Nueve años de seguimiento en Benavente y Grândola revelan estrategias distintas: los árboles del sitio más seco detienen el crecimiento estival y lo reanudan en otoño, mientras los de la zona más húmeda pueden seguir creciendo durante el verano
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.
Un seguimiento de nueve años a alcornoques adultos en el sur de Portugal ha mostrado cómo la disponibilidad de agua determina el calendario de crecimiento de los árboles y modifica su respuesta a los veranos mediterráneos. La investigación, publicada el 27 de septiembre de 2026 en la revista científica Trees, comparó dos montados con condiciones contrastantes y encontró que los alcornoques del sitio más seco tienden a detener su crecimiento durante el verano y reactivarlo posteriormente, mientras los establecidos en el ambiente más húmedo pueden mantener un crecimiento continuo.
El trabajo fue dirigido por Augusta Costa, investigadora del Instituto Nacional de Investigação Agrária e Veterinária de Portugal (INIAV) y de NOVA University Lisbon, junto con Javier Vázquez-Piqué, de la Universidad de Huelva, y Paolo Cherubini, del Instituto Federal Suizo de Investigación WSL y la Universidad de British Columbia. Los científicos utilizaron dendrómetros de banda para registrar mensualmente las variaciones del diámetro de alcornoques maduros a lo largo de prácticamente un ciclo completo de producción de corcho.
Los resultados aportan información de interés productivo para el montado portugués, un sistema agroforestal en el que los alcornoques conviven tradicionalmente con pastos, ganado y, en determinadas explotaciones, cultivos. Este modelo ya ha sido señalado como un ejemplo de cómo la combinación de árboles, agricultura y ganadería puede aumentar la resiliencia de las explotaciones europeas, aunque la disponibilidad de agua constituye una limitación creciente.
Dos montados portugueses mostraron estrategias diferentes
Los investigadores trabajaron en dos zonas del sur de Portugal: Benavente, en la cuenca del Tajo, y Grândola, situada más al sur. En Benavente se siguieron 22 alcornoques maduros, mientras que en Grândola fueron monitoreados 25, para un total de 47 árboles.
Los dos sitios presentan diferencias importantes. Benavente se encuentra aproximadamente a 20 metros sobre el nivel del mar y posee un montado de menor densidad, con unos 44 árboles por hectárea, gestionado como sistema silvopastoril con áreas de pastoreo bovino y cultivos intercalados. Grândola se localiza alrededor de los 180 metros de altitud y presenta un bosque de alcornoques más denso, con aproximadamente 98 árboles por hectárea y sin pastoreo en la parcela estudiada.
También existen diferencias edáficas. En Benavente aparecen principalmente suelos arenosos y otras formaciones con distintas capacidades de drenaje y almacenamiento hídrico, mientras en Grândola predominan suelos poco profundos desarrollados sobre esquistos, con bajos niveles de nutrientes y materia orgánica.
La comparación ofrece un ejemplo concreto de la importancia que tiene la integración entre árboles y producción agropecuaria. En otros territorios, los sistemas agroforestales también combinan componentes arbóreos, pasturas y producción animal para aprovechar recursos dentro de una misma explotación y amortiguar parte de la variabilidad ambiental.
Grândola mostró una pausa de crecimiento durante el verano
La principal diferencia encontrada apareció en la distribución estacional del crecimiento. En el sitio más seco de Grândola predominó un patrón bimodal: los alcornoques crecían durante la primavera, reducían o interrumpían su crecimiento en el periodo más seco del verano y posteriormente podían reactivarlo durante el otoño.
En Benavente, donde las condiciones son comparativamente más húmedas, predominó un patrón unimodal. Los árboles mostraron mayor capacidad para continuar creciendo durante el verano, aprovechando una disponibilidad hídrica que aparentemente les permitía mantener la actividad durante una parte del año en la que los ejemplares de Grândola entraban en una fase de reposo.
