Un análisis de 65.657 casos relacionó determinados paisajes secos y tierras agrícolas recién retiradas de producción con distintas tasas de esta infección respiratoria
Redactor: Luis Ortega
Editor: Camila Herrera R.
Las comunidades de California rodeadas por terrenos secos, vegetación escasa y algunos tipos de campos agrícolas presentaron tasas más altas de fiebre del Valle, según una investigación de la Universidad de California en San Diego y la Universidad de California en Berkeley. El estudio también identificó una asociación entre las tierras recién puestas en barbecho y una mayor incidencia de esta infección respiratoria en determinadas circunstancias.
Los científicos analizaron 65.657 casos confirmados y notificados al Departamento de Salud Pública de California entre abril de 2008 y marzo de 2021. La información sanitaria fue comparada con mapas detallados de vegetación natural, cultivos y campos sin producción correspondientes a 20 condados donde la enfermedad era más frecuente.
El trabajo, publicado el 21 de agosto de 2026 en la revista Science Advances, no demuestra que un cultivo o uso del suelo específico cause directamente la fiebre del Valle. Los resultados establecen asociaciones estadísticas que deberán comprobarse mediante muestreos de suelo y estudios directos sobre la presencia y dispersión del hongo responsable.
El polvo transporta las esporas de un hongo del suelo
La fiebre del Valle, también conocida como coccidioidomicosis, es causada por hongos del género Coccidioides, presentes en suelos de algunas áreas de California y del suroeste de Estados Unidos. Cuando el terreno es alterado por el viento, la agricultura, las excavaciones o la construcción, sus diminutas esporas pueden quedar suspendidas en el aire y ser inhaladas.
La enfermedad no se transmite de una persona a otra. Muchas personas expuestas no desarrollan síntomas, pero quienes enferman pueden sufrir una afección respiratoria debilitante durante semanas o meses. Una proporción pequeña presenta complicaciones graves, incluida la propagación de la infección fuera de los pulmones o una enfermedad pulmonar prolongada.
Las tasas registradas en California aumentaron más de un 800 % durante las dos últimas décadas, de acuerdo con la información presentada por los investigadores. La carga más elevada se concentra en el sur del valle de San Joaquín, una de las regiones agrícolas más productivas del mundo.
Esta zona también afronta sequía, escasez de agua y nuevas regulaciones sobre la extracción de aguas subterráneas. Esas presiones están modificando el uso del territorio y favoreciendo la retirada temporal o permanente de algunas superficies agrícolas.
Paisajes secos y determinados cultivos mostraron tasas mayores
El análisis tuvo en cuenta factores que podían influir en los resultados, entre ellos el clima, la elevación, las condiciones socioeconómicas y el empleo en los sectores agrícola y de la construcción. Después de incorporar esas variables, los científicos encontraron diferencias relacionadas con la cobertura del suelo alrededor de las comunidades.
Una mayor presencia de matorrales, terrenos desnudos y pastizales se asoció con tasas superiores de fiebre del Valle. Estos paisajes secos y con poca vegetación podrían proporcionar condiciones favorables para el hongo y producir polvo capaz de transportar sus esporas hacia zonas habitadas.
También se observaron asociaciones positivas en áreas con mayor extensión de campos de granos y heno, cultivos como sorgo, soja, maíz y algodón, y terrenos sometidos a múltiples cosechas. Las labores de preparación, arado y recolección pueden remover el suelo y generar polvo, aunque el estudio no atribuye a esas actividades una relación causal demostrada.
Los patrones estacionales podrían intervenir en esta relación. Algunos cultivos se cosechan durante el verano y el otoño, periodos en los que se considera que las esporas infecciosas pueden ser más abundantes en el suelo y el aire.
En sentido contrario, las comunidades próximas a mayores superficies de árboles frutales y de frutos secos, arroz, frutas, verduras, flores y bayas mostraron tasas inferiores. Los investigadores advierten que estas diferencias podrían depender de características como la cobertura vegetal, el riego, el calendario de labores y el grado de alteración del terreno.
