Agricultura

Bacterias frenan enfermedades del champiñón sin dañar el cultivo

Publicado el 28/07/2026 · REDACCION

Investigadores del IRNASA-CSIC identificaron tres cepas de Bacillus velezensis con actividad selectiva frente a los hongos causantes de la mole seca, la mole húmeda y la telaraña


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz

Una investigación encabezada por el científico Jaime Carrasco, del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca (IRNASA-CSIC), identificó tres cepas bacterianas capaces de combatir algunas de las enfermedades fúngicas más perjudiciales para el cultivo del champiñón común sin afectar directamente al hongo destinado al consumo.

El trabajo abre una vía para desarrollar productos de biocontrol diseñados específicamente para la producción de Agaricus bisporus. Esta selectividad resulta especialmente relevante porque el champiñón y los microorganismos responsables de sus principales enfermedades pertenecen al reino de los hongos, lo que dificulta utilizar fungicidas convencionales sin ocasionar daños al propio cultivo.

Las bacterias seleccionadas pertenecen a la especie Bacillus velezensis y fueron aisladas del entorno natural asociado a la producción de champiñones. Los resultados indican que producen fengicina, un compuesto antifúngico que altera las estructuras celulares de los patógenos y limita tanto su crecimiento como su capacidad para provocar enfermedad.

Tres cepas seleccionadas entre más de 140 bacterias

El estudio se originó durante la etapa posdoctoral de Jaime Carrasco en la Universidad de Oxford y se desarrolló mediante una colaboración científica internacional prolongada durante varios años. Los investigadores reunieron un biobanco de más de 140 bacterias presentes de forma natural en el ambiente donde se produce el champiñón.

Tras analizar la actividad de esos microorganismos, el equipo seleccionó tres cepas de Bacillus velezensis por su capacidad para actuar contra los patógenos sin perjudicar el crecimiento del champiñón. El enfoque aprovecha bacterias que ya forman parte del ecosistema microbiano del cultivo, las multiplica en condiciones controladas y plantea su posterior reintroducción como medida preventiva.

El avance complementa otras investigaciones sobre el papel de las comunidades microbianas en la sanidad de este alimento, entre ellas la identificación de bacterias relacionadas con enfermedades del champiñón blanco. Conocer qué microorganismos favorecen o perjudican la producción permite diseñar estrategias de manejo más específicas.

Biocontrol contra la mole seca, la mole húmeda y la telaraña

Las cepas estudiadas mostraron actividad frente a los hongos responsables de la mole seca, la mole húmeda y la denominada telaraña del champiñón. Estas enfermedades pueden propagarse con rapidez dentro de las instalaciones productivas, deformar los cuerpos fructíferos, reducir la calidad comercial y provocar pérdidas importantes de cosecha.

La mole seca puede causar manchas, deformaciones y masas de tejido alterado. La mole húmeda produce lesiones blandas y malformaciones, mientras que la telaraña se caracteriza por un micelio que se extiende sobre la superficie de cultivo y los champiñones afectados.

El control de estos patógenos exige medidas estrictas de higiene, vigilancia, manejo ambiental y eliminación del material contaminado. Sin embargo, la disponibilidad de tratamientos específicos es limitada debido al riesgo de que las sustancias antifúngicas afecten también al champiñón cultivado.

La posible incorporación de microorganismos beneficiosos ampliaría las herramientas disponibles para los productores y se integraría en la expansión de los bioinsumos elaborados con bacterias y otros organismos útiles para reducir la dependencia de productos químicos de síntesis.

La fengicina daña selectivamente a los patógenos

Los análisis atribuyen buena parte de la actividad protectora a la fengicina, una molécula producida por las cepas seleccionadas. Este compuesto interactúa con las membranas celulares de determinados hongos patógenos, altera su integridad e impide que continúen creciendo y desarrollando su capacidad infecciosa.

La investigación señala que las bacterias actúan de forma selectiva: atacan a los agentes causantes de las enfermedades estudiadas, pero no ocasionan el mismo efecto sobre Agaricus bisporus. Esa diferencia constituye la base para explorar formulaciones destinadas específicamente a los hongos comestibles.

Los resultados fueron protegidos mediante una patente presentada en 2021 como parte del proceso necesario para facilitar una futura transferencia al sector productivo. La publicación científica posterior aporta la evidencia experimental que respalda el mecanismo de acción y la selección de las cepas.

El desarrollo también se relaciona con el creciente aprovechamiento de los hongos y sus derivados en agricultura, como ocurre con la obtención de quitosano sostenible a partir de residuos de champiñones, un material investigado por sus propiedades antimicrobianas y su posible aplicación como biofungicida.

La permanencia de las bacterias es el principal desafío

Aunque las cepas mostraron una elevada eficacia en condiciones experimentales, todavía deben superar una dificultad antes de convertirse en una solución de uso habitual: mantenerse activas durante suficiente tiempo dentro del sustrato comercial.

Cuando las bacterias seleccionadas se incorporan al cultivo deben competir con una comunidad microbiana ya establecida. Las sondas moleculares utilizadas por el equipo revelaron que su persistencia es menor de la necesaria para asegurar una producción prolongada de fengicina y una protección estable durante todo el ciclo.

Los próximos trabajos deberán determinar cómo mejorar esa permanencia, establecer dosis y momentos de aplicación, diseñar formulaciones adecuadas y comprobar la eficacia en condiciones comerciales. También será necesario evaluar la estabilidad del producto, su seguridad y su compatibilidad con las prácticas habituales de las explotaciones.

Una herramienta potencial para un cultivo de alto valor

El champiñón común es uno de los hongos comestibles más cultivados en el mundo. Su producción se realiza en ambientes controlados con elevados niveles de humedad y abundante materia orgánica, condiciones favorables para el desarrollo del cultivo, pero también para la aparición y propagación de microorganismos patógenos.

La vulnerabilidad sanitaria se suma a otros desafíos relacionados con la uniformidad de las variedades comerciales. Un estudio sobre la historia genética y la domesticación del champiñón común mostró la importancia de conservar diversidad para fortalecer la capacidad de respuesta frente a enfermedades y cambios en los sistemas productivos.

El hallazgo liderado por Carrasco no constituye todavía un fungicida comercial disponible para los agricultores. Representa una base científica y tecnológica para desarrollar futuros productos biológicos capaces de proteger el champiñón mediante microorganismos seleccionados del propio entorno productivo.

La investigación mantiene además una vinculación directa con Castilla-La Mancha, especialmente con la comarca de La Manchuela, donde el cultivo de hongos comestibles posee una notable importancia económica. Carrasco continuará trabajando desde el CSIC en Salamanca y prevé conservar la colaboración con el sector productor de la región.

Fuente referencial:
Delegación del CSIC en Castilla y León



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