Los autores consideran que esta interrupción estival constituye una estrategia adaptativa frente a la sequedad mediterránea. La disponibilidad de agua fue el principal factor limitante del crecimiento en ambos lugares, aunque su influencia se manifestó de forma diferente según las características de cada sitio.
La capacidad de los árboles para regular su actividad durante periodos secos constituye uno de los mecanismos que explican la persistencia de sistemas productivos mediterráneos. En términos generales, la agroforestería combina la producción agrícola con árboles capaces de modificar el microclima, reducir la erosión y contribuir a conservar humedad, aunque esas ventajas también dependen de la disponibilidad de agua para el propio componente arbóreo.
La lluvia del otoño y el invierno influye en la primavera siguiente
El estudio mostró que las condiciones meteorológicas anteriores al inicio de la temporada pueden dejar una señal en el crecimiento posterior. En Grândola, el comienzo del crecimiento primaveral durante marzo y abril estuvo relacionado con la temperatura y las precipitaciones acumuladas durante el otoño y el invierno precedentes.
Los investigadores observaron además que una sequía intensa durante esos meses previos puede repercutir no solamente en el comienzo del crecimiento de primavera, sino también en la actividad de los árboles durante el inicio del verano.
La reactivación otoñal después de la pausa del verano mostró otra respuesta: en el sitio seco estuvo asociada principalmente con la precipitación acumulada y no tanto con la temperatura. Esto confirma que el calendario anual del alcornoque no depende únicamente de las condiciones existentes en el momento en que se mide el árbol, sino también de la disponibilidad hídrica acumulada durante meses anteriores.
En Benavente, los árboles que mantuvieron un crecimiento continuo durante el verano mostraron una respuesta diferente. Las condiciones más húmedas permitieron una mayor plasticidad y capacidad para aprovechar periodos favorables, aunque los autores advierten que esta estrategia también puede cambiar si disminuyen las reservas de agua disponibles.
El crecimiento anual fue menor en el sitio más seco
A lo largo del ciclo estudiado, el crecimiento radial del tronco fue inferior en Grândola respecto a Benavente. Los autores plantean que tanto la actividad del cambium, responsable de producir madera, como la del felógeno, encargado de formar las células del corcho, pueden verse limitadas por la mayor sequedad del lugar.
En Benavente, las tasas anuales de crecimiento del diámetro pasaron de aproximadamente 17,5 milímetros al comienzo del periodo analizado a 5,2 milímetros hacia el final. En Grândola disminuyeron de unos 9,2 a 4,4 milímetros anuales.
Las mediciones mensuales registradas durante la investigación oscilaron, en términos generales, entre aproximadamente 0,4 y 1,3 milímetros de crecimiento. Estas variaciones permitieron observar procesos que pueden quedar ocultos cuando el desarrollo del árbol se estudia únicamente mediante valores anuales.
Esta relación resulta especialmente importante para una especie cuya corteza constituye el principal producto comercial. La industria y la investigación llevan años estudiando diferentes aspectos de la materia prima; por ejemplo, científicos y empresas corcheras investigan conjuntamente los factores que condicionan la calidad del corcho destinado, entre otros usos, al sector vitivinícola.
La extracción del corcho también modifica el crecimiento
Todos los árboles utilizados en el estudio habían sido descorchados en julio de 2010 y volvieron a serlo en junio de 2020. El seguimiento mensual se concentró entre 2011 y 2019, permitiendo observar prácticamente un ciclo completo entre dos extracciones.
La respuesta posterior al descorche fue diferente en los dos lugares. En Benavente, los árboles mostraron inicialmente una reacción de crecimiento mucho más intensa, mientras en Grândola la respuesta fue más moderada. Los autores interpretan esta diferencia como otra evidencia de que las condiciones locales condicionan la forma en que el alcornoque responde a la extracción de su corteza.
