Agricultura

Argentina: Agricultura vertical triplica el rendimiento en Mendoza

Publicado el 16/08/2026 · REDACCION

Ensayos del INTA alcanzaron 14,5 kilos por metro cuadrado y redujeron hasta 65 % el consumo de agua frente al cultivo tecnificado en suelo


Redactor: Luis Ortega
Editor: Camila Herrera R.

Ensayos realizados por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en Mendoza, Argentina, demostraron que la agricultura vertical puede elevar más de 300 % el rendimiento por superficie horizontal y disminuir hasta 65 % el uso de agua frente a un cultivo tecnificado en suelo bajo invernadero. La investigación analiza cómo producir alimentos de manera intensiva mediante el control de la iluminación, el ambiente, el riego y la nutrición.

Los sistemas evaluados alcanzaron rendimientos de hasta 14,5 kilogramos por metro cuadrado de superficie horizontal. El resultado muestra el potencial de distribuir las plantas en varios niveles para aprovechar mejor el espacio disponible, una ventaja relevante en regiones con restricciones de tierra cultivable o recursos hídricos limitados.

El trabajo se desarrolla en el marco de un proyecto regional cofinanciado por FONTAGRO, con participación de organismos científicos de Argentina, Panamá, Costa Rica y Colombia. Su objetivo es generar información que permita evaluar la factibilidad productiva de la agricultura vertical en diferentes condiciones de América Latina y el Caribe.

Más producción en cada metro cuadrado

La agricultura vertical organiza los cultivos en niveles superpuestos dentro de estructuras protegidas o ambientes controlados. El rendimiento se calcula sobre la superficie horizontal ocupada por la instalación, aunque la disposición vertical aumenta el área efectiva destinada a las plantas.

Esta configuración permitió que los ensayos mendocinos superaran en más de 300 % la producción registrada en un sistema tecnificado bajo invernadero y cultivado directamente en suelo. El dato corresponde a las condiciones experimentales evaluadas por el INTA y no implica que cualquier instalación vertical alcance automáticamente el mismo desempeño.

El resultado depende del cultivo, la cantidad de niveles, la densidad de plantas, la iluminación disponible y el manejo de la solución nutritiva. También intervienen la temperatura, la humedad relativa, el diseño del sistema de riego y la capacidad de mantener condiciones uniformes en toda la estructura.

La intensificación por superficie es una de las principales ventajas de este modelo. Otros análisis sobre rendimiento e impacto ambiental de la agricultura vertical destacan que la producción cercana a los consumidores y con menor dependencia del clima puede complementar a los sistemas agrícolas convencionales.

El consumo de agua disminuyó hasta 65 %

Los investigadores registraron una reducción del consumo hídrico de hasta 65 % por superficie respecto de un cultivo en suelo con manejo tecnificado. La diferencia se relaciona con la administración precisa del riego y con la posibilidad de suministrar agua directamente a la zona radicular, reduciendo pérdidas fuera del área aprovechada por las plantas.

Germán Darío Aguado, investigador del INTA Mendoza, explicó que estos sistemas pueden operar con entre 30 % y 40 % del agua requerida por la agricultura tradicional desarrollada en ambientes protegidos y tecnificados. Frente a un cultivo a campo sin cobertura, el consumo podría situarse alrededor de 15 %, aunque la proporción cambia según la especie y el nivel de control aplicado.

La eficiencia hídrica adquiere especial importancia en Mendoza y en el resto de la región de Cuyo, donde la disponibilidad de agua condiciona la producción agrícola. Disminuir el volumen utilizado por kilogramo cosechado puede permitir una oferta más estable, pero exige vigilar la calidad del agua, la concentración de sales y el equilibrio de nutrientes.

La hidroponía es una de las técnicas que pueden integrarse a las estructuras verticales. En estos sistemas, la fertilización hidropónica y la recirculación de soluciones nutritivas facilitan el suministro preciso de macro y micronutrientes, aunque requieren controlar el pH, la conductividad eléctrica y el estado sanitario del circuito.

