Enfermedades en ganadería

Argentina refuerza el control de la garrapata bovina

Publicado el 23/07/2026 · REDACCION

El SENASA actualizó el plan nacional con estrategias diferenciadas por zonas, bioensayos obligatorios y nuevas herramientas para contener al parásito


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.

El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria de Argentina actualizó el Plan Nacional de Control Integrado y Erradicación de la Garrapata del bovino, ante la proliferación del parásito y las dificultades que enfrentan los productores para contenerlo, especialmente en el Litoral argentino.

La modificación fue establecida mediante la Resolución 655/2026, publicada en el Boletín Oficial. La normativa busca adaptar las estrategias sanitarias a la situación epidemiológica de las provincias y departamentos afectados, optimizar los controles y proteger las regiones que permanecen libres del ectoparásito.

La garrapata bovina representa un problema sanitario y productivo para la ganadería porque afecta directamente a los animales y puede actuar como vector de enfermedades. La necesidad de fortalecer su manejo se vincula también con la capacidad de las garrapatas de transmitir babesiosis bovina y otros agentes que perjudican al rodeo.

El nuevo esquema establece criterios específicos para cada región involucrada. La intención es abandonar una respuesta uniforme y aplicar medidas diferenciadas de acuerdo con la presencia del parásito, el grado de infestación y las posibilidades de erradicación o control disponibles en cada territorio.

El plan divide el territorio en tres zonas sanitarias

La normativa define tres categorías territoriales. La primera es la Zona de Resguardo Sanitario, identificada con las siglas RS, que comprende áreas naturalmente libres de garrapata bovina.

En estas regiones, el objetivo principal consiste en conservar el estatus sanitario mediante tareas de vigilancia epidemiológica y acciones preventivas destinadas a impedir el ingreso del parásito desde zonas infestadas.

La segunda categoría es la Zona de Erradicación, denominada zona E. Allí existe presencia de garrapata, aunque conviven áreas con distintos niveles de infestación, desde sectores naturalmente libres hasta territorios donde el parásito está establecido.

La estrategia para esta zona consiste en reducir progresivamente la prevalencia hasta alcanzar la erradicación. Para ello será necesario identificar los establecimientos afectados, aplicar planes de saneamiento y controlar los movimientos de animales capaces de dispersar el ectoparásito.

La tercera categoría corresponde a la Zona de Control Poblacional con Monitoreo Voluntario, o zona C. En estos territorios la garrapata se encuentra distribuida de forma endémica, por lo que el propósito es mantener su carga bajo control y evitar que se extienda hacia otras regiones.

Los establecimientos tendrán una clasificación sanitaria

La Resolución 655/2026 también clasifica a los establecimientos ganaderos en función de su ubicación, la estrategia sanitaria correspondiente, su estatus y, cuando resulte aplicable, el grado de cumplimiento del plan de saneamiento.

Esta clasificación permitirá asignar procedimientos y acciones diferenciadas. Una explotación ubicada en una zona libre no tendrá las mismas obligaciones que otra situada en un territorio endémico o en una región donde se desarrolla un proceso de erradicación.

El enfoque territorial busca fortalecer la vigilancia y concentrar los recursos en las situaciones de mayor riesgo. La protección de las zonas libres resulta particularmente relevante porque el ingreso de animales infestados puede modificar el estatus sanitario y obligar a implementar nuevas medidas de control.

La vigilancia permanente forma parte de las estrategias utilizadas para preservar la sanidad del rodeo argentino, como ocurre con el uso de terneros centinela para el monitoreo sanitario frente a otras enfermedades bovinas.

Los bioensayos garrapaticidas serán obligatorios

Una de las principales novedades del plan es la realización obligatoria de bioensayos garrapaticidas, también conocidos como pruebas de sensibilidad. Estos análisis deberán aplicarse en todos los establecimientos donde se detecten garrapatas en tropas, tanto durante el tránsito como en el lugar de destino.

La obligación también se extenderá a las explotaciones con focos crónicos situadas dentro de las zonas de erradicación. Los ensayos permitirán determinar la sensibilidad de las poblaciones de garrapatas frente a los productos utilizados para combatirlas.

