Un nuevo monitoreo oficial detecta riesgo alto o muy alto en 197 municipios para cultivos de maíz y frijol sembrados en julio, mientras 228 municipios tienen más del 80 % de su área agropecuaria potencialmente afectada
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.
La sequía se intensificó durante septiembre de 2026 en Brasil y elevó el riesgo para explotaciones familiares que producen maíz y frijol de secano. El Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (Cemaden), organismo del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, identificó 27 municipios con riesgo muy alto y otros 170 con riesgo alto entre las áreas donde estos cultivos fueron sembrados en julio. El Nordeste concentra la mayor parte de los casos críticos, en un escenario que ya se refleja en pérdidas de productividad de maíz y frijol en varios estados.
El informe de riesgo para la agricultura familiar, publicado el 2 de octubre, analiza conjuntamente la exposición al déficit hídrico, las vulnerabilidades y la capacidad de adaptación de cada municipio. Para los cultivos iniciados en julio, 26 de los 27 municipios clasificados con riesgo muy alto se encuentran en el Nordeste, mientras 131 de los 170 municipios con riesgo alto pertenecen también a esa región.
La situación adquiere especial relevancia porque una parte considerable de la agricultura familiar del Semiárido depende de las lluvias. Las estrategias para reducir esa vulnerabilidad tienen antecedentes en el uso de cisternas, almacenamiento de lluvia y reúso de agua en explotaciones familiares del Nordeste brasileño, donde la disponibilidad hídrica determina qué cultivos pueden mantenerse durante los períodos secos.
El riesgo aumentó con fuerza para las siembras de julio
La comparación interanual realizada por Cemaden muestra una evolución especialmente desfavorable para las parcelas sembradas en julio. En septiembre de 2025 había 32 municipios clasificados con riesgo alto de sequía; un año después la cifra ascendió a 170. Además, en 2026 aparecieron 27 municipios en la categoría de riesgo muy alto.
El comportamiento fue diferente en las siembras posteriores. Entre los municipios donde el plantío comenzó en agosto, Cemaden contabilizó uno con riesgo muy alto, 31 con riesgo alto y 20 con riesgo moderado. Para las siembras de septiembre se registraron 22 municipios con riesgo alto y 16 con riesgo moderado.
Estos resultados no significan que todos los agricultores de esos municipios hayan perdido sus cultivos. El indicador expresa el nivel de riesgo a partir de la combinación entre amenaza climática, exposición y vulnerabilidad de la agricultura familiar. El impacto efectivo depende también del momento del ciclo, las condiciones locales del suelo y las prácticas utilizadas en cada explotación.
El calendario resulta determinante. Una sequía moderada o más intensa durante la implantación puede retrasar la siembra y dificultar la emergencia de las plantas; si el déficit ocurre durante fases posteriores, puede reducir el desarrollo y el rendimiento. Este principio también sustenta el uso de la zonificación agrícola brasileña para ajustar fechas de siembra y reducir el riesgo climático en la agricultura familiar.
El Nordeste concentra los casos más críticos
Los datos muestran una marcada concentración geográfica. De los 170 municipios con riesgo alto para cultivos sembrados en julio, 131 están en el Nordeste, 34 en la región Norte y cinco en el Centro-Oeste. Entre los 27 municipios con riesgo muy alto, 26 corresponden al Nordeste y uno al Norte.
El monitoreo general de sequía de Cemaden confirma el deterioro regional. Entre agosto y septiembre, el número de municipios brasileños clasificados en sequía severa o extrema pasó de 157 a 276, un incremento del 75,8 %. La sequía extrema aumentó de cuatro a 54 municipios y la severa pasó de 153 a 222.
Alagoas, Sergipe y el norte de Bahía concentraron buena parte del agravamiento. De los 51 municipios que pasaron a la categoría de sequía extrema durante septiembre, 50 están localizados en esos tres estados.
Alagoas registró la mayor intensificación: pasó de 35 municipios en sequía severa o extrema en agosto a 82 en septiembre. Bahía contabilizó 77 y Sergipe 69. Pernambuco, que en agosto no tenía municipios dentro de esas dos categorías, llegó a 14 en septiembre.
La sequía se mantiene durante varios meses en numerosas zonas
Otro elemento relevante es la persistencia del déficit hídrico. De los 276 municipios clasificados en septiembre con sequía severa o extrema, 262, equivalentes al 95 %, presentaban alguna condición de sequía desde julio.
Esto indica que en gran parte del territorio afectado no se trata únicamente de un episodio breve de falta de lluvia, sino de un déficit acumulado durante al menos tres meses consecutivos. Para los cultivos de secano, la duración puede ser tan importante como la intensidad puntual de la sequía.
