Un análisis de unos 14.000 campos del condado de Kern encontró efectos opuestos en explotaciones orgánicas y convencionales según la distribución de las parcelas vecinas
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
La ubicación de los campos orgánicos dentro de un paisaje agrícola puede influir en el uso de pesticidas de las explotaciones vecinas, según una investigación realizada en el condado de Kern, California. El estudio encontró que las parcelas orgánicas rodeadas por una mayor superficie bajo el mismo sistema tendían a utilizar menos productos para controlar plagas, mientras que los campos convencionales próximos a cultivos orgánicos registraban un aumento pequeño pero significativo de las aplicaciones.
El trabajo fue desarrollado por Ashley E. Larsen, de la Universidad de California en Santa Bárbara; Frederik Noack, de la Universidad de Columbia Británica; y L. Claire Powers, vinculada durante la investigación con la Escuela Bren de Ciencia y Gestión Ambiental. Los resultados fueron publicados el 21 de marzo de 2024 en la revista Science.
Los autores analizaron aproximadamente 14.000 campos por año durante el periodo comprendido entre 2013 y 2019. Para ello combinaron mapas digitales de parcelas, información sobre los cultivos, registros detallados de aplicaciones de pesticidas y datos que permitían distinguir la producción orgánica de la convencional.
Plagas y organismos beneficiosos atraviesan las parcelas
Las evaluaciones ambientales de la agricultura orgánica suelen concentrarse en lo que ocurre dentro de cada explotación. Sin embargo, los límites administrativos de una parcela no detienen el movimiento de insectos, aves, arañas, escarabajos depredadores y otros organismos que intervienen en la regulación de las plagas.
Los investigadores estudiaron estos desplazamientos como posibles efectos indirectos o de propagación entre campos. Una parcela orgánica puede ofrecer refugio y alimento a enemigos naturales de las plagas, pero también puede albergar insectos perjudiciales capaces de trasladarse a cultivos cercanos.
Esta movilidad genera resultados diferentes según el sistema productivo del campo receptor. Los agricultores orgánicos pueden beneficiarse de una mayor presencia de depredadores naturales procedentes de otras parcelas gestionadas con prácticas similares. En los terrenos convencionales próximos, en cambio, la llegada de insectos desde campos orgánicos podría impulsar aplicaciones adicionales.
Los autores subrayan que su base de datos no permitió identificar directamente qué organismos se desplazaron ni demostrar el mecanismo biológico responsable. La relación observada podría estar asociada con la circulación de plagas y enemigos naturales, pero esta explicación deberá comprobarse mediante estudios ecológicos de campo.
Kern ofreció siete años de datos agrícolas detallados
El condado de Kern fue seleccionado por la disponibilidad poco habitual de registros espaciales y productivos. Esta región de California cultiva productos de alto valor, entre ellos uvas, cítricos, tomates, papas y sandías, y dispone de información anual que puede relacionarse con reportes de uso de pesticidas e identificadores de productores orgánicos.
Los datos permitieron observar no solo cuánto se aplicaba dentro de cada campo, sino también qué tipo de agricultura ocupaba las parcelas circundantes. Esa dimensión espacial resulta importante porque dos explotaciones con el mismo cultivo y sistema de producción pueden experimentar presiones distintas dependiendo de sus vecinos.
El efecto detectado se concentró principalmente en los insecticidas. Esto resulta coherente con una posible influencia del movimiento de insectos, aunque el análisis estadístico por sí solo no permite concluir que las plagas originadas en terrenos orgánicos causaron directamente las aplicaciones adicionales en campos convencionales.
La investigación tampoco significa que la producción orgánica sea libre de pesticidas. Las normas de certificación permiten determinados productos biológicos, botánicos, minerales y algunas sustancias autorizadas. La diferencia reside en las restricciones sobre los compuestos disponibles y en una mayor dependencia de estrategias preventivas o de control natural.
La concentración de parcelas podría reducir aplicaciones
Los resultados sugieren que agrupar campos orgánicos puede concentrar los beneficios del control natural y reducir la exposición de las parcelas convencionales a los efectos indirectos asociados con su proximidad. Cuando aumenta la proporción de agricultura orgánica contigua, el efecto favorable entre campos gestionados bajo este sistema adquiere mayor importancia.
La separación espacial también podría disminuir los costos que enfrentan agricultores convencionales próximos a pequeñas parcelas orgánicas aisladas. Los investigadores sostienen que organizar campos orgánicos junto a otros orgánicos y convencionales junto a convencionales ofrece una posible vía para reducir el uso total de pesticidas.
