Una investigadora de la Universidad Internacional de Florida advierte que ciertas cianobacterias pueden liberar toxinas peligrosas y recomienda observar el color, el olor y la superficie del agua antes de permitir que los animales naden
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Los ríos, lagos y canales de agua dulce pueden convertirse en un riesgo para los perros cuando determinadas cianobacterias proliferan y producen toxinas capaces de afectar el sistema nervioso, la piel y distintos órganos. La investigadora Schonna R. Manning, de la Universidad Internacional de Florida (FIU), advierte que los animales de compañía presentan una vulnerabilidad particular porque pueden ingerir agua mientras nadan y, posteriormente, consumir residuos adheridos al pelaje al acicalarse.
El problema adquiere especial importancia durante los períodos cálidos, cuando las temperaturas elevadas del agua y el exceso de nutrientes pueden favorecer determinadas floraciones. La prevención comienza antes de que el animal entre al agua: observar cambios de color, espuma, acumulaciones superficiales, masas flotantes y olores anormales puede ayudar a reconocer situaciones potencialmente peligrosas.
Por qué los perros tienen una exposición particular
Las llamadas algas verdeazuladas son en realidad cianobacterias. No todas las proliferaciones producen sustancias tóxicas, por lo que la mera presencia de algas no permite determinar por sí sola el nivel de peligro. Sin embargo, algunas especies pueden generar compuestos con efectos graves sobre animales y personas.
En los perros existen varias vías de exposición. Mientras nadan pueden tragar directamente agua contaminada. Además, los restos presentes en el agua pueden quedar adheridos a su pelo y ser ingeridos después cuando el animal se lame para limpiarse. Esa combinación incrementa la importancia de evitar preventivamente los cuerpos de agua sospechosos.
Los riesgos ambientales para mascotas requieren una vigilancia semejante a la aplicada frente a otras fuentes naturales de intoxicación. En Florida, por ejemplo, la presencia del sapo de caña durante la temporada de lluvias constituye otra amenaza para perros y gatos debido a las toxinas que este anfibio puede liberar cuando una mascota intenta morderlo o lamerlo.
Una neurotoxina vinculada con episodios fatales
El laboratorio de Manning fue el primero en detectar dihidroanatoxina, una potente neurotoxina, en materiales formados por cianobacterias que habían sido relacionados con muertes de perros. Investigaciones posteriores reforzaron la preocupación sobre la rapidez con la que puede desarrollarse una intoxicación grave.
En un caso estudiado científicamente, un perro murió aproximadamente dos horas después de consumir algas accidentalmente. Los investigadores identificaron la neurotoxina en el aparato digestivo del animal. Estos antecedentes muestran por qué la prevención resulta especialmente importante: una exposición puede producirse antes de que el propietario conozca la composición exacta de una proliferación presente en el agua.
La toxicidad ambiental no es un problema exclusivo de las mascotas. En los sistemas productivos también existen sustancias naturales capaces de causar intoxicaciones rápidas, como ocurre con la cicuta venenosa en terrenos utilizados para el pastoreo, lo que subraya la importancia de identificar previamente los peligros presentes en el entorno de los animales.
Calor y nutrientes pueden favorecer las proliferaciones
Las floraciones nocivas tienden a aparecer con mayor frecuencia durante los períodos cálidos. El aumento de la temperatura del agua puede crear condiciones favorables para el crecimiento de cianobacterias, mientras que una elevada disponibilidad de nutrientes puede estimular aún más su proliferación.
Este último factor conecta el problema con el manejo de nutrientes en las cuencas agrícolas. El exceso de fósforo procedente, entre otras fuentes, de fertilizantes y estiércol puede llegar a las vías fluviales mediante escorrentía. Investigaciones anteriores han mostrado que el aporte agrícola de fósforo puede deteriorar la calidad de arroyos y favorecer la eutrofización, proceso asociado con proliferaciones de algas y reducción del oxígeno disponible en el agua.
El nitrógeno también forma parte de este vínculo entre producción agropecuaria y ecosistemas acuáticos. Cuando cantidades excesivas alcanzan lagos y ríos mediante drenaje y escorrentía, pueden contribuir a desequilibrios ecológicos y al crecimiento excesivo de algas. Por ello, mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes tiene implicaciones que van más allá del rendimiento de los cultivos.
Vista y olfato como primera barrera preventiva
Manning plantea una regla práctica para propietarios de animales: si el agua presenta mal aspecto y mal olor, conviene buscar otro lugar. Entre las señales que justifican precaución se encuentran una coloración inusual, espuma en la superficie, grumos flotantes y capas o mantos visibles de algas.
La apariencia del agua, sin embargo, no sustituye los análisis de calidad ni las advertencias oficiales. Antes de visitar un río, lago o canal con un perro, resulta recomendable comprobar las alertas de las autoridades locales y respetar cualquier señalización relacionada con floraciones nocivas. Si un cuerpo de agua ha sido declarado inseguro para las personas, tampoco debe considerarse seguro para una mascota.
La calidad del agua constituye igualmente un componente esencial de la sanidad en las explotaciones pecuarias. En la producción avícola, por ejemplo, la higiene de las líneas de bebederos y el control de la contaminación del agua forman parte de las medidas destinadas a reducir la exposición de los animales a agentes perjudiciales.
Qué hacer antes y después de que el perro entre al agua
La recomendación principal es comprobar previamente la información pública disponible sobre calidad del agua y floraciones nocivas. Ya en el lugar, deben revisarse los avisos instalados y observarse las condiciones del agua antes de permitir que el animal se acerque o nade.
Cuando existan dudas sobre la seguridad del sitio, la medida preventiva es evitar el contacto. Después del baño también conviene revisar el pelaje, ya que las cianobacterias o sus toxinas pueden permanecer adheridas y posteriormente ser ingeridas durante el acicalamiento.
Esta atención al suministro y al contacto con agua segura también es fundamental en animales de producción. Durante episodios de temperaturas elevadas, garantizar agua limpia, disponible y accesible para los bovinos forma parte de las medidas esenciales de bienestar y manejo sanitario.
En Florida, las autoridades mantienen sistemas de información sobre floraciones capaces de producir toxinas y resultados de análisis de calidad del agua. La Universidad Internacional de Florida recomienda consultar esas advertencias antes de utilizar espacios recreativos acuáticos y mantener el mismo criterio de precaución tanto para las personas como para los animales.
Fuentes referenciales:
Infobae
Florida International University


