Investigadores de NC State identificaron a Prionus imbricornus como una plaga emergente que daña raíces de arándanos
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz
Productores de arándanos de Carolina del Norte enfrentan una amenaza que hasta ahora resultaba difícil de precisar. Un estudio de North Carolina State University identificó a los escarabajos destructivos encontrados en campos comerciales de arándano como Prionus imbricornus, una especie de escarabajo longicornio cuyas larvas pueden alimentarse de las raíces y debilitar gravemente las plantas.
El hallazgo es relevante porque Carolina del Norte es el primer estado en reportar a P. imbricornus alimentándose activamente de arbustos de arándano. Aunque desde 2010 existían informes de larvas no identificadas de Prionus dañando raíces en este cultivo, la especie responsable no había sido confirmada. Esa falta de identificación complicaba el diseño de estrategias de manejo y podía llevar a tratamientos poco ajustados al problema real.
Una plaga difícil de ver bajo el suelo
El problema principal está en el lugar donde ocurre el daño. Las larvas viven cerca de las raíces, fuera de la vista directa del productor, y pueden crecer hasta cinco pulgadas de largo. A diferencia de los adultos, que no se alimentan, las larvas consumen y destruyen raíces, lo que puede debilitar las plantas, afectar su anclaje y, en casos severos, contribuir a la muerte del arbusto.
Los escarabajos longicornios son conocidos por sus antenas largas y por el comportamiento barrenador de muchas especies. En el caso estudiado, las hembras adultas suelen depositar huevos en el suelo, cerca de las raíces de árboles de madera dura. Cuando las larvas emergen, comienzan a alimentarse de tejido radical, una fase especialmente dañina porque el deterioro puede avanzar antes de que los síntomas externos sean evidentes.
El caso confirma la importancia de observar el sistema radicular y no solo la parte aérea de los cultivos. En frutales y plantas perennes, las plagas subterráneas pueden generar pérdidas difíciles de diagnosticar, de modo similar a otros problemas sanitarios donde las señales visibles aparecen tarde. Por eso, la vigilancia temprana se vuelve clave en el manejo de plagas en árboles y frutales.
La identificación genética cambió el diagnóstico
El trabajo fue liderado por Kenneth Geisert, estudiante de posgrado del College of Agriculture and Life Sciences de NC State y autor principal del artículo científico. La investigación, titulada “Prionus imbricornis (Coleoptera: Cerambycidae), an emerging pest in North Carolina blueberries”, fue publicada en Journal of Integrated Pest Management.
Para resolver la identidad de la plaga, los investigadores usaron trampas de panel negro cebadas con feromonas sexuales para atraer adultos en seis fincas de los condados de Pender, Sampson, Bladen y New Hanover. Después aplicaron código de barras genético, una técnica que analiza segmentos estandarizados de ADN de larvas y los compara con secuencias de adultos conocidos de Prionus.
Los resultados coincidieron con P. imbricornus con una precisión de 98 % a 99 %. Esa confirmación permitió pasar de una sospecha general sobre “larvas de Prionus” a un diagnóstico preciso de especie. En sanidad vegetal, esa diferencia es decisiva: una plaga que ataca raíces requiere una estrategia distinta a otra que daña troncos, ramas muertas o tejidos aéreos.
Por qué importa saber la especie exacta
La identificación correcta no es un detalle académico. Kenneth Geisert advirtió que asumir una especie a partir de adultos observados en el campo puede conducir a errores, especialmente cuando larvas de diferentes escarabajos longicornios se parecen entre sí. Si el diagnóstico falla, el productor puede aplicar una estrategia contra una plaga distinta y asociar de forma incorrecta una especie con un hospedero.
Ese riesgo tiene consecuencias prácticas y ambientales. Una intervención mal orientada puede no controlar el daño en las raíces y, al mismo tiempo, afectar insectos no objetivo. En un cultivo de alto valor como el arándano, la precisión del diagnóstico se traduce en mejor uso de recursos, menor presión química innecesaria y decisiones más coherentes con el ciclo biológico de la plaga.
La situación encaja con un debate más amplio sobre la protección de cultivos. El control de plagas no depende únicamente de aplicar productos, sino de comprender qué organismo está causando el daño, en qué etapa del ciclo ocurre el ataque y qué impactos pueden tener las medidas sobre otros insectos. En esa línea, Mundo Agropecuario ha abordado si es posible reducir la dependencia de pesticidas para controlar plagas mediante estrategias más precisas y sostenibles.
