Agricultura

La mitad de los apicultores neerlandeses podría abandonar

Publicado el 15/08/2026 · REDACCION

El avispón asiático y la posible llegada del ácaro Tropilaelaps amenazan las colmenas, mientras Wageningen desarrolla abejas capaces de retirar crías parasitadas.


Redactora: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz

Hasta la mitad de los apicultores de los Países Bajos podría abandonar la actividad durante los próximos cinco a diez años si continúa aumentando la presión de las especies invasoras sobre las colmenas. La Asociación Neerlandesa de Apicultores, conocida como NBV, y la Universidad e Investigación de Wageningen, WUR, identificaron dos amenazas principales: la expansión del avispón asiático y la posible llegada del ácaro parasitario Tropilaelaps.

El sector reclama una respuesta nacional más contundente mientras los investigadores trabajan en sistemas de detección temprana y programas de selección de abejas con comportamiento higiénico. Estas colonias serían capaces de localizar crías infectadas y retirarlas antes de que los ácaros completen su reproducción.

La advertencia se produce después de varios años difíciles para la apicultura neerlandesa. Durante el invierno de 2023-2024 murió el 21,2 % de las colonias estudiadas y el 6,7 % de los productores participantes perdió todas sus abejas. Los Países Bajos cuentan con unos 11.000 apicultores activos y más del 95 % desarrolla la actividad como afición.

El avispón asiático ya está establecido

El avispón asiático, Vespa velutina, es una especie invasora procedente de China que llegó a Europa y continuó extendiéndose por distintos países. En 2026 ya se considera definitivamente establecido en los Países Bajos y su erradicación total dejó de verse como una posibilidad realista.

Los avispones permanecen suspendidos frente a las colmenas y esperan el regreso de las abejas recolectoras. Cuando capturan una, la decapitan y transportan las partes más nutritivas hasta el nido para alimentar a sus larvas.

La presión depredadora no solo reduce el número de obreras. Las abejas perciben la presencia de los avispones y dejan de salir en busca de néctar y polen. Si el bloqueo continúa, la colonia pierde alimento, se debilita y puede morir de hambre.

Este comportamiento también se ha observado durante el avance de la avispa asiática en Alemania, donde los apicultores reclaman una estrategia coordinada y financiada por las autoridades.

Los productores piden capturar a las reinas

La combinación de pérdidas económicas, estrés y dificultades crecientes para mantener las colonias está desgastando a los apicultores neerlandeses. Hasta el 50 % estaría dispuesto a abandonar la actividad si el Gobierno no pasa de la observación pasiva a un programa nacional firme.

Una de las medidas reclamadas es subvencionar la captura de reinas del avispón asiático. Una reina eliminada antes de establecer su colonia puede impedir la formación de un nido capaz de producir numerosos ejemplares y nuevas reinas reproductoras.

El control es complicado porque los nidos pueden encontrarse en lugares difíciles de detectar y retirar. Cuando son descubiertos al final de la temporada, las nuevas reinas quizá ya se hayan dispersado, reduciendo la eficacia de la intervención.

Tropilaelaps se aproxima a la Unión Europea

La segunda amenaza es Tropilaelaps, un género de ácaros que originalmente parasitaba a la abeja gigante asiática, Apis dorsata, pero que consiguió pasar a las abejas melíferas utilizadas en la apicultura.

A comienzos de 2026 su presencia ya había sido registrada oficialmente en Bielorrusia y Ucrania, cerca de las fronteras de la Unión Europea. Los investigadores consideran inevitable que el parásito termine alcanzando los Países Bajos.

Las especies señaladas como más peligrosas para las abejas son Tropilaelaps clareae y Tropilaelaps mercedesae. Ambas parasitan la cría y pueden multiplicarse dentro de las celdas donde se desarrollan las abejas jóvenes.

El parásito es físicamente más pequeño que Varroa destructor, por lo que resulta más difícil identificarlo visualmente durante las primeras etapas de una infestación. Su ciclo vital más corto también le permite reproducirse con mayor rapidez.

Un ácaro capaz de colapsar la colonia en semanas

La diferencia entre ambos parásitos preocupa especialmente a los especialistas. Una infestación de Varroa destructor puede destruir una colmena en uno o dos años, mientras que Tropilaelaps tendría capacidad para provocar el colapso completo de una familia de abejas en pocas semanas.

La rapidez reproductiva reduce el margen disponible para detectar el problema y aplicar medidas de control. Cuando el apicultor observa los primeros daños visibles, la población del ácaro puede haber aumentado considerablemente dentro de la cría operculada.

La experiencia acumulada con Varroa demuestra que el momento de la intervención es decisivo. Una mejor sincronización de los tratamientos puede reducir las pérdidas, mientras las aplicaciones tardías, anticipadas o incorrectas favorecen el crecimiento del parásito y la resistencia a los acaricidas.

