Un estudio de 19 años en tres cuencas agrícolas de Estados Unidos comprobó que la eficacia de las prácticas de conservación cambia según el tipo de erosión y las características de cada territorio
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
Las franjas vegetales situadas en los bordes de los campos agrícolas pueden retener una parte importante del suelo arrastrado por el agua, pero su eficacia disminuye cuando el escurrimiento se concentra y forma cárcavas efímeras. Esa es una de las principales conclusiones de una investigación desarrollada en Estados Unidos y publicada en octubre de 2026 en la revista científica Catena.
El trabajo, realizado por investigadores vinculados al Servicio de Investigación Agrícola del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA-ARS), el Servicio de Conservación de Recursos Naturales (USDA-NRCS) y Middle Tennessee State University, analizó durante un periodo de 19 años tres cuencas agrícolas ubicadas en Maryland, Vermont y Ohio.
Los resultados muestran que las barreras de pasto instaladas en los límites de los campos alcanzaron una eficiencia media de retención de sedimentos del 57 % frente a la erosión laminar y en surcos, mientras que la cifra descendió al 38 % cuando el sedimento procedía de cárcavas efímeras.
La diferencia es relevante porque la erosión del suelo agrícola elimina las capas superficiales más productivas y puede transportar sedimentos y nutrientes hacia ríos, lagos y otras masas de agua. El nuevo estudio indica que no basta con conocer si existe una medida de conservación: también es necesario determinar qué proceso erosivo domina en cada parcela.
Tres cuencas permitieron comparar condiciones agrícolas diferentes
Los investigadores seleccionaron cuencas incluidas en el Conservation Effects Assessment Project (CEAP), una iniciativa del USDA destinada a evaluar los efectos de las prácticas de conservación sobre recursos como el suelo y el agua. Las zonas estudiadas presentan diferencias de clima, topografía, tipos de suelo y sistemas de manejo agrícola.
El análisis consideró escalas que iban desde celdas de terreno de tres metros hasta campos de aproximadamente cinco hectáreas y cuencas completas. Para representar con detalle la actividad agrícola se incorporaron miles de subcuencas y más de 1.100 rotaciones de cultivos diferentes, con secuencias de manejo que abarcaban entre 11 y 16 años.
El equipo utilizó el modelo AnnAGNPS, desarrollado mediante una colaboración de largo plazo entre USDA-ARS y USDA-NRCS para estudiar contaminación difusa y transporte de sedimentos en cuencas agrícolas. Con esta herramienta reconstruyeron la relación entre las zonas donde se genera el sedimento y los lugares donde las prácticas de conservación pueden interceptarlo.
El enfoque complementa otros métodos utilizados para localizar las áreas agrícolas más vulnerables. Investigaciones anteriores han demostrado que los mapas de erosión de alta resolución pueden ayudar a proteger la fertilidad de los campos al indicar dónde conviene concentrar las medidas de conservación.
Las cárcavas efímeras reducen la eficacia de las barreras
La investigación distinguió dos grandes fuentes de pérdida de suelo. La primera fue la erosión laminar y en surcos, producida cuando la lluvia y la escorrentía desprenden y transportan partículas de forma relativamente distribuida sobre la superficie. La segunda correspondió a las cárcavas efímeras, generadas cuando el agua se concentra en determinados puntos y excava canales dentro de los campos.
Estas cárcavas pueden desaparecer parcialmente después de las labores agrícolas y reaparecer con nuevas lluvias, lo que dificulta su manejo. Aunque sean temporales, pueden convertirse en una fuente considerable de sedimentos porque concentran el flujo de agua y aumentan su capacidad erosiva.
La dificultad de controlar estos procesos ya había sido señalada en investigaciones que desarrollaron herramientas para predecir dónde pueden aparecer cárcavas en terrenos agrícolas. El nuevo estudio añade que las medidas que funcionan bien frente a una erosión más distribuida no necesariamente mantienen la misma eficiencia cuando el agua circula de manera concentrada.
Las barreras vegetales situadas en los bordes del campo lograron retener en promedio más sedimento procedente de erosión laminar y en surcos que de las cárcavas efímeras. Además, la eficiencia frente a estas últimas mostró una variabilidad espacial y temporal considerablemente mayor.