Sin insecticidas etiquetados para esta plaga
Lorena Lopez, profesora asistente de extensión en el Department of Entomology and Plant Pathology de NC State y coautora del estudio, señaló que la confirmación de la especie tiene una doble lectura. Por un lado, permite saber con claridad qué plaga está afectando el cultivo. Por otro, Carolina del Norte fue el primer estado en reportar infestación de Prionus en arándanos y actualmente no existen insecticidas etiquetados específicamente contra esta plaga en ese cultivo.
Esta limitación obliga a trabajar con ensayos y protocolos ajustados. Lopez inició pruebas con insecticidas para identificar opciones eficaces y sincronizar los tratamientos con los ciclos reproductivos de P. imbricornis. El objetivo es limitar el desarrollo temprano de las larvas, reducir el daño radicular y ofrecer a los productores una herramienta de manejo validada.
La causa y el resultado son claros: si se conoce el momento reproductivo de la plaga, es posible intervenir antes de que las larvas causen daños mayores en las raíces. Si se actúa tarde, el deterioro subterráneo puede comprometer plantas productivas y elevar los costos de reposición o recuperación del cultivo.
Una señal de alerta para los berries
El arándano es un cultivo sensible porque combina inversión alta, manejo técnico y expectativa de producción por varios años. Una plaga que compromete raíces no solo afecta una campaña; puede reducir la vida útil de las plantas y alterar la estructura productiva de una finca. Por eso, el diagnóstico de P. imbricornus en Carolina del Norte tiene importancia para productores, asesores y programas de extensión agrícola.
La experiencia también recuerda que las plagas emergentes pueden aparecer primero como daños dispersos o síntomas difíciles de interpretar. En berries y frutales, los sistemas de monitoreo deben considerar insectos, hongos, bacterias, nematodos y otras causas de debilitamiento. En Chile, por ejemplo, se ha estudiado el uso de hongos entomopatógenos para el control de plagas en berries, una línea que muestra la necesidad de herramientas diversas según el organismo objetivo.
La identificación genética aporta una ventaja concreta: evita tratar a ciegas. Cuando una plaga vive bajo el suelo y sus larvas se parecen a las de especies cercanas, el análisis molecular puede acelerar el diagnóstico y mejorar la respuesta. Ese enfoque se vuelve cada vez más necesario en una agricultura donde las plagas se desplazan, cambian de hospedero o aparecen en regiones productivas donde antes no estaban documentadas.
Monitoreo, diagnóstico y manejo integrado
El estudio de NC State no cierra el problema, pero ordena la respuesta. Primero identifica la especie. Luego permite estudiar su ciclo en arándanos. Finalmente abre la puerta a ensayos de manejo que consideren el momento de emergencia de adultos, la puesta de huevos y el desarrollo larval. Ese proceso es la base de un manejo integrado de plagas más eficiente.
El monitoreo con feromonas, la revisión de raíces, la confirmación genética y la evaluación de tratamientos forman parte de una misma ruta. Para los productores, el mensaje práctico es que los síntomas de debilitamiento en arándanos no deben atribuirse de inmediato a causas generales. Cuando hay sospecha de daño radicular, la identificación de la plaga puede determinar si una intervención tendrá sentido o no.
El caso también refuerza la importancia de soluciones que protejan el cultivo sin generar daños innecesarios en el agroecosistema. La diversificación, el control biológico, la vigilancia técnica y el uso responsable de productos pueden formar parte de respuestas más equilibradas. Investigaciones previas han mostrado que la diversificación de los campos de cultivo puede reducir la abundancia de plagas, aunque cada caso requiere adaptar las medidas al cultivo y al insecto específico.
Para Carolina del Norte, el siguiente paso será transformar el diagnóstico en recomendaciones operativas. Con una especie confirmada, condados afectados identificados y ensayos en marcha, los productores de arándanos cuentan ahora con una base científica más sólida para enfrentar una plaga que permaneció durante años bajo tierra y sin nombre claro.
Fuente(s) referenciales
Phys.org – Scientists identify ‘mystery beetle’ attacking blueberry farms across North Carolina
