Urge conocer el “criollo” para optimizar producción del Hass: Colombia


A pesar de ser tan antiguo e importante para la economía colombiana, el cultivo de aguacate se ha fortalecido e incrementado de forma desordenada, y por eso hoy se desconocen las características genéticas y fisiológicas de las variedades criollas, que suelen mezclarse (injertadas) con la variedad comercial Hass. Investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín se han dado a esta tarea.



En los últimos años el cultivo y la exportación de aguacate ha aumentado de manera significativa en el país. Según la Corporación de Productores y Exportadores de Aguacate Hass de Colombia, dicha variedad ocupa el quinto lugar entre los productos agrícolas que más salen hacia mercados internacionales.

No obstante, pese a su importancia en la economía, el boom en la producción de este fruto en el país ha ocurrido de forma desordenada.

El profesor Carlos Felipe Barrera Sánchez, integrante del Grupo de Investigación en Mejoramiento y Producción de Especies Andinas y Tropicales de la UNAL Sede Medellín, explica que “lo que han hecho los productores ha sido conseguir semillas de cualquier tipo de árbol de aguacates criollos, las siembran para producir patrones y sobre ellos injertan la variedad Hass”.

Agrega que el árbol de aguacate tiene dos partes fundamentales: la copa –parte superior del árbol– y el portainjerto, que se relaciona con el sistema radical, es decir con lo que crece hacia abajo, las raíces.

“La primera tiende a ser siempre del cultivar llamado Hass, que ya viene de un proceso de mejoramiento genético hecho en Estados Unidos, pero el portainjerto o patrón, que suele ser criollo, no es bien conocido genéticamente ni se ha mejorado”.

Según el académico, “como no hay conocimiento genético sobre los materiales criollos, se presentan problemas como enfermedades en la planta, volcamiento de árboles o difícil adaptación a los suelos”.

Ante esta situación, el profesor Barrera y su colega Óscar de Jesús Córdoba Gaona, junto al Grupo de Investigación Ecofisiología Agraria de la UNAL Sede Medellín, emprendieron la tarea de estudiar estas variedades criollas aún desconocidas, un proyecto en el que han contado con el apoyo de la empresa exportadora Cartama SA.

“Hicimos distintas colectas de árboles en 20 municipios de Antioquia, Caldas y Risaralda. Ahora tenemos 300 individuos de los que estamos analizando sus caracteres tanto ecofisiológicos, –es decir cómo funcionan y responden al ambiente– como genéticos (qué heredan entre sí y cómo los afecta positiva o negativamente)”, indica el profesor Barrera.

Buscando patrones fuertes

Para seguir con su estudio, en la UNAL Sede Medellín se adaptó un invernadero en el que los individuos sobresalientes caracterizados en campo serán evaluados en una segunda fase, en especial aquellos con potencial para afrontar con más eficacia las enfermedades.

“Los inocularemos con un coctel de patógenos y evaluaremos, pues el objetivo final es seleccionar un portainjerto criollo idóneo que se adapte a las condiciones ambientales en las que se produce aguacate Hass en Colombia, que tenga resistencia a enfermedades y que se comporte bien fisiológicamente con las copas del Hass”.

Aunque la investigación sigue en fase de recolección de datos, su inicio es fundamental, ya que el primer paso para tener un buen cultivo es tener una buena semilla (material de siembra), y para garantizar esto hay que conocerla.

“Si no tenemos una buena semilla, probablemente no tendremos un cultivo con las condiciones para alcanzar el rendimiento deseado. De ahí la importancia de caracterizar y brindarles a los productores un patrón homogéneo, así obtendremos mejor rendimiento en un cultivo como el aguacate que dura tantos años, mínimo 15, y es clave para la economía colombiana”, subraya el profesor Barrera.