Maryland, Vermont y Ohio respondieron de manera distinta
Los investigadores comprobaron que no existió una eficiencia uniforme entre las tres cuencas. Cuando se comparó la retención media de sedimentos por unidad de superficie, Maryland presentó el mejor desempeño, seguido por Vermont y Ohio.
Las diferencias reflejan la interacción entre pendiente, suelos, clima, ubicación de las prácticas de conservación, sistemas de cultivo y rutas que sigue la escorrentía. Una misma franja vegetal puede, por tanto, producir resultados diferentes dependiendo de dónde se encuentre dentro de la cuenca y del origen del sedimento que llega hasta ella.
Este resultado cuestiona la aplicación de soluciones idénticas en paisajes agrícolas con características distintas. Las prácticas de conservación necesitan ubicarse donde realmente intercepten los principales flujos de agua y sedimentos.
La cobertura permanente del terreno sigue siendo una herramienta importante dentro de ese conjunto de medidas. Los cultivos de cobertura ayudan a reducir la erosión causada por el agua y el viento, además de favorecer la infiltración y proteger la superficie entre los ciclos de los cultivos comerciales.
Franjas ribereñas y vías de agua con pasto cumplen funciones distintas
El estudio evaluó franjas de vegetación ribereña y vías de agua cubiertas con pasto. Las primeras se establecen normalmente entre los campos cultivados y cursos de agua para disminuir la velocidad de la escorrentía y favorecer que los sedimentos se depositen antes de llegar a ríos o arroyos.
Las vías de agua con vegetación, en cambio, se sitúan en zonas por donde naturalmente tiende a concentrarse el flujo dentro del terreno. La cobertura herbácea protege el suelo y permite conducir el agua reduciendo la capacidad del flujo para desprender partículas.
Ambas estrategias pueden disminuir las pérdidas, pero los autores subrayan que su desempeño depende de la ubicación y de los procesos erosivos presentes. Una barrera instalada aguas abajo puede interceptar sedimentos transportados de manera dispersa y, al mismo tiempo, resultar menos efectiva si un flujo concentrado asociado a una cárcava encuentra una trayectoria que reduce o evita su capacidad de retención.
El principio coincide con otras prácticas agrícolas que mantienen el terreno protegido. Sistemas como la siembra directa pueden disminuir la exposición del suelo a la erosión y conservar humedad, aunque sus resultados dependen del manejo y de las condiciones locales.
La conservación debe diseñarse para cada cuenca agrícola
La principal implicación práctica del estudio es que los programas de conservación deberían identificar primero las fuentes dominantes de sedimento y su distribución espacial. Los autores plantean que cada cuenca necesita planes adaptados a sus condiciones, en lugar de asumir una eficiencia estándar para las mismas medidas.
Esto implica determinar dónde comienza la erosión, qué trayectoria sigue la escorrentía, cuáles son las áreas que generan mayor cantidad de sedimento y qué prácticas ya existen antes de decidir dónde incorporar nuevas barreras o vías de agua vegetadas.
La necesidad de actuar de manera específica se vuelve especialmente importante cuando aparecen cárcavas. En distintas regiones agrícolas, la concentración de agua puede abrir canales que eliminan suelo productivo y fragmentan parcelas; un problema visible también en territorios donde las cárcavas avanzan sobre campos y zonas de pastoreo.
El trabajo estadounidense no concluye que las franjas vegetales o las vías de agua con pasto sean ineficaces frente a las cárcavas efímeras. Demuestra, en cambio, que su capacidad de retener sedimentos es más variable y que el diseño debe considerar expresamente los flujos concentrados.
Después de analizar 19 años de condiciones agrícolas, los investigadores sostienen que combinar información a escala de parcela y cuenca permite identificar mejor dónde una práctica puede producir el mayor beneficio. La conservación del suelo deja así de depender únicamente de qué medida se adopta y pasa a incluir una segunda pregunta decisiva: dónde debe colocarse para interceptar realmente la erosión que amenaza al campo.
Fuentes referenciales:
Catena – Analysis of the effect of conservation practices on soil loss in three agricultural watersheds containing ephemeral gullies
USDA Agricultural Research Service