El objetivo es evitar la aplicación reiterada de tratamientos que hayan perdido eficacia y reducir la propagación de poblaciones resistentes. La resistencia a los acaricidas representa uno de los principales obstáculos para controlar al parásito en regiones con infestaciones persistentes.

La incorporación de pruebas de sensibilidad permitirá seleccionar tratamientos adecuados para cada establecimiento. Esta decisión resulta esencial porque el uso incorrecto o repetitivo de productos puede reducir su efectividad y dificultar todavía más el saneamiento de los rodeos.

El control integrado suma herramientas biológicas y genéticas

El plan actualizado incorpora herramientas adicionales dentro del control integrado de garrapatas. Entre ellas se encuentra el control biológico, que podrá complementar los tratamientos convencionales y reducir la dependencia exclusiva de los productos garrapaticidas.

La normativa también contempla la utilización de biotipos bovinos con resistencia natural al ectoparásito, principalmente en la zona C, donde la garrapata presenta una distribución endémica y la erradicación inmediata no constituye el objetivo principal.

La resistencia natural de determinadas razas o poblaciones ganaderas puede contribuir a reducir la carga parasitaria y las pérdidas productivas. En Argentina, estudios realizados sobre la resistencia del bovino criollo frente a la garrapata han destacado el valor de esta característica para los sistemas ganaderos expuestos al parásito.

El enfoque integrado combina vigilancia, tratamientos químicos, control biológico, manejo de los animales y selección de biotipos resistentes. La finalidad es construir una estrategia más sostenible y disminuir la presión que favorece la resistencia a los productos veterinarios.

La respuesta inmunológica de los animales también es un factor considerado en la investigación sanitaria. Algunos estudios han observado que la exposición previa puede reducir la supervivencia y reproducción de las garrapatas, aunque el manejo de las infestaciones requiere medidas coordinadas en cada establecimiento.

Las zonas libres tendrán vigilancia obligatoria

Los titulares y los técnicos acreditados en inspección y predespacho de tropas de los establecimientos ubicados en zonas de Resguardo Sanitario deberán notificar obligatoriamente cualquier hallazgo de garrapata.

También tendrán que realizar vigilancia epidemiológica sobre el ingreso de animales procedentes de regiones donde existe presencia del ectoparásito. El control de los movimientos constituye una barrera esencial para evitar la introducción del parásito en territorios libres.

Las tropas pueden transportar garrapatas desde un establecimiento infestado hacia otro sin presencia previa. Por esta razón, la inspección antes del traslado y la revisión en destino forman parte de las medidas previstas para contener su dispersión.

La obligación de notificar los hallazgos permitirá al SENASA intervenir con mayor rapidez, establecer el origen de la infestación y aplicar las acciones sanitarias correspondientes antes de que el problema se extienda.

Cuatro pilares orientan la nueva estrategia sanitaria

El SENASA definió cuatro pilares para el plan actualizado: prevenir el ingreso de la garrapata en zonas libres, proteger la inocuidad de los alimentos, evitar la propagación de resistencia a los productos garrapaticidas y fomentar el control integrado del parásito.

La protección de la inocuidad se relaciona con el uso responsable de productos veterinarios y el cumplimiento de los procedimientos sanitarios. Los tratamientos deben aplicarse de forma adecuada para controlar la infestación sin comprometer la seguridad de los alimentos de origen animal.

La actualización normativa responde especialmente a la situación del Litoral argentino, donde los productores enfrentan dificultades crecientes para contener las poblaciones de garrapatas. La presencia endémica, los focos persistentes y la menor eficacia de algunos tratamientos exigen estrategias ajustadas a cada zona.

Con la clasificación territorial, los bioensayos obligatorios y la incorporación de herramientas biológicas y genéticas, el organismo sanitario busca reducir las pérdidas ganaderas, proteger las regiones libres y limitar la expansión de poblaciones resistentes a los tratamientos disponibles.

Fuente(s) referenciales

Infocampo



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