Ácaros de la roya amenazan tomates


Investigadores en Alemania prueban ácaros depredadores y barreras físicas para frenar una plaga difícil de detectar en tomateras.


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz

Las tomateras pueden mostrar tallos marrones, hojas secas y frutos dañados cuando el problema ya está muy avanzado. Ese es uno de los riesgos del ácaro de la roya del tomate, una plaga diminuta que en Alemania ha obligado a especialistas del Landwirtschaftliches Technologiezentrum Augustenberg, en Karlsruhe, a estudiar nuevas formas de control para huertos, invernaderos y producción ecológica.

El organismo identificado es Aculops lycopersici, una especie que en estado adulto mide apenas 0,16 milímetros. Su tamaño hace que resulte casi imposible detectarla a simple vista, e incluso una lupa simple puede no ser suficiente. Lukas Bächlin, del LTZ Augustenberg, explica que cuando los síntomas se hacen evidentes, muchas veces la infestación ya está demasiado avanzada.

Una plaga pequeña con multiplicación rápida

El ácaro de la roya no afecta únicamente al tomate. También puede alimentarse de otras solanáceas, como papa y berenjena, además de plantas ornamentales como la trompeta de ángel. Esa amplitud de hospedantes facilita su permanencia en distintos ambientes de cultivo y complica la prevención cuando hay plantas sensibles cerca.

Su capacidad de multiplicación es uno de los datos más preocupantes. En condiciones favorables, 100 ácaros pueden convertirse en hasta 50.000 en un plazo de cuatro semanas. Aunque tienen solo dos pares de patas funcionales, pueden desplazarse por la planta y también dispersarse por el viento, por plantines contaminados o incluso por la ropa de las personas que manipulan los cultivos.

Este tipo de amenaza confirma la importancia del monitoreo regular de las plagas del tomate, especialmente cuando se trabaja con cultivos en invernadero, huertos intensivos o espacios donde las plantas se mantienen durante varios ciclos.

Síntomas visibles cuando el daño ya avanzó

Los primeros daños suelen aparecer en pecíolos y tallos. Los ácaros succionan los tejidos y, poco después, las zonas afectadas adquieren una coloración marrón. En infestaciones fuertes, las hojas pueden tomar tonos bronceados o rojizos, secarse completamente y comprometer el funcionamiento general de la planta.

Los frutos inmaduros también pueden mostrar daños. Pueden volverse marrones, endurecerse o presentar zonas acorchadas. En ataques severos, la planta completa puede morir. En el caso de frutos de plantas con daños leves, Lukas Bächlin señala que pueden consumirse, pero en la práctica comercial los tomates con síntomas visibles dejan de ser aptos para la venta.

El problema se agrava en ambientes cálidos y secos, condiciones que favorecen a la plaga. En Alemania, las infestaciones aparecían antes de manera ocasional, pero desde 1999 se registran repetidamente en cultivos bajo invernadero en Baden-Württemberg, en algunos casos con amenaza para todo el cultivo. Desde 2018 también se han detectado en producción al aire libre.

Por qué el control resulta difícil

La dificultad principal es actuar antes de que la plaga sea visible. En producción ecológica, el desafío es mayor porque no siempre hay herramientas eficaces disponibles. Bächlin remarca que, junto con la polilla minadora del tomate, el ácaro de la roya se considera uno de los principales organismos animales dañinos para el cultivo de tomate.

Existen productos fitosanitarios contra esta plaga, pero en agricultura ecológica las opciones efectivas son limitadas. Una alternativa es el uso de ácaros depredadores, que se alimentan de los ácaros dañinos. Sin embargo, muchos de esos enemigos naturales prefieren ambientes más húmedos, mientras que el ácaro de la roya prospera en condiciones más secas.

También hay una dificultad física: algunos ácaros depredadores son más grandes y tienen problemas para moverse entre los pelos de las tomateras. Esta limitación se relaciona con otros estudios sobre compatibilidad entre plantas de tomate y enemigos naturales, donde la estructura de la planta puede influir en la eficacia del control biológico.

Raubmilben y barreras contra la plaga

Entre 2022 y 2025, el proyecto Kretschab buscó alternativas de manejo. El trabajo se centró en dos especies de ácaros depredadores que hasta ahora habían recibido poca atención. Estas especies aparecen de forma natural en Alemania, pueden ingresar en invernaderos infestados y toleran mejor el aire seco que otros enemigos naturales.

Además, al ser más pequeñas, tendrían menos dificultades para desplazarse entre los pelos de la tomatera. Los especialistas consideran que estas dos especies son prometedoras. Una de las estrategias evaluadas consiste en establecerlas previamente en el cultivo mediante pólenes especiales, de modo que estén presentes antes de que la plaga alcance niveles difíciles de controlar.

El proyecto también estudió barreras físicas aplicadas sobre las plantas, como adhesivos entomológicos o medios con componentes oleosos. La lógica es sencilla: como los ácaros suelen avanzar de abajo hacia arriba, una barrera colocada estratégicamente puede frenar su desplazamiento por la tomatera.

Investigación con participación institucional

El proyecto fue financiado por el Ministerio Federal de Agricultura de Alemania. Además del LTZ Augustenberg y Demeter, participaron el Julius Kühn-Institut, instituto federal alemán de investigación en plantas cultivadas; la asociación Bioland; la organización de asesoramiento NüPa GmbH, de Karlsruhe; la Staatliche Lehr- und Versuchsanstalt für Gartenbau de Heidelberg; y el Sächsisches Landesamt für Umwelt, Landwirtschaft und Geologie.

También hubo intercambio con un proyecto similar en Renania del Norte-Westfalia. Esta cooperación muestra que el manejo de la plaga no se limita a una recomendación puntual para jardineros, sino que forma parte de una búsqueda más amplia de herramientas aplicables a cultivos protegidos y producción sostenible.

El interés por estas estrategias encaja con el avance del control biológico de plagas del tomate en invernadero, un campo donde los productores intentan reducir la dependencia de tratamientos químicos sin perder capacidad de respuesta frente a organismos dañinos.

Qué pueden hacer los productores y jardineros

Cuando solo hay plantas individuales afectadas, Nikola Lenz, asesora de la asociación Demeter, recomienda retirarlas. Para evitar que los ácaros se dispersen durante la eliminación, las plantas deben embolsarse en el mismo lugar antes de sacarlas del cultivo.

El azufre utilizado contra el oídio puede tener un efecto secundario sobre los ácaros, pero no actúa solo sobre los dañinos: también puede perjudicar organismos útiles. Además, requiere varias aplicaciones. Por eso, la prevención, la vigilancia y el control temprano siguen siendo más importantes que esperar a que los síntomas sean evidentes.

El LTZ y la LVG Heidelberg también investigan el papel de la variedad de tomate. Algunas parecen sufrir ataques más intensos que otras. Bächlin plantea la sospecha de que el contenido de azúcar podría influir: si es más alto, las plantas podrían ser más atractivas para la plaga. Esa línea de investigación aún requiere más trabajo antes de convertirse en una recomendación práctica.

Para quienes cultivan tomates en huertos o invernaderos, la señal principal es clara: tallos marrones, hojas bronceadas o secas y frutos inmaduros dañados no deben ignorarse. La combinación de observación temprana, eliminación de plantas muy afectadas, uso responsable de enemigos naturales y barreras físicas podría ofrecer nuevas herramientas frente a una plaga que, por su tamaño y velocidad de reproducción, suele actuar antes de ser vista.

Fuente(s) referenciales

Weather.com – Tomaten in Gefahr: Wie Rostmilben bekämpft werden sollen