El Semiárido brasileño dispone de una experiencia considerable en adaptación a esta variabilidad. Más de un millón de cisternas domésticas y numerosos depósitos destinados a la producción se han incorporado durante las últimas décadas a las propiedades rurales. La expansión de estas tecnologías sociales ha reducido parte de la vulnerabilidad de las familias rurales frente a sequías prolongadas, aunque no elimina los riesgos para los cultivos extensivos de secano.
Las explotaciones familiares también han incorporado sistemas productivos diversificados. En algunas zonas del Semiárido se combinan maíz, frijol, yuca, algodón, frutas y hortalizas para evitar que toda la economía de la finca dependa de un solo cultivo y de una única ventana de lluvias.
228 municipios tienen más del 80 % del área agropecuaria potencialmente afectada
El boletín general de Cemaden ofrece otra dimensión del problema. En septiembre, 317 municipios presentaron al menos el 40 % de sus áreas potencialmente agroproductivas bajo posible impacto de la sequía, considerando tanto agricultura como pasturas. Son 109 municipios más que en agosto.
Dentro de ese conjunto, 228 municipios tenían más del 80 % de su área agropecuaria potencialmente afectada. Alagoas encabezó la relación con 75 municipios, seguido por Bahía con 65 y Sergipe con 58.
Otros 45 municipios presentaban entre el 60 % y el 80 % de sus áreas agropecuarias potencialmente afectadas, mientras 44 se encontraban en la franja de entre 40 % y 60 %.
El indicador no equivale a afirmar que ese porcentaje de cultivos se haya perdido. Cemaden lo utiliza para identificar territorios donde las condiciones de sequía coinciden con áreas agrícolas o de pastoreo y donde, por tanto, existe potencial de impacto que requiere seguimiento.
Bahía perdió rendimiento en el maíz de segunda cosecha
Los efectos ya observados en los cultivos muestran diferencias importantes entre estados. En Bahía, la cosecha de maíz de segunda temporada concluyó con rendimientos 38,5 % inferiores a los estimados inicialmente, de acuerdo con los datos de la Companhia Nacional de Abastecimento (Conab) recopilados por Cemaden.
El organismo atribuye el resultado a una combinación de siembra fuera de la ventana considerada ideal y reducción de las precipitaciones a partir de abril. El dato es particularmente relevante porque muestra cómo el momento de implantación puede aumentar la exposición de un cultivo a un período posterior de déficit hídrico.
La sequía también afectó el frijol caupí en Bahía. La reducción y distribución irregular de las lluvias provocó estrés hídrico durante etapas reproductivas críticas, principalmente floración y llenado del grano. Los cultivos sembrados más tarde resultaron especialmente afectados.
El riesgo de pérdidas por sequía no es exclusivo de esta campaña ni del Nordeste. Un estudio internacional publicado este año identificó al este de Brasil entre los focos mundiales donde determinados cultivos de secano presentan elevada vulnerabilidad frente al déficit hídrico, junto con regiones agrícolas de Estados Unidos, el Mediterráneo y Asia meridional.
Paraíba y Piauí también registran pérdidas en maíz y frijol
En Paraíba, la mala distribución de las precipitaciones desde mediados de mayo comprometió el maíz de segunda cosecha en diferentes etapas de desarrollo. Cemaden señala una elevada proporción de parcelas en condiciones regulares o malas mientras la recolección se aproxima a su finalización.
El frijol caupí de segunda cosecha también sufrió en el estado. Después de un comienzo con precipitaciones constantes y abundantes, las lluvias se hicieron más escasas durante los dos meses posteriores y mostraron una distribución desigual entre Zona da Mata, Agreste y Sertão. El déficit fue más acusado en este último territorio.
En Piauí, la falta de agua durante fases críticas, especialmente floración y llenado de grano, redujo el potencial productivo del frijol caupí de segunda cosecha. Las siembras tardías fueron las más perjudicadas y la productividad media quedó por debajo de la temporada anterior.
El maíz de segunda cosecha de Piauí también registró efectos del déficit hídrico, que comprometió la productividad final en parte de las parcelas.
En Alagoas parte del maíz terminó como silaje o pastura
Alagoas presenta uno de los ejemplos más claros de cómo el déficit de lluvia puede modificar el destino de una producción. La irregularidad de las precipitaciones afectó el desarrollo del maíz de tercera cosecha y llevó a destinar numerosas áreas a la producción de silaje o directamente al pastoreo.
