Irlanda necesita a los agricultores para recuperar sus bosques nativos


Un análisis publicado por The Conversation muestra que el programa irlandés de bosques nativos mejora la biodiversidad, pero no logra avanzar al ritmo esperado porque las políticas no siempre cubren los riesgos económicos del productor


Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.

Irlanda cuenta con clima suave, suelos fértiles y condiciones favorables para el crecimiento de árboles. Sin embargo, sigue siendo uno de los países menos forestados de Europa. Aunque el programa nacional de bosques nativos, creado por el gobierno en 2001, ha demostrado que puede recuperar biodiversidad, el país todavía tiene dificultades para alcanzar sus metas de plantación.

El problema no está solo en la ecología del sistema, sino en la economía de la finca. Investigadoras vinculadas a nuevos estudios sobre bosques nativos y decisiones de agricultores en Irlanda señalan que las políticas públicas no siempre coinciden con la realidad económica y cultural que enfrentan los productores cuando deciden convertir tierras agrícolas en bosque.

El análisis fue escrito por Kate Harrington y Laqiqige Zhu para The Conversation y difundido por Phys.org. Su punto central es claro: los agricultores son indispensables para restaurar bosques nativos, pero necesitan reglas más flexibles, apoyo de largo plazo y menor exposición a riesgos irreversibles.

Un país con poca cobertura forestal

Irlanda tiene apenas 11,6% de cobertura arbórea, muy por debajo del promedio de la Unión Europea, cercano al 40%. Durante décadas, el Estado plantó árboles en tierras consideradas menos aptas para la agricultura, como turberas y áreas altas. Pero los nuevos objetivos forestales dependen cada vez más de propietarios privados.

Ese punto es decisivo porque los agricultores poseen alrededor del 70% de la tierra en Irlanda. Si ellos no participan, los objetivos de plantación de árboles difícilmente podrán cumplirse. La restauración forestal no se decide únicamente desde un ministerio: ocurre en parcelas concretas, con familias que dependen de esa tierra para producir, heredar y sostener ingresos.

La tensión se parece a otros debates sobre integrar árboles y producción agropecuaria, donde el componente arbóreo puede aportar beneficios ambientales, pero exige planificación, inversión inicial y cambios en la organización del predio.

El programa sí mejora la biodiversidad

La parte positiva del programa irlandés es que los bosques nativos plantados durante las últimas dos décadas empiezan a parecerse, con el paso del tiempo, a bosques seminaturales. El seguimiento de casi 50 sitios mostró que, cuando la plantación se adapta al paisaje y cuenta con orientación de silvicultores, ecólogos y propietarios comprometidos, la biodiversidad responde.

Con los años, otras especies nativas procedentes de setos cercanos colonizan naturalmente las zonas plantadas. Los bordes de caminos y campos se convierten en franjas de pradera, los setos florecen y aumentan los espacios de alimento y refugio para polinizadores y fauna silvestre.

Esta idea coincide con estudios recientes sobre cómo los árboles pueden duplicar la biodiversidad en potreros, al transformar paisajes homogéneos en ambientes más complejos para aves, insectos, hongos y otros organismos útiles para los sistemas productivos.

Por qué los agricultores dudan

A pesar de esos beneficios, las tasas de plantación siguen siendo bajas. Las entrevistas y encuestas realizadas a agricultores irlandeses muestran una tensión de fondo: los subsidios disponibles no compensan completamente los riesgos privados que asume una familia cuando convierte tierra agrícola en bosque.

La decisión es especialmente delicada porque, bajo la legislación irlandesa, una vez que una tierra se planta con árboles queda reclasificada permanentemente como bosque. No existe una vía sencilla para volver luego a pastoreo o cultivo. Para un agricultor, esa pérdida de flexibilidad puede pesar más que el pago inicial.

También influyen las demoras en licencias de tala, la incertidumbre sobre precios futuros de la madera y el riesgo de plagas o enfermedades. El caso de la enfermedad del fresno, que dañó gravemente árboles en Irlanda y otras zonas de Europa, muestra que una plantación forestal puede enfrentar amenazas que el productor no controla.