Los campos recién puestos en barbecho requieren atención
La superficie total de tierra en barbecho dentro de una zona no presentó por sí sola una relación estadísticamente significativa con la incidencia de la enfermedad. La señal apareció específicamente en los terrenos que habían sido retirados de la producción recientemente.
Las áreas con una mayor proporción de campos recién puestos en barbecho registraron tasas más altas, pero la relación varió según el historial agrícola de cada parcela. Los campos que anteriormente habían albergado una combinación de cultivos mostraron una asociación positiva, mientras que los dedicados exclusivamente a determinados cultivos presentaron resultados distintos.
El hallazgo adquiere importancia ante la aplicación de la Ley de Gestión Sostenible de las Aguas Subterráneas de California. La normativa está impulsando ajustes en el riego y podría acelerar el retiro de tierras agrícolas en sectores del valle de San Joaquín.
Investigaciones anteriores sobre alternativas para reducir el consumo agrícola de agua en California ya han señalado el barbecho como una posible medida de ahorro. El nuevo estudio plantea que sus efectos sanitarios también deberían considerarse al diseñar esa transición.
Otros análisis sobre estrategias de adaptación hídrica para comunidades agrícolas del oeste estadounidense incluyen la reducción de superficies cultivadas y el barbecho periódico. La asociación ahora detectada no invalida esas medidas, pero indica que la gestión del terreno retirado puede ser tan importante como la decisión de dejar de cultivarlo.
Controlar el polvo puede reducir la exposición rural
Alexandra Heaney, profesora asistente de la Escuela Herbert Wertheim de Salud Pública y Ciencias de la Longevidad Humana de UC San Diego y primera autora del estudio, señaló que la transformación del paisaje agrícola californiano puede generar consecuencias que trascienden la producción y el uso del agua.
Los autores proponen evaluar medidas de control del polvo en campos recién puestos en barbecho o retirados de la actividad. Entre las opciones se encuentran aquellas prácticas capaces de estabilizar la superficie y limitar la dispersión de partículas, aunque el estudio no determina cuál técnica sería la más eficaz para cada terreno.
El seguimiento sanitario también podría reforzarse durante los periodos polvorientos. Para las personas que trabajan al aire libre, los investigadores mencionan medidas de protección respiratoria, como mascarillas N95, y sistemas de advertencia sobre la calidad del aire durante las temporadas consideradas de mayor riesgo.
La exposición laboral merece especial atención porque las faenas agrícolas remueven el suelo y colocan a los trabajadores cerca de las fuentes de polvo. Las condiciones de seguridad de estas poblaciones ya han sido objeto de análisis en estudios sobre riesgos y protección de los trabajadores agrícolas.
El estudio pide muestrear directamente los suelos
La investigación empleó registros epidemiológicos y mapas de cobertura territorial, por lo que no confirmó la presencia del hongo en cada campo relacionado con los casos. Tampoco permite establecer dónde se produjo exactamente la exposición de cada persona.
El siguiente paso será tomar muestras directas en suelos y parcelas para determinar dónde crece Coccidioides, cómo influyen las prácticas agrícolas sobre su presencia y bajo qué condiciones las esporas pasan al aire. Esa información permitiría diferenciar entre una asociación territorial y un mecanismo efectivo de exposición.
Justin Remais, profesor de la Escuela de Salud Pública de UC Berkeley y autor principal del estudio, indicó que las consecuencias sanitarias deben evaluarse junto con los efectos ambientales y económicos de la adaptación de California a la escasez de agua.
Los resultados sitúan el manejo posterior al cultivo como un componente de la planificación rural. Si futuras investigaciones confirman que determinados tratamientos reducen la liberación de esporas, las medidas de prevención podrían incorporarse a los programas de barbecho para proteger a trabajadores y comunidades cercanas sin perder de vista las necesidades de conservación hídrica.
Fuentes referenciales:
Phys.org – Información proporcionada por la Universidad de California en San Diego
Science Advances – Estudio científico original