Esta decisión permite aprovechar biomasa que posiblemente no alcanzaría un rendimiento de grano satisfactorio. Para las explotaciones que también poseen ganado, transformar el cultivo afectado en alimento animal puede reducir parcialmente la pérdida, aunque el resultado económico y nutricional depende de la cantidad y calidad del material disponible.
El frijol de tercera cosecha también resultó afectado en Alagoas. Los bajos volúmenes de lluvia persistieron especialmente en el Sertão y redujeron tanto el potencial productivo como la productividad media prevista.
La necesidad de aprovechar mejor los recursos disponibles explica por qué algunas explotaciones familiares brasileñas combinan soluciones de agua, fertilización y energía. En el Nordeste, los biodigestores rurales producen biofertilizante para cultivos de maíz, frijol, frutas y hortalizas, integrando el manejo de residuos animales con la producción agrícola.
El índice combina lluvia, humedad del suelo y estado de la vegetación
Para evaluar la severidad de la sequía, Cemaden utiliza el Índice Integrado de Seca. La herramienta combina el déficit de precipitación, la anomalía de humedad del suelo considerada hasta un metro de profundidad y el índice de salud de la vegetación, que incorpora información sobre temperatura y vigor vegetal.
Esta combinación permite evitar una interpretación basada únicamente en cuánto llovió. Una zona puede registrar precipitaciones inferiores a lo normal sin que necesariamente exista un impacto agrícola severo si conserva humedad suficiente en el suelo; de manera inversa, varios meses de déficit pueden agotar progresivamente las reservas disponibles para las raíces.
Para calcular específicamente el riesgo de la agricultura familiar, el sistema incorpora además la vulnerabilidad y capacidad adaptativa municipal y utiliza el calendario agrícola de Conab para maíz y frijol no irrigados.
La metodología explica por qué el mapa de riesgo cambia según el mes de siembra. Una misma condición climática puede tener consecuencias diferentes para un cultivo recién implantado, una parcela en floración o una plantación que ya se aproxima a la cosecha.
La cosecha nacional de granos sigue siendo elevada pese a las pérdidas regionales
El deterioro observado en determinados estados no significa que Brasil enfrente una reducción generalizada de toda su producción agrícola. La estimación inicial de la cosecha nacional de granos 2025/26 era de 322,5 millones de toneladas, mientras la duodécima estimación de Conab la elevó a 361,7 millones.
Cemaden advierte además que las variaciones de producción no pueden atribuirse exclusivamente a la sequía. Cambios en la superficie sembrada, sustitución por cultivos más rentables, plagas y otros factores también pueden aumentar o disminuir el resultado de cada estado.
Esta diferencia entre el balance nacional y los impactos locales es esencial para interpretar el momento agrícola brasileño. El país puede registrar una cosecha total elevada mientras determinadas comunidades rurales sufren pérdidas importantes de maíz o frijol.
Con la campaña 2026/27 comenzando en distintas regiones, el seguimiento de la humedad del suelo y de las lluvias vuelve a ser determinante. Brasil ya proyecta un aumento potencial de las cosechas de soja y maíz para el nuevo ciclo, aunque las estimaciones permanecen condicionadas por el comportamiento climático.
El monitoreo permite diferenciar riesgo de pérdida confirmada
Los datos publicados el 2 de octubre ofrecen una fotografía detallada del riesgo, pero Cemaden distingue entre condiciones de sequía, riesgo agrícola e impactos efectivamente observados. Esta separación evita interpretar automáticamente una categoría de sequía como una pérdida determinada de producción.
En las áreas donde los cultivos ya completaron buena parte de su ciclo, los informes de Conab permiten identificar efectos concretos, como la reducción del rendimiento del maíz en Bahía o los problemas del frijol en distintos estados. En las parcelas todavía en desarrollo, el monitoreo funciona principalmente como señal de atención.
Para la agricultura familiar de secano, la evolución de las próximas precipitaciones será especialmente importante allí donde la humedad del suelo ya se encuentra comprometida. Las diferencias entre fechas de plantación muestran que el riesgo puede cambiar considerablemente incluso dentro de una misma temporada.
El boletín de septiembre deja así un escenario desigual: Brasil mantiene una elevada producción nacional de granos, pero el Nordeste concentra un fuerte deterioro hídrico y numerosas explotaciones familiares de maíz y frijol afrontan condiciones mucho más adversas. La magnitud final del impacto dependerá de la fase de los cultivos, de las lluvias posteriores y de la capacidad de cada territorio para enfrentar períodos prolongados de escasez de agua.
Fuentes referenciales:
Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (Cemaden/MCTI) – Riesgo de sequía en la agricultura familiar, septiembre de 2026
Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (Cemaden/MCTI) – Monitoreo de sequías e impactos en Brasil


