Columbia Británica proyecta una producción de entre 58 y 68 millones de kilos, hasta un 26 % menos que en la campaña anterior
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
La producción de arándanos de Columbia Británica, principal región canadiense para este cultivo, atraviesa una campaña marcada por un invierno demasiado corto y una disponibilidad insuficiente de colmenas. La combinación redujo la floración, dificultó la fecundación y elevó los costos de los agricultores durante una etapa decisiva para el rendimiento.
El British Columbia Blueberry Council (BCBC) estima que la cosecha podría situarse entre 58 y 68 millones de kilos. Frente a los 78 millones obtenidos en la temporada anterior, la reducción sería de aproximadamente un 15 % en el escenario más favorable y podría alcanzar el 26 % si la producción queda en la parte baja del intervalo.
La elevada variabilidad entre explotaciones impide establecer todavía una previsión definitiva. Algunos campos presentan pérdidas moderadas, mientras otros registran reducciones mucho más pronunciadas en la cantidad y el tamaño de la fruta.
Un invierno corto alteró la dormancia de los arándanos
Los arbustos de arándano necesitan acumular suficientes horas de frío durante el invierno para completar adecuadamente su periodo de dormancia. Cuando ese requisito no se cumple, el follaje puede desarrollarse, pero la floración y la posterior formación de los frutos pueden resultar perjudicadas.
Vancouver registró su primer invierno sin nieve desde 1982 y temperaturas medias superiores en más de 1,5 °C a los valores normales. De acuerdo con Sudeshna Nambiar, directora ejecutiva del BCBC, las plantas no dispusieron de una dormancia adecuada antes del inicio del ciclo productivo.
La situación coincide con una tendencia que está modificando la geografía del cultivo. La sensibilidad de estas plantas al calor y a la disponibilidad de agua ya está provocando que la producción de arándanos busque regiones con condiciones térmicas más favorables.
El impacto del invierno no fue uniforme porque las variedades, los microclimas, el estado de las plantas y el manejo de cada explotación influyen en la respuesta. Esa heterogeneidad explica parte de las diferencias observadas entre predios próximos.
La escasez de colmenas encareció la polinización
El segundo factor crítico fue la limitada disponibilidad de abejas melíferas. El Consejo calcula que los campos de arándanos de Columbia Británica requieren alrededor de 66.000 colmenas durante la floración, pero la oferta comercial disponible se encuentra entre 25.000 y 30.000.
La diferencia obligó a los productores a competir por los servicios de polinización y elevó el costo del alquiler de colmenas hasta aproximadamente 703 dólares estadounidenses por hectárea. Según la organización, ese valor duplica lo que pagan los agricultores de Estados Unidos.
Canadá mantiene restricciones sobre la importación de abejas melíferas procedentes de Estados Unidos. Para los productores, la medida limita una posible fuente adicional de colmenas en un momento de elevada demanda, aunque cualquier cambio debe considerar también los riesgos sanitarios vinculados al movimiento internacional de polinizadores.
La presión sobre las abejas no se limita a esta campaña. Investigaciones realizadas en Canadá han documentado que las colonias experimentan varios factores de estrés simultáneos en los paisajes agrícolas, mientras que las olas de calor también pueden perjudicar su reproducción y supervivencia.
Los polinizadores silvestres pueden complementar el trabajo de las colmenas comerciales. Su presencia, distribución y abundancia tienen efectos directos sobre cultivos dependientes de insectos, incluidos los arándanos, como muestra el análisis sobre la contribución de las abejas silvestres al suministro de alimentos.
Más colmenas no garantizaron una fecundación suficiente
La campaña reveló que el problema no consiste únicamente en disponer de pocas colmenas. Algunas explotaciones que alcanzaron los niveles recomendados de polinización también obtuvieron una fecundación deficiente, frutos de menor tamaño y rendimientos inferiores a los previstos.
La variedad Duke, que representa algo más del 45 % de la producción provincial, aparece entre las más afectadas. El BCBC ha observado caídas muy variables entre campos, con pérdidas que en determinados predios se sitúan entre el 20 % y el 60 %.
Nambiar evitó atribuir la mala fecundación a una sola causa y señaló que todavía no existe una explicación científica definitiva. El Consejo trabaja con autoridades e instituciones de investigación para estudiar el problema y buscar alternativas para las próximas campañas.
El seguimiento técnico deberá considerar conjuntamente la actividad de las abejas, las temperaturas durante la floración, la sincronización floral, el estado de las plantas y las condiciones meteorológicas. También será importante reforzar la vigilancia de plagas y enfermedades, un ámbito en el que investigaciones recientes han identificado nuevas amenazas capaces de dañar las raíces de los arándanos.
Menor tamaño y mayores costos debilitan la competitividad
La reducción del calibre afecta la cantidad de fruta que puede destinarse a los mercados frescos de mayor valor. Al mismo tiempo, el incremento del costo de polinización disminuye los márgenes y dificulta competir con productores establecidos en regiones donde las colmenas resultan más accesibles.
Estados Unidos recibe actualmente la mayor parte de los arándanos producidos en Columbia Británica. La dependencia ofrece una salida comercial inmediata, pero expone a los agricultores canadienses a cambios en la demanda, los precios o las condiciones de acceso a ese mercado.
La dificultad para sostener el tamaño y la regularidad de la fruta también complica los planes de diversificación hacia destinos internacionales más exigentes. El desafío para el sector consiste en recuperar rendimiento sin aumentar de manera desproporcionada los costos de producción.
La campaña de 2026 confirma que la competitividad del arándano depende de procesos biológicos y climáticos estrechamente conectados. Un invierno insuficiente puede debilitar la floración, mientras que la falta de polinizadores durante una ventana corta limita la formación de frutos y condiciona todo el resultado comercial.
Fuente referencial:
PortalFrutícola.com

