Natalia Laínez y Lucía Ibáñez desarrollan en Talamantes un modelo especializado en enjambres y selección genética de la abeja negra ibérica
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Raúl Méndez C.
Natalia Laínez Carretero y Lucía Ibáñez Gallego consolidaron en Talamantes, un pequeño municipio de Zaragoza, España, una explotación apícola centrada en la cría de abejas reina, la producción de enjambres y la selección genética de la abeja negra ibérica. Su empresa, Abejas del Moncayo, comercializa material vivo para profesionales, aficionados y nuevos emprendimientos del sector.
El proyecto se diferencia de las explotaciones orientadas principalmente a la extracción y venta de miel. Las emprendedoras multiplican sus colonias para suministrar colmenas pobladas, núcleos, paquetes de abejas, enjambres y reinas, una actividad que exige controlar cuidadosamente la reproducción, la alimentación y la sanidad de cada unidad.
Desde las proximidades del Parque Natural del Moncayo, Laínez e Ibáñez han encontrado un nicho productivo que combina especialización técnica, conservación de una subespecie autóctona y generación de actividad económica en el medio rural. La iniciativa también demuestra que la apicultura puede diversificarse más allá de los productos tradicionales de la colmena.
Una explotación dedicada a producir material apícola vivo
En una explotación melífera convencional, el manejo busca desarrollar colonias fuertes capaces de almacenar miel. Abejas del Moncayo aplica una lógica diferente: divide las colonias en unidades más pequeñas destinadas a formar nuevos enjambres y atender los pedidos de otros apicultores.
El material puede comercializarse mediante cuadros procedentes de colmenas pobladas o como abejas transportadas por peso, siguiendo medidas específicas de seguridad. Los compradores incluyen desde personas que comienzan en la actividad hasta productores que necesitan cientos de enjambres para crear una explotación o recuperar las pérdidas sufridas por incendios y mortandad de colonias.
Las reinas constituyen uno de los componentes más especializados de esta línea comercial. La capacidad reproductiva y las características heredadas de una reina influyen directamente sobre el desarrollo, el comportamiento y la productividad de la colonia, por lo que su cría requiere seleccionar familias y controlar distintas etapas del proceso.
La empresa trabaja con Apis mellifera iberiensis, conocida como abeja negra ibérica. Esta subespecie autóctona de la península ibérica es descrita por las productoras como una abeja rústica, fuerte y adaptada a las condiciones del territorio.
La selección genética busca conservar una abeja adaptada al territorio
La selección practicada por las apicultoras no consiste en crear una especie nueva, sino en escoger colonias con características consideradas adecuadas para reproducirlas. El trabajo permite mantener líneas de abejas vinculadas con las condiciones ambientales de la región y suministrar reinas a explotaciones interesadas en renovar o ampliar su cabaña apícola.
La cría comienza con la elección de colonias y larvas destinadas a convertirse en futuras reinas. Estas reciben una alimentación basada en jalea real durante su desarrollo, a diferencia de las obreras, cuyo régimen alimentario cambia después de los primeros días de vida.
Además de la reproducción, el manejo incluye vigilancia de las colmenas, alimentación complementaria cuando el monte no proporciona recursos suficientes, tratamientos sanitarios, desplazamientos estacionales y mantenimiento del material. La fase de mayor intensidad comercial y multiplicación de las colonias se concentra entre febrero y junio, mientras que el resto del año se destina a conservar y preparar la explotación.
La sanidad es decisiva cuando se venden organismos vivos. La varroa continúa siendo una de las principales amenazas para las abejas, debido a que parasita las colonias y puede favorecer la transmisión de otros agentes perjudiciales. A este riesgo se suman los productos fitosanitarios y la presión de especies invasoras, cuestiones incluidas entre los desafíos actuales de la apicultura española.
Formación especializada antes de poner en marcha el negocio
Laínez e Ibáñez no procedían inicialmente del sector agrícola o ganadero. Después de estudiar distintas posibilidades para residir y trabajar en Talamantes, identificaron una oportunidad en la reproducción y selección de abejas, un segmento con menor presencia empresarial que la producción de miel.
Antes de iniciar la explotación buscaron preparación específica. Parte de su aprendizaje se desarrolló en Francia y también se formaron con un especialista en cría de reinas de Granada. Ese proceso les permitió adquirir conocimientos sobre reproducción, manejo de colmenas y herramientas como el traslarve, la identificación de reinas y las cajas utilizadas para su expedición.
Abejas del Moncayo incorporó posteriormente jornadas formativas para transmitir esas técnicas a otros apicultores. La capacitación constituye una línea complementaria a la venta de material vivo y puede facilitar que productores nuevos o ya establecidos mejoren el manejo reproductivo de sus colonias.
Emprendimiento femenino en un municipio de 23 habitantes
La explotación nació con el propósito de permitir que sus fundadoras vivieran y trabajaran en Talamantes, una localidad que contaba con apenas 23 habitantes cuando pusieron en marcha la iniciativa. La empresa genera actividad desde un territorio afectado por la despoblación y convierte la especialización agropecuaria en una vía de permanencia rural.
Las socias accedieron a programas públicos de incorporación de jóvenes al sector agrario y a apoyos destinados a comercializar y mejorar su modelo empresarial. Su trayectoria recibió además el Premio Proyecto Bardos 2025, impulsado por Bodega Bardos y la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales, con una dotación de 6.000 euros.
El reconocimiento valoró la contribución ambiental, económica y social de la iniciativa. Las emprendedoras anunciaron que destinarían el premio a crear un espacio adecuado para impartir formación sobre cría apícola, reforzando así una actividad en la que todavía existe una presencia femenina reducida.
El modelo vincula la conservación genética con una necesidad práctica del sector: disponer de enjambres y reinas para iniciar explotaciones, sustituir colonias perdidas o renovar el material reproductivo. Esta labor adquiere importancia ante amenazas como la expansión de depredadores, incluida la presión del avispón asiático sobre las abejas y los colmenares.
La protección de las colonias exige vigilancia permanente
La producción de reinas y enjambres depende de colonias sanas y suficientemente alimentadas. Las variaciones climáticas pueden reducir temporalmente la disponibilidad de néctar y polen, obligando a complementar la alimentación y ajustar la multiplicación al estado real de cada colmena.
La vigilancia también resulta necesaria frente a avispones capaces de capturar abejas o alterar la actividad de las recolectoras. El seguimiento del ciclo del avispón oriental detectado en Córdoba muestra la importancia de identificar correctamente cada especie y actuar en las fases apropiadas de su desarrollo.
Las nuevas herramientas de monitorización pueden reforzar esa prevención. Entre las líneas investigadas se encuentra el uso de micrófonos y sistemas automatizados para distinguir el vuelo de avispones invasores y abejas melíferas, una tecnología con posible aplicación futura en la protección de los colmenares.
En Talamantes, la apuesta de Laínez e Ibáñez sitúa a la abeja como el producto central de la explotación. La comercialización de material vivo, la selección de ejemplares adaptados y la formación de otros productores configuran una actividad especializada que une apicultura profesional, biodiversidad y desarrollo rural.
Fuentes referenciales:
Heraldo de Aragón
Programa de Desarrollo Rural de Aragón
Abejas del Moncayo