El estudio señala que más del 75 % del crecimiento radial del tronco después de la extracción puede estar relacionado con la formación de nuevas capas de corcho. Esto ayuda a explicar por qué la perturbación producida por el descorche modifica temporalmente el patrón de crecimiento observado mediante los dendrómetros.
En el primer año posterior a la extracción, 2011, predominó un patrón continuo de crecimiento tanto en el sitio seco como en el húmedo. Con el paso de los años, sin embargo, las diferencias entre ambos ambientes se hicieron más evidentes y en Grândola volvió a dominar el crecimiento dividido entre primavera y otoño.
El agua subterránea puede ser decisiva para el montado
Los científicos consideran posible que algunos alcornoques de Benavente utilicen sistemas radiculares capaces de acceder a fuentes de agua situadas en capas profundas del suelo e incluso a reservas subterráneas. Esa disponibilidad proporcionaría una ventaja durante momentos críticos de la temporada y ayudaría a mantener el crecimiento cuando la superficie se seca.
La hipótesis resulta relevante ante el cambio climático. Si disminuye la recarga de las reservas subterráneas y las raíces dejan de tener acceso a fuentes profundas de agua, los autores anticipan que los árboles actualmente capaces de mantener un crecimiento continuo podrían adoptar en el futuro un comportamiento más parecido al observado en Grândola: crecimiento en primavera, reposo durante el verano y reactivación posterior.
Los resultados también muestran que la sequía debe analizarse en diferentes escalas temporales. En el sitio más seco influyeron tanto los déficits de corta duración relacionados con el agua disponible en el suelo como sequías más prolongadas capaces de afectar las reservas hídricas durante periodos superiores a un año.
El corcho sostiene una importante economía rural mediterránea
Los alcornocales mediterráneos ocupan alrededor de dos millones de hectáreas y sostienen actividades productivas vinculadas al corcho, la ganadería y otros aprovechamientos rurales. El estudio cita una producción mundial aproximada de 190.000 toneladas de corcho y un mercado cuyo valor supera los 2.000 millones de euros anuales.
Portugal ocupa una posición central en esta cadena productiva. El montado no funciona únicamente como un bosque productor de corteza: en numerosas explotaciones constituye un sistema silvopastoril en el que la superficie bajo los árboles se aprovecha para el ganado y, en determinados momentos, para cultivos y pasturas.
Esa diversidad productiva puede ayudar a distribuir riesgos, pero también genera interacciones y competencia por los recursos. Los investigadores advierten que su trabajo no analizó específicamente el efecto de las diferentes formas de manejo agroforestal, por lo que no puede determinarse cuánto de las diferencias observadas entre Benavente y Grândola corresponde directamente a la gestión de cada explotación.
Nueve años de datos revelan una adaptación que no es ilimitada
Los autores destacan tres conclusiones principales. La primera es que el patrón de crecimiento del alcornoque depende fuertemente del lugar: la pausa estival y el crecimiento dividido entre primavera y otoño dominaron en el ambiente seco, mientras los árboles del sitio húmedo mantuvieron con mayor frecuencia actividad durante el verano.
La segunda es que existe una interacción entre esos patrones naturales y la extracción del corcho. La influencia del descorche sobre el crecimiento fue especialmente visible al comienzo del ciclo productivo y disminuyó progresivamente durante los años posteriores.
La tercera conclusión sitúa al agua como el principal factor limitante. Los alcornoques muestran capacidad para ajustar su calendario de crecimiento a las condiciones mediterráneas, pero esa plasticidad depende de los recursos hídricos disponibles y de las características específicas de cada emplazamiento.
Los investigadores consideran necesario ampliar el seguimiento a varios ciclos consecutivos de extracción, incorporar árboles que no hayan sido descorchados y analizar series temporales todavía más largas. Ese conocimiento permitiría precisar cómo responden los montados a sequías más frecuentes y ofrecer bases más sólidas para ajustar su manejo productivo en las regiones mediterráneas.
Fuente referencial:
Trees – Do cork oak trees grow in the dry, hot summer of the mediterranean climate?