El ADN ambiental permitiría encontrar infestaciones ocultas

El laboratorio BIJEN@WUR de Wageningen apuesta por combinar tecnología y selección genética. Una de sus líneas de trabajo utiliza ADN ambiental, conocido como eDNA, para buscar rastros microscópicos del ácaro antes de que pueda observarse sobre las abejas.

Los investigadores pueden recoger muestras mediante lavados de las entradas de las colmenas o analizar el aire y el agua alrededor del apiario. Posteriormente, herramientas de inteligencia artificial y pruebas PCR buscan fragmentos de ADN correspondientes a Tropilaelaps.

El objetivo es identificar la infestación durante sus primeros días. Una alerta precoz permitiría intervenir antes de que el ácaro complete varios ciclos reproductivos y se extienda por la colonia o hacia otros apiarios.

Abejas VSH que actúan como brigadas sanitarias

La segunda línea de investigación busca desarrollar abejas con comportamiento VSH, siglas en inglés de higiene sensible a Varroa. No se trata de modificar artificialmente su ADN, sino de seleccionar y reforzar una capacidad defensiva natural presente en determinadas familias.

Las obreras con este comportamiento reconocen que una larva encerrada dentro de una celda está parasitada. Después abren la cubierta de cera y retiran la cría infectada, interrumpiendo el ciclo reproductivo del ácaro.

La selección de abejas resistentes a los ácaros representa una alternativa a la dependencia exclusiva de acaricidas, cuya eficacia puede disminuir cuando los parásitos desarrollan resistencia.

El olfato revela lo que ocurre bajo la cera

El proceso comienza antes de que una obrera abra la celda. La larva se desarrolla bajo una cubierta porosa de cera y el ácaro entra poco antes de que esa celda sea sellada.

Cuando el parásito comienza a alimentarse y poner huevos, tanto la larva dañada como el propio ácaro liberan señales químicas relacionadas con el estrés y la enfermedad. Las abejas VSH poseen una elevada sensibilidad olfativa y detectan esas sustancias con los receptores de sus antenas.

La obrera perfora entonces la cubierta con sus mandíbulas. En algunos casos solo inspecciona el interior y vuelve a cerrar la celda si la infestación es baja o el ácaro no se está reproduciendo.

Cuando confirma una reproducción activa, extrae la larva y la consume o la expulsa de la colmena. Al retirar la cría también elimina a los machos y las ninfas del ácaro, que no pueden sobrevivir fuera de la celda sellada.

Una defensa observada desde la década de 1990

El concepto VSH comenzó a desarrollarse a finales de la década de 1990 en el Laboratorio de Abejas Melíferas del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, ubicado en Baton Rouge.

Los investigadores John Harbo y Jeffrey Harris observaron que algunas colonias sobrevivían durante años sin tratamientos químicos en zonas afectadas por Varroa, mientras otros apiarios cercanos desaparecían.

La investigación mostró que esas familias no eran simplemente más fuertes: las obreras identificaban y eliminaban la cría parasitada. El comportamiento recuerda a la defensa desarrollada por Apis cerana, que ha coexistido con los ácaros asiáticos durante un periodo evolutivo mucho más largo.

La abeja melífera occidental, Apis mellifera, entró en contacto con Varroa durante el siglo XX y carecía de una defensa suficientemente desarrollada. La selección pretende localizar dentro de sus poblaciones los rasgos naturales relacionados con la higiene y aumentar su presencia en las generaciones siguientes.

Inseminación y marcadores para conservar la resistencia

El mejoramiento por métodos convencionales resulta complejo porque una reina se aparea con numerosos zánganos procedentes de distintas familias. Esa diversidad puede diluir rápidamente los rasgos VSH que los investigadores intentan conservar.

Para evitarlo, los programas emplean inseminación artificial con semen de zánganos previamente evaluados. También utilizan selección asistida por marcadores para localizar regiones del ADN asociadas con una mayor sensibilidad de los receptores de las antenas.

Las familias portadoras de los marcadores deseados se incorporan al programa de reproducción. La selección de colonias con menor crecimiento de ácaros ya ha demostrado que la resistencia puede fortalecerse durante varias generaciones.

La incógnita es si funcionará contra Tropilaelaps

Wageningen intenta determinar con urgencia si las abejas VSH también pueden reconocer el olor de las larvas atacadas por Tropilaelaps. El mecanismo sería especialmente valioso porque este nuevo parásito se reproduce más rápido que Varroa.

La respuesta no está garantizada. Los compuestos químicos liberados durante cada infestación pueden ser diferentes y las abejas seleccionadas para detectar un ácaro quizá no respondan con igual eficacia frente al otro.

Mientras esa investigación continúa, los Países Bajos afrontan simultáneamente un depredador ya establecido y un parásito que se aproxima. La situación se suma a una mortalidad invernal de abejas superior al 20 %, aumentando la presión sobre una comunidad formada principalmente por apicultores aficionados.

Fuente(s) referenciales

AgroXXI



Mundo Agropecuario
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