No es rechazo irracional, es gestión del riesgo

Las investigadoras advierten que la baja adopción no debe interpretarse como simple resistencia cultural. Muchos agricultores valoran profundamente la tierra, sus nombres, historias familiares y usos tradicionales. Pero también actúan de forma racional frente a decisiones irreversibles bajo incertidumbre.

Desde el punto de vista económico, esperar puede ser una estrategia sensata. Si plantar árboles significa perder opciones futuras de uso de la tierra, aceptar precios inciertos y depender de trámites complejos, el agricultor conserva su margen de decisión hasta que la política sea más previsible y justa.

La experiencia de programas agroforestales en otros países muestra que el acompañamiento técnico y financiero puede cambiar esa percepción. En Estados Unidos, por ejemplo, un proyecto con pagos a agricultores por prácticas agroforestales combina incentivos, asistencia técnica y planificación para reducir el costo inicial de incorporar árboles.

El ejemplo de Finlandia

Irlanda no enfrenta sola este desafío. En toda Europa, los gobiernos intentan aumentar la plantación de árboles para cumplir objetivos climáticos y de biodiversidad, pero encuentran barreras similares cuando las medidas no encajan con la lógica productiva del campo.

El análisis menciona el caso de Finlandia, donde un programa de biodiversidad forestal para el sur del país paga a propietarios por proteger bosques mediante contratos voluntarios y flexibles, en lugar de imponer cambios permanentes de uso de la tierra. Esa flexibilidad ha ayudado a construir confianza y aumentar la participación.

La lección es directa: si se pide a los agricultores que proporcionen un bien público, como biodiversidad, carbono, agua limpia o paisaje, las políticas deben repartir mejor los costos y riesgos de esa decisión. De lo contrario, la carga queda sobre quienes administran la tierra.

Árboles, producción y confianza rural

La restauración de bosques nativos no tiene que presentarse como una guerra entre producción y conservación. En muchas fincas, árboles, setos, franjas florales, bosques pequeños y áreas productivas pueden convivir si existen reglas claras y diseños adaptados al territorio.

La agroforestería muestra esa posibilidad cuando integra árboles, cultivos, pasturas y ganado dentro de un mismo sistema. También puede mejorar microclima, reducir erosión, aportar sombra, diversificar ingresos y crear hábitat para polinizadores. En Europa, se ha documentado que la agroforestería beneficia a abejas y cultivos, precisamente porque aumenta la complejidad vegetal en paisajes agrícolas.

El caso irlandés, sin embargo, tiene una particularidad: el programa de bosques nativos implica convertir tierra en bosque bajo reglas permanentes. Por eso, la confianza institucional y la seguridad económica pesan tanto como la evidencia ecológica.

Qué debería cambiar la política forestal

El análisis plantea que Irlanda necesita políticas más flexibles y realistas. No basta con ofrecer subsidios si el agricultor percibe que pierde control sobre su tierra para siempre. Los incentivos deben reconocer que la restauración forestal produce beneficios públicos, pero impone costos privados.

Una política más efectiva tendría que reducir incertidumbre, simplificar trámites, ofrecer contratos adaptables, compartir riesgos por enfermedades o mercados, y reconocer el trabajo de manejo durante los primeros años, cuando los árboles jóvenes requieren mayor cuidado.

También debería valorar el conocimiento local. Los agricultores conocen drenajes, suelos, vientos, historia de uso, zonas improductivas y límites prácticos de cada finca. Sin esa información, una política técnicamente correcta puede fracasar en el terreno.

Restaurar bosques también es una decisión económica

La recuperación de bosques nativos en Irlanda demuestra que plantar árboles con enfoque ecológico puede traer de vuelta biodiversidad. Pero también deja una advertencia para otros países: las metas ambientales no avanzan si se diseñan sin comprender la economía diaria de quienes poseen y trabajan la tierra.

Para que la restauración forestal funcione, los agricultores deben ser tratados como socios estratégicos, no como obstáculos. Sus decisiones dependen de ingresos, herencia, identidad rural, riesgo legal, precios futuros y confianza en las instituciones.

El bosque nativo puede volver, pero no solo con árboles. Necesita políticas que hagan viable la decisión de plantarlos.

Fuente(s) referenciales

Phys.org / The Conversation: Farmers are key to restoring native woodlands—here’s what’s holding them back