Esta propuesta no equivale a una recomendación para imponer automáticamente restricciones territoriales. La reorganización de un paisaje agrícola depende de la propiedad de la tierra, contratos de arrendamiento, disponibilidad de parcelas, mercados, cultivos establecidos y decisiones independientes de numerosos productores.
También sería necesario evaluar distancias adecuadas y características del entorno. Setos, canales, caminos, franjas de vegetación, dirección del viento y diversidad de cultivos pueden modificar el desplazamiento de organismos. Los problemas de vecindad no se limitan a insectos: la deriva de herbicidas hacia cultivos sensibles demuestra que las decisiones tomadas en una finca pueden generar consecuencias productivas fuera de sus límites.
El paisaje completo influye en el control de plagas
El hallazgo refuerza la necesidad de planificar el manejo sanitario más allá de cada campo individual. Los insectos beneficiosos requieren recursos y refugios distribuidos en el territorio, mientras que las plagas pueden utilizar diferentes cultivos como alimento, hospedador o lugar de reproducción durante una campaña.
Las áreas de vegetación seminatural pueden contribuir al control biológico, pero su funcionamiento depende de las prácticas desarrolladas alrededor. Incluso las zonas de amortiguamiento destinadas a proteger polinizadores pueden recibir residuos cuando las aplicaciones y las condiciones del lugar no limitan suficientemente la deriva.
Esta interacción entre parcelas plantea un desafío para el manejo integrado de plagas. Las decisiones individuales siguen siendo fundamentales, pero sus resultados pueden mejorar cuando productores vecinos coordinan calendarios de aplicación, monitoreo de insectos, conservación de enemigos naturales y medidas preventivas.
La coordinación permitiría responder a evidencias reales de presencia o daño, en lugar de aumentar tratamientos únicamente por percepción de riesgo. No obstante, para desarrollar programas de este tipo sería necesario identificar las plagas involucradas, sus rutas de movimiento y la respuesta de cada cultivo.
Los resultados no deben generalizarse sin estudios regionales
La investigación se concentró en una región agrícola concreta y utilizó registros correspondientes a siete años. Kern posee una combinación particular de cultivos de alto valor, condiciones climáticas, estructura parcelaria y normas de reporte que no necesariamente representa a otras zonas de Estados Unidos o del mundo.
Además, el estudio examinó el uso de pesticidas como uno de los indicadores ambientales. No realizó una evaluación integral de rendimientos, costos, toxicidad específica, biodiversidad o huella territorial de cada sistema productivo. Una reducción en la cantidad aplicada tampoco describe por sí sola el riesgo, pues los ingredientes activos difieren en persistencia, movilidad y efectos sobre organismos no objetivo.
La contaminación también puede desplazarse mucho más allá de la parcela tratada. Investigaciones realizadas en Alemania han documentado la presencia de pesticidas a escala del paisaje en la región del Alto Rin, incluidos suelos, vegetación y lugares alejados de las superficies directamente pulverizadas.
Los autores del trabajo de California consideran necesario ampliar el análisis a otras regiones y acompañar los registros agrícolas con observaciones directas de plagas y organismos beneficiosos. Esa combinación permitiría determinar por qué los campos convencionales próximos a parcelas orgánicas elevan sus aplicaciones y en qué condiciones el agrupamiento territorial reduce realmente la presión química.
La planificación agrícola debe incorporar a los vecinos
El estudio aporta una advertencia para las políticas que buscan expandir la agricultura orgánica: evaluar exclusivamente los beneficios dentro de cada campo puede ofrecer una imagen incompleta. La distribución de las parcelas influye en el movimiento de organismos, las decisiones sanitarias y el resultado ambiental conjunto.
Para los productores, la información destaca el valor de conocer el manejo de las fincas próximas y mantener canales de coordinación. El monitoreo compartido, la identificación temprana de focos, la protección de depredadores naturales y la planificación de las aplicaciones podrían reducir tratamientos innecesarios y conflictos entre explotaciones.
La concentración de campos orgánicos aparece como una estrategia potencial, no como una solución probada para todos los territorios. Su aplicación requerirá estudios locales, participación de los agricultores y análisis de costos que consideren simultáneamente productividad, sanidad vegetal y protección ambiental.
Fuentes referenciales:
Science
Universidad de California en Santa Bárbara
PubMed