La iluminación elevó cerca de 60 % el rendimiento

Los ensayos del INTA también estudiaron la respuesta de las plantas a cambios en la intensidad de la iluminación. Dentro de un mismo sistema, el aumento de la luz estuvo asociado con incrementos de rendimiento cercanos a 60 %.

La tecnología LED permite regular tanto la intensidad como el espectro luminoso. De esta manera, los productores pueden adaptar la luz a las necesidades fisiológicas de cada cultivo y a sus diferentes etapas de desarrollo, en lugar de utilizar una configuración uniforme durante todo el ciclo.

El manejo de la luz también puede influir en la composición de los alimentos. Al combinar iluminación, temperatura, humedad, nutrición y riego, los investigadores buscan obtener productos diferenciados por su calidad, características nutricionales o regularidad, siempre que esas propiedades sean verificadas para cada especie y protocolo productivo.

El control ambiental proporciona mayor previsibilidad frente a heladas, granizo, sequías o variaciones bruscas de temperatura. No elimina todos los riesgos: una falla eléctrica, un problema en el fertirriego o una alteración sanitaria puede afectar rápidamente a muchas plantas cuando la producción se encuentra concentrada.

La evolución de la iluminación es uno de los factores que ha permitido ampliar este modelo. El análisis sobre uso de luces LED y ahorro de agua en agricultura vertical muestra que los espectros luminosos pueden ajustarse para modificar el crecimiento y determinadas características de hortalizas, aromáticas y otros cultivos intensivos.

No existe un único modelo de agricultura vertical

Las instalaciones pueden utilizar hidroponía, aeroponía o cultivos en sustratos. Algunas aprovechan iluminación natural complementada con LED, mientras otras funcionan completamente en interiores. La elección tecnológica depende de las condiciones ambientales, el cultivo, el mercado de destino y la inversión disponible.

Las hortalizas de hoja, plantas aromáticas y productos de ciclos relativamente cortos suelen adaptarse mejor a estos sistemas. Su tamaño permite distribuirlas en varios niveles y su valor comercial puede ayudar a compensar los costos asociados con infraestructura, iluminación, climatización y personal especializado.

Las investigaciones no presentan la agricultura vertical como reemplazo general de la producción a campo. Cultivos extensivos que necesitan grandes superficies no responden a la misma lógica económica que las hortalizas frescas de alto valor. La tecnología funciona como una alternativa complementaria para situaciones en las que el espacio, el agua, la estabilidad productiva o la cercanía al mercado justifican una inversión mayor.

La experiencia empresarial internacional también ha evidenciado obstáculos. Un análisis sobre los avances y dificultades económicas de las granjas verticales identifica el costo energético, el financiamiento y la disponibilidad de mano de obra calificada entre los factores que condicionan su rentabilidad.

Una investigación adaptada a América Latina

El trabajo forma parte del proyecto regional PE I004, orientado a estudiar la agricultura vertical en distintos contextos productivos. La participación conjunta de instituciones de varios países permitirá comparar diseños, cultivos y condiciones ambientales, en lugar de trasladar directamente modelos desarrollados para otras regiones.

FONTAGRO articula el proyecto con el INTA de Argentina, el Instituto de Innovación Agropecuaria de Panamá, la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria, el INTA de Costa Rica y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura. La cooperación busca generar conocimientos aplicables a la horticultura regional y fortalecer las capacidades técnicas de investigadores y productores.

Los resultados de Mendoza aportan una referencia cuantitativa: hasta 14,5 kilogramos por metro cuadrado, más de 300 % de aumento productivo frente al sistema comparado y hasta 65 % de reducción del agua utilizada. Su aplicación comercial deberá evaluarse mediante costos de inversión y funcionamiento, precio del producto, disponibilidad energética y capacidad técnica de cada establecimiento.

Para los productores, la adopción requiere analizar el sistema completo y no solamente el rendimiento. Una instalación será viable cuando la mayor producción y el ahorro de recursos compensen la infraestructura, el mantenimiento, la energía y la gestión especializada, además de responder a una demanda concreta del mercado.

Fuentes referenciales:
INTA Informa
FONTAGRO



Mundo Agropecuario
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