Botanica y Genética

Aguacates de Nicaragua revelan una migración de hace 5.000 años

Publicado el 22/07/2026 · REDACCION

El ADN de variedades locales muestra que antiguos pobladores trasladaron semillas desde Sudamérica y ampliaron la diversidad genética del cultivo en Centroamérica


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz

Un análisis genético de aguacates cultivados en Nicaragua ha identificado rastros de una antigua migración humana ocurrida hace aproximadamente 5.000 años. Los resultados indican que grupos que se desplazaban hacia el norte desde Sudamérica transportaron grandes semillas de aguacate y contribuyeron a establecer nuevas poblaciones del fruto en las tierras bajas húmedas de Centroamérica.

La investigación fue encabezada por científicos del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian y de la Universidad Texas A&M. El equipo estudió el ADN de hojas recolectadas en Nicaragua, Honduras y el sur de México, además de entrevistar a agricultores y jardineros para conocer la forma en que conservan, reproducen y utilizan las variedades locales.

El trabajo, publicado el 22 de julio de 2026 en la revista Plants, People, Planet, encontró que numerosos aguacates de las tierras bajas nicaragüenses están genéticamente relacionados con poblaciones situadas más al sur, incluidas variedades presentes en la costa de Colombia. Esta conexión respalda la hipótesis de que las semillas fueron trasladadas por personas que recorrían el continente americano.

Variedades distintas del aguacate comercial

Las semillas procedentes de Sudamérica se dispersaron por las zonas húmedas de Centroamérica y se cruzaron con aguacates nativos. Ese proceso produjo una amplia diversidad de variedades tradicionales, conocidas como variedades locales o criollas, que generan frutos grandes y de piel lisa consumidos actualmente en distintos territorios centroamericanos.

Aunque algunos de estos frutos se parecen a los aguacates cultivados en regiones húmedas como Florida y el Caribe, su composición genética es diferente de la observada en las variedades comerciales más difundidas. El hallazgo amplía el conocimiento sobre la diversidad genética del aguacate y sobre el papel de las comunidades humanas en la distribución histórica del cultivo.

El área natural del aguacatero, Persea americana, se extiende desde México hasta Perú. Las poblaciones humanas de esta región han aprovechado sus frutos durante más de 10.000 años, mientras que la circulación de semillas entre diferentes territorios favoreció cruces, adaptaciones locales y la selección de árboles con características apreciadas por agricultores y consumidores.

Los investigadores consideran que el traslado del aguacate no fue un episodio aislado. El intercambio de semillas y alimentos habría ocurrido repetidamente durante miles de años, en un paisaje estrechamente conectado entre Centroamérica y Sudamérica. La aparición de cultivos sudamericanos como el cacao y ciertas variedades de maíz en el registro arqueológico centroamericano durante el mismo periodo refuerza ese contexto de movilidad e intercambio.

El ADN de 47 variedades locales

Para reconstruir esta historia, el equipo extrajo y analizó ADN de 47 variedades locales de aguacate, de las cuales 32 procedían de Nicaragua. Los perfiles obtenidos fueron comparados con información genética publicada anteriormente sobre más de 200 linajes de aguacate.

Las muestras del sur de México presentaron una relación estrecha con poblaciones ancestrales de las tierras altas mexicanas y con variedades comerciales. En cambio, los aguacates recolectados en las tierras bajas de Nicaragua mostraron vínculos genéticos con poblaciones sudamericanas, una diferencia que permitió reconocer una trayectoria histórica hasta ahora poco documentada.

Kevin Wann, arqueobotánico que dirigió el estudio durante una estancia de investigación en el Smithsonian y actualmente realiza su doctorado en Texas A&M, señaló que la diversidad del aguacate es mucho más amplia de lo que había registrado la ciencia. Esta variabilidad podría aportar recursos útiles para proteger los cultivos comerciales frente a enfermedades y cambios ambientales.

La relevancia agronómica de estas poblaciones se relaciona con el valor de las variedades antiguas y locales como reservorios de características útiles. El aprovechamiento de la variación genética conservada en cultivos puede ayudar a identificar genes asociados con resistencia, adaptación climática y tolerancia a condiciones adversas.

