Un estudio liderado por la Universidad de Göttingen analiza sistemas agrícolas patrimoniales reconocidos por la FAO y muestra cómo combinan producción, biodiversidad y cultura rural
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz
La agricultura tradicional puede ofrecer respuestas prácticas a uno de los grandes desafíos del campo actual: producir alimentos sin romper el vínculo con la naturaleza ni borrar las culturas rurales que sostienen esos paisajes. Esa es la idea central de una investigación liderada por la Universidad de Göttingen, en Alemania, que analizó los Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial, conocidos internacionalmente como GIAHS y reconocidos por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
El trabajo, publicado en la revista Ecology and Society, examinó cómo estos paisajes agrícolas permiten mantener la producción de alimentos, conservar biodiversidad y preservar prácticas culturales transmitidas durante generaciones. El estudio fue encabezado por Maria Chiara Camporese, investigadora doctoral de la Universidad de Göttingen, junto con otros autores.
Los sistemas patrimoniales analizados no representan una agricultura detenida en el pasado. Al contrario, muestran formas de manejo territorial que combinan experiencia local, adaptación ambiental y actividad productiva. En ese sentido, se relacionan con debates actuales sobre agricultura y biodiversidad, especialmente cuando el manejo humano del paisaje puede contribuir a conservar ecosistemas en lugar de degradarlos.
Qué son los sistemas agrícolas patrimoniales
Los Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial son paisajes reconocidos por la FAO por su valor agrícola, ecológico y cultural. En ellos, la producción de alimentos se mantiene vinculada a prácticas locales, conocimientos tradicionales, diversidad biológica y formas de vida rurales.
La investigación incluyó ejemplos de distintas regiones del mundo: terrazas de arroz en Filipinas, sistemas pastoriles tradicionales, cultivos de centeno y papa en zonas montañosas de Portugal, agricultura de oasis con palmeras datileras mantenidas mediante sistemas tradicionales de riego y paisajes agrícolas mixtos.
En Europa, uno de los ejemplos destacados es la producción tradicional de leche de heno en los Alpes austríacos. Allí, las vacas pastan en praderas establecidas desde hace mucho tiempo, lo que permite sostener la producción láctea y, al mismo tiempo, mantener praderas ricas en especies.
Producción, biodiversidad y cultura no tienen que competir
Maria Chiara Camporese señaló que el análisis de estos sistemas muestra que la producción de alimentos y la conservación de la naturaleza no tienen por qué estar enfrentadas. La investigación destaca que los paisajes agrícolas tradicionales pueden ofrecer ejemplos concretos de uso sostenible de la tierra, protección del patrimonio cultural y apoyo a los medios de vida locales.
Este punto resulta clave porque muchas políticas agrícolas modernas han separado producción y conservación como si fueran objetivos opuestos. Los sistemas patrimoniales muestran otra posibilidad: territorios donde el cultivo, el pastoreo, la gestión del agua y la transmisión cultural forman parte de un mismo equilibrio.
La FAO ya ha reconocido en América Latina experiencias de este tipo, como sistemas agrícolas de México y Brasil incorporados a la red de patrimonio agrícola mundial. Estos casos muestran cómo la protección del patrimonio agrícola puede ayudar a visibilizar territorios donde la producción está ligada a biodiversidad, identidad local y saberes campesinos.
Cuatro formas de mantener vivos estos paisajes
El equipo identificó cuatro vías principales que ayudan a mantener la viabilidad de los sistemas agrícolas patrimoniales. La primera es el desarrollo de productos certificados y mercados locales capaces de reconocer el valor diferenciado de estos alimentos.
La segunda es la producción de alimentos básicos mediante cadenas cortas, donde la relación entre productores, territorios y consumidores se mantiene más cercana. La tercera es la exportación de productos especiales de alta calidad, capaces de generar ingresos sin perder su conexión con el paisaje de origen.
La cuarta vía es el énfasis en los valores culturales y en la adaptación al cambio climático. Este punto es especialmente importante porque muchos sistemas tradicionales han evolucionado precisamente para responder a condiciones ambientales difíciles, como zonas de montaña, oasis, pastizales o territorios con recursos hídricos limitados.
Presiones que amenazan a la agricultura tradicional
Aunque estos sistemas ofrecen lecciones valiosas, también enfrentan presiones crecientes. El estudio menciona el cambio climático, los cambios en los mercados, la despoblación rural, el envejecimiento de las poblaciones agrícolas y el abandono de usos tradicionales de la tierra.
Cuando una comunidad rural pierde población o cuando las nuevas generaciones abandonan el trabajo agrícola, también se debilitan los conocimientos que mantienen vivos esos paisajes. Este problema se conecta con la situación de muchas explotaciones agrícolas familiares, cuyo futuro depende tanto de la rentabilidad como del relevo generacional.
Los investigadores advierten que no existe una solución única para preservar los sistemas agrícolas patrimoniales. Cada región necesita estrategias adaptadas a su paisaje, a sus comunidades y a sus prácticas productivas. Lo que funciona en un oasis no necesariamente sirve para una zona montañosa, una pradera alpina o un sistema de terrazas arroceras.
El valor de reconocer y proteger estos territorios
El reconocimiento internacional puede hacer más visibles estos territorios y apoyar los esfuerzos para proteger tanto las tradiciones culturales como los paisajes agrícolas. Sin embargo, ese reconocimiento debe acompañarse de políticas, mercados y estrategias locales que permitan a las comunidades seguir viviendo de esas actividades.
El estudio muestra que los sistemas GIAHS no deben verse solo como patrimonio cultural o turístico. Su valor también está en su capacidad para producir alimentos, sostener biodiversidad agrícola y conservar prácticas que han permitido manejar territorios complejos durante generaciones.
En esa línea, experiencias relacionadas con la agrobiodiversidad y el patrimonio agrícola refuerzan la importancia de proteger semillas, cultivos, prácticas y conocimientos locales dentro de una visión más amplia de seguridad alimentaria.
Lecciones para el uso sostenible de la tierra
La investigación liderada por la Universidad de Göttingen plantea que estos paisajes pueden servir como ejemplos para diseñar usos de la tierra más integrados. No se trata de copiar un modelo global, sino de aprender de sistemas que han logrado combinar producción, conservación y cultura en contextos específicos.
En un escenario de cambio climático, pérdida de biodiversidad y transformación acelerada de los mercados agrícolas, los sistemas patrimoniales ofrecen una advertencia y una oportunidad. La advertencia es que estos paisajes pueden desaparecer si no se sostienen las comunidades que los mantienen. La oportunidad es que su experiencia puede ayudar a pensar una agricultura más adaptada al territorio.
El desafío consiste en proteger estos sistemas sin convertirlos en piezas de museo. Su fuerza está precisamente en que siguen produciendo alimentos, sosteniendo paisajes vivos y transmitiendo cultura agrícola. Cuando se reconocen sus particularidades, pueden ayudar a conectar producción alimentaria sostenible, conservación de la biodiversidad y patrimonio rural.
Fuente(s) referenciales
Phys.org: Traditional farming supports food, nature and cultural identity


