pesticida y depositarlo en el panal. Para el día 10, esa capacidad había descendido al 86%. Ese cambio mostró que la defensa social de la colonia puede reducir la entrada de contaminantes al cuerpo de la reina, pero no eliminar completamente el riesgo cuando la exposición se mantiene en el tiempo.
Una tecnología capaz de rastrear contaminantes mínimos
El estudio fue realizado junto con el Lawrence Livermore National Laboratory y el Servicio de Investigación Agrícola del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. La colaboración permitió combinar experiencia en biología de abejas, diseño experimental y medición precisa de trazadores químicos.
Bruce Buchholz, científico del Lawrence Livermore National Laboratory y coautor del trabajo, indicó que la espectrometría biológica con aceleradores permitió rastrear niveles muy bajos del pesticida. Las concentraciones utilizadas no fueron letales y correspondían a niveles ambientalmente relevantes observados en la naturaleza.
Esta precisión permitió observar cómo la contaminación se distribuye dentro de la colonia y cómo puede llegar a los huevos. El resultado amplía la comprensión de los efectos acumulativos de los pesticidas, un fenómeno que también ha sido abordado en investigaciones sobre cómo los agroquímicos pueden afectar a generaciones de abejas.
Riesgos para la colonia y para la producción agrícola
Nicklisch advirtió que, si los pesticidas se acumulan hasta el punto de cargar excesivamente los huevos, podría alcanzarse un umbral crítico en el desarrollo de la cría. Ese efecto lento y progresivo de acumulación química podría contribuir a un colapso retardado de la colonia.
Las reinas de abejas melíferas pueden poner entre 1.500 y 2.000 huevos por día para sostener sus colmenas. Su función reproductiva es central: de ella depende la siguiente generación de obreras. Por eso, comprender cómo los pesticidas afectan a la reina y a su descendencia resulta clave para la sanidad apícola y para los sistemas agrícolas que dependen de la polinización.
Las abejas melíferas participan en la polinización de cerca de un tercio de los cultivos alimentarios del mundo. La pérdida de colonias reduce la productividad agrícola y afecta la seguridad alimentaria, especialmente en cultivos que dependen de insectos polinizadores. Esa relación entre colmenas, producción y rendimiento agrícola también ha sido analizada en estudios sobre colmenas y polinizadores.
Implicaciones para apicultores y manejo de plagas
Los autores sostienen que los resultados deben ser considerados por apicultores, productores y planificadores de manejo integrado de plagas. La exposición durante períodos de pecoreo o de expansión de colonias puede tener efectos que no se limitan a las obreras adultas, sino que alcanzan a la reina, los huevos y la cría en desarrollo.
El trabajo no determina todavía cuánto tiempo puede una reina transferir contaminación a sus huevos, cuáles son los efectos de largo plazo sobre la colonia o si el proceso cambia según el tipo de pesticida. Esas preguntas quedaron abiertas para futuras investigaciones.
La evidencia muestra que la salud de una colmena no depende solo de reducir la mortalidad inmediata de las abejas expuestas. También importa comprender cómo los residuos químicos circulan dentro del sistema social de la colonia, cómo se almacenan en la cera y cómo llegan a la descendencia. En ese contexto, otros trabajos han evaluado incluso métodos para proteger a las abejas de pesticidas y estrategias de mitigación, incluido el desarrollo de herramientas frente a pesticidas mortales.
La investigación de UC Davis sitúa a la reina en el centro del análisis toxicológico de la colmena. Si la protección de las obreras se satura y la reina desplaza parte de la contaminación hacia sus huevos, la exposición crónica a pesticidas puede afectar no solo a las abejas presentes, sino también a la generación que debería sostener el futuro de la colonia.
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