La dependencia mundial de la variedad Hass

En 2024 se produjeron mundialmente más de 11 millones de toneladas métricas de aguacate. Más del 80 % correspondió a la variedad Hass, propagada mediante injertos clonales en los que una rama de un árbol seleccionado se incorpora a otro ejemplar para obtener frutos genéticamente iguales.

Este sistema permite mantener características comerciales uniformes, pero también reduce la diversidad genética de las plantaciones. Como consecuencia, una enfermedad o un cambio significativo en la temperatura o las precipitaciones podría afectar simultáneamente a una gran cantidad de árboles con una respuesta genética semejante.

La vulnerabilidad resulta especialmente relevante ante amenazas sanitarias como el viroide del manchado solar del aguacate y otras enfermedades capaces de reducir la productividad o deteriorar la calidad de los frutos. La incorporación de materiales genéticos distintos puede ampliar las opciones disponibles para programas de conservación y mejoramiento.

Las tierras bajas cálidas y húmedas de Nicaragua y Honduras albergan numerosas variedades locales desarrolladas mediante prácticas agrícolas tradicionales. Durante generaciones, los productores han seleccionado y reproducido árboles adaptados a las condiciones ambientales de cada zona, creando una reserva genética diferente de la que domina los mercados internacionales.

Agricultores preservan árboles adaptados al territorio

Los científicos entrevistaron a agricultores y jardineros rurales de Nicaragua y Honduras para conocer las características de los aguacates locales. Los productores informaron que las variedades de las tierras bajas no habían sufrido pudrición de la raíz, considerada la enfermedad más común entre los aguacates comerciales.

Algunos agricultores nicaragüenses también injertan ramas de variedades comerciales sobre árboles locales, debido a que estos últimos se encuentran mejor adaptados al ambiente. Esta práctica combina las características del fruto destinado al mercado con sistemas radiculares desarrollados bajo las condiciones específicas del territorio.

La necesidad de conocer y conservar los materiales criollos también ha sido destacada en investigaciones orientadas a mejorar la producción del aguacate Hass mediante variedades locales. Los árboles tradicionales pueden contener rasgos relacionados con resistencia a enfermedades, compatibilidad con injertos y adaptación fisiológica.

Logan Kistler, curador de arqueobotánica y arqueogenómica del Smithsonian y autor principal sénior del estudio, destacó que la biodiversidad vegetal no puede analizarse sin considerar la agricultura. Las prácticas desarrolladas por las comunidades rurales han moldeado las plantas cultivadas durante miles de años y continúan influyendo en su diversidad.

Una reserva genética amenazada

Las variedades locales centroamericanas podrían contribuir a proteger la producción comercial ante enfermedades y variaciones climáticas. Los aguacates estudiados están adaptados a ambientes más cálidos y húmedos, por lo que representan una posible fuente de características útiles para el desarrollo de árboles con mayor resiliencia.

Sin embargo, parte de esta diversidad se encuentra en riesgo. Durante el trabajo de campo, los investigadores conocieron casos de agricultores nicaragüenses que habían talado árboles locales para dejar espacio a variedades comerciales. La sustitución progresiva de estos ejemplares puede provocar una pérdida irreversible de recursos genéticos conservados durante generaciones.

Los científicos comparan este riesgo con la vulnerabilidad observada en otros cultivos propagados clonalmente, como el banano, cuyas plantaciones han sufrido graves daños causados por patógenos fúngicos. Una base genética más amplia aumenta las probabilidades de que algunos árboles puedan resistir enfermedades o adaptarse a modificaciones de temperatura y precipitación.

La investigación concluye que los árboles frutales mantenidos por agricultores de Nicaragua y otros países centroamericanos son esenciales para la continuidad del aguacate como especie cultivada. Su diversidad documenta una historia de migraciones e intercambios humanos de varios milenios y, al mismo tiempo, ofrece alternativas para fortalecer el futuro productivo de uno de los frutos con mayor presencia en el comercio mundial.

Fuente(s) referenciales

Phys.org



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