Agricultura indoor no siempre reduce carbono


Un estudio liderado por McGill muestra que la lechuga cultivada bajo techo solo iguala a la convencional cuando usa electricidad baja en carbono


Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.

La agricultura urbana bajo techo no siempre es una opción baja en carbono. Un estudio liderado por la Universidad McGill concluye que cultivar lechuga en sistemas interiores dentro de ciudades canadienses puede igualar la huella climática de la agricultura convencional, pero solo en regiones donde la electricidad procede de fuentes renovables o de baja emisión.

La investigación, publicada en Agronomy for Sustainable Development, fue realizada por Estefany Cabanillas, Benjamin Goldstein y Mark Lefsrud. El equipo comparó la agricultura urbana de ambiente controlado con la producción convencional de lechuga en Canadá, tomando en cuenta energía, agua, rendimiento, transporte y mezcla eléctrica regional.

El resultado central matiza una idea muy extendida: producir alimentos cerca del consumidor no significa automáticamente producir con menos emisiones. En estos sistemas, el origen de la electricidad puede pesar más que la distancia recorrida por los alimentos.

La conclusión es relevante para el debate sobre agricultura vertical, hidroponía y producción urbana, tecnologías que prometen ahorrar tierra y agua, pero que también pueden consumir grandes cantidades de energía para iluminación, ventilación, refrigeración y control climático.

El origen de la electricidad cambia el resultado

El estudio encontró que la lechuga producida en interiores puede tener una huella de carbono similar a la lechuga convencional cultivada y transportada desde California cuando el sistema funciona con energía limpia. Ese fue el caso de Quebec, donde gran parte de la electricidad procede de hidroelectricidad.

En Quebec, la producción bajo techo logró resultados comparables a las cadenas convencionales, incluso durante el verano, cuando la lechuga también puede cultivarse localmente al aire libre. Esto muestra que la agricultura indoor no está condenada a ser intensiva en carbono, pero depende de condiciones energéticas específicas.

El panorama cambia en provincias con redes eléctricas más dependientes de combustibles fósiles, como Alberta. Allí, el mismo sistema puede generar impactos climáticos mucho mayores porque la electricidad necesaria para luces y climatización proviene de fuentes más intensivas en carbono.

La autora principal, Estefany Cabanillas, explicó que el supuesto de que “alimento local” equivale a “alimento bajo en carbono” no siempre se sostiene. En agricultura urbana de ambiente controlado, el factor decisivo puede ser de dónde viene la electricidad.

Un año de datos en una granja de Montreal

Para llegar a estas conclusiones, el equipo trabajó con una granja comercial en contenedor ubicada en Montreal. Allí recopiló un año completo de datos operativos, incluidos consumo energético, uso de agua y rendimientos de cultivo.

Después aplicó una evaluación de ciclo de vida para estimar los impactos ambientales de la producción. Luego modeló cómo se comportaría el mismo sistema en las 13 provincias y territorios de Canadá, usando la mezcla eléctrica específica de cada región.

Este enfoque permitió ir más allá de estudios centrados en una sola ubicación. La misma tecnología puede tener resultados muy distintos según el lugar donde se instale, porque la matriz energética regional modifica directamente la huella de carbono del sistema.

La idea también es importante para otros modelos de agricultura de ambiente controlado. Los sistemas agrícolas en entornos controlados pueden combinar invernaderos, hidroponía, granjas verticales y soluciones energéticas, pero su sostenibilidad depende de cómo se diseñen y alimenten.

Menos tierra y agua, pero más energía

La investigación identifica un intercambio claro. Los sistemas interiores pueden usar mucha menos tierra y agua que la agricultura convencional, una ventaja importante en ciudades, regiones con escasez hídrica o zonas donde el suelo agrícola es limitado.

Sin embargo, esa eficiencia en tierra y agua se obtiene a costa de mayor demanda energética. La iluminación artificial, el control de temperatura, la humedad, la circulación de aire y otros componentes técnicos requieren electricidad constante para mantener condiciones óptimas de cultivo.

Por eso, el balance climático depende de si esa energía procede de una red limpia o de una red basada en combustibles fósiles. En el primer caso, la agricultura indoor puede acercarse a la convencional en emisiones. En el segundo, puede superar varias veces su huella climática.

Una herramienta útil, no una solución universal

Los autores no descartan el valor de la agricultura urbana de ambiente controlado. Al contrario, reconocen que puede aportar beneficios importantes en seguridad alimentaria, especialmente en regiones remotas o con cadenas de suministro frágiles.

En comunidades del norte de Canadá, donde los productos frescos son limitados y deben viajar largas distancias, estos sistemas pueden mejorar el acceso a alimentos como la lechuga durante todo el año. En esos casos, el beneficio no se mide solo por carbono, sino también por disponibilidad, frescura, resiliencia y autonomía alimentaria.

La producción bajo techo también puede reducir la dependencia de suelos agrícolas y agua dulce, dos recursos cada vez más presionados por el cambio climático. No obstante, el estudio advierte que esas ventajas no deben presentarse como garantía automática de sostenibilidad climática.

En proyectos urbanos, el aprovechamiento de techos, edificios e infraestructura existente puede aportar oportunidades adicionales, como ocurre con iniciativas de agricultura urbana en tejados, siempre que el diseño energético y operativo sea coherente con el objetivo ambiental.

Lo que deben mirar productores e inversionistas

Para productores, empresas e inversionistas, el estudio ofrece una advertencia práctica: no basta con instalar una granja vertical o un contenedor de cultivo en una ciudad para obtener un resultado bajo en carbono. Hay que evaluar electricidad, eficiencia de equipos, rendimiento por metro cuadrado, uso de agua, clima local y comparación con la cadena convencional que se busca reemplazar.

Una granja indoor ubicada en una red eléctrica limpia puede tener un balance ambiental distinto a otra idéntica instalada en una región con electricidad fósil. Del mismo modo, un sistema con baja productividad o equipos ineficientes puede perder parte de sus ventajas aunque se encuentre cerca del consumidor.

La comparación con la agricultura convencional debe hacerse caso por caso. La lechuga transportada desde California puede tener emisiones asociadas al transporte, pero también se produce con luz solar. La lechuga indoor evita parte de la distancia, pero sustituye la radiación solar por iluminación artificial y control climático.

Energía renovable como condición clave

El estudio de McGill no niega el potencial de la agricultura urbana, pero lo condiciona. Para que estos sistemas sean climáticamente competitivos, necesitan electricidad baja en carbono, eficiencia energética y una justificación productiva clara.

Esto abre una línea de trabajo para integrar granjas urbanas con energías renovables, recuperación de calor, edificios eficientes y modelos de producción ajustados a cultivos adecuados. No todos los alimentos tienen el mismo rendimiento ni las mismas necesidades de luz y clima, por lo que la selección del cultivo también influye en el resultado.

En el futuro, la agricultura indoor podría ser más atractiva para productos de alto valor, cultivos delicados, producción en regiones remotas o entornos donde el agua y la tierra sean limitantes. Pero si se presenta como solución climática general, el estudio muestra que la fuente energética debe estar en el centro del análisis.

La lección para el sector agropecuario es clara: la innovación no debe evaluarse solo por su apariencia tecnológica. La sostenibilidad real depende de datos medibles, energía disponible, eficiencia y contexto territorial. La agricultura urbana bajo techo puede formar parte del futuro alimentario, pero no será automáticamente baja en carbono por el simple hecho de estar cerca de la ciudad.

Fuente(s) referenciales

Phys.org: Indoor urban agriculture isn’t necessarily low carbon, study shows