Una investigación de Embrapa en Minas Gerais identificó que las larvas de las moscas de las flores contribuyen a reducir la población de Melanaphis sorghi en cultivos forrajeros sin aplicaciones de insecticidas.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
Una investigación realizada en el estado de Minas Gerais, Brasil, ha identificado el papel de las moscas de las flores, conocidas como sírfidos, en el control natural de una de las principales plagas del sorgo forrajero. Los resultados, difundidos el 6 de octubre de 2026 por la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa), muestran que las larvas de estos insectos contribuyeron a contener las poblaciones del pulgón Melanaphis sorghi en parcelas donde no se aplicaron insecticidas químicos.
El estudio, desarrollado por investigadores de Embrapa Milho e Sorgo y universidades brasileñas, examinó durante dos campañas agrícolas la relación entre las plagas, sus enemigos naturales, las condiciones meteorológicas y el uso de productos fitosanitarios.
Los resultados indican que la presencia de insectos depredadores y las precipitaciones influyen en la evolución de las infestaciones. También destacan la importancia de conservar los organismos beneficiosos presentes en las explotaciones para evitar que las poblaciones de pulgones alcancen niveles perjudiciales.
La investigación aporta información específica sobre el manejo sanitario del sorgo forrajero, un cultivo utilizado principalmente en la alimentación del ganado por su producción de biomasa y su aprovechamiento para elaborar ensilaje.
Las larvas de sírfidos redujeron las poblaciones de pulgones
El hallazgo principal está relacionado con el comportamiento de los sírfidos, insectos pertenecientes a la familia Syrphidae que suelen observarse sobre las flores durante su etapa adulta.
Aunque los adultos pueden alimentarse de néctar y polen, las larvas de determinadas especies son depredadoras de pequeños insectos, especialmente pulgones.
En las parcelas de sorgo estudiadas en Minas Gerais, los investigadores encontraron una asociación positiva entre las poblaciones de Melanaphis sorghi y la presencia de larvas de sírfidos.
Esta relación indica que los depredadores respondían a la disponibilidad de presas en el cultivo y participaban en la regulación natural de la plaga.
La investigadora Simone Mendes, de Embrapa Milho e Sorgo, explicó que comprender estas interacciones resulta fundamental para desarrollar estrategias de manejo capaces de reducir las pérdidas agrícolas y evitar una dependencia innecesaria de los insecticidas.
La importancia de los insectos que se alimentan de plagas agrícolas ya se ha documentado en diferentes sistemas productivos. Sin embargo, el trabajo brasileño aporta observaciones concretas sobre su actuación frente a Melanaphis sorghi en condiciones de campo.
Dos campañas agrícolas permitieron comparar el manejo sanitario
Los experimentos se realizaron directamente en plantaciones comerciales destinadas a la producción de sorgo forrajero.
Durante dos campañas, los investigadores compararon cultivos sometidos a tratamientos con insecticidas y parcelas sin aplicaciones de estos productos.
El seguimiento incluyó muestreos semanales de las poblaciones de insectos, lo que permitió observar los cambios en la abundancia de las plagas y de sus enemigos naturales durante el desarrollo de las plantas.
Melanaphis sorghi fue la especie perjudicial más frecuente en las áreas evaluadas.
Sus poblaciones alcanzaron los niveles más elevados durante la fase vegetativa del cultivo, cuando las plantas todavía se encuentran desarrollando hojas y tallos.
En las parcelas sin intervención química, los investigadores observaron condiciones más favorables para la conservación de los depredadores naturales.
Esta circunstancia estuvo asociada con una mayor capacidad del sistema para regular las poblaciones de pulgones.
Los resultados no significan que todas las aplicaciones de insecticidas sean perjudiciales ni que las explotaciones puedan prescindir siempre de los tratamientos fitosanitarios. La investigación destaca la necesidad de seleccionar las intervenciones según el nivel de infestación y sus efectos sobre los organismos beneficiosos.
El pulgón del sorgo puede comprometer la calidad del ensilaje
Melanaphis sorghi representa un problema importante porque forma colonias sobre las hojas de las plantas y extrae savia durante su alimentación.
Según Embrapa, los pulgones suelen concentrarse en la cara inferior de las hojas, especialmente en aquellas situadas en las partes bajas del cultivo.
Esta distribución dificulta su detección durante las primeras etapas de una infestación.
Cuando las poblaciones aumentan considerablemente, los insectos producen una sustancia azucarada conocida como melaza.
Sobre esa superficie puede desarrollarse fumagina, un conjunto de hongos que forma una capa oscura sobre las hojas.
La acumulación de fumagina dificulta la recepción de luz y reduce la capacidad fotosintética de las plantas.
En el sorgo destinado a ensilaje, el deterioro de la superficie foliar puede afectar la calidad del material vegetal utilizado en la alimentación animal.
Este riesgo adquiere especial importancia en explotaciones ganaderas que dependen del sorgo para producir reservas de forraje durante períodos de menor disponibilidad de pasturas.
El cultivo es apreciado por su capacidad para generar biomasa y por su adaptación relativa a condiciones de calor y escasez de agua, aunque esa resistencia no elimina los riesgos asociados a plagas y enfermedades.
Las lluvias también influyeron en la presencia de la plaga
La investigación encontró que las condiciones meteorológicas desempeñaron un papel importante en la evolución de las poblaciones de pulgones.
En particular, los períodos de mayores precipitaciones estuvieron asociados con una reducción de la presencia de Melanaphis sorghi en el campo.
Simone Mendes señaló que la lluvia constituye uno de los factores ambientales más relevantes para la mortalidad natural de estos insectos.
La temperatura y la humedad relativa también forman parte de las variables que condicionan su comportamiento poblacional.
Estos resultados muestran que la presión de la plaga no depende exclusivamente de la cantidad de insecticidas aplicados.
La evolución de una infestación puede responder simultáneamente al clima, al estado del cultivo y a la presencia de depredadores naturales.
Los investigadores observaron, además, un comportamiento diferente en otra especie de pulgón, Rhopalosiphum maidis, cuya presencia aumentó durante la segunda campaña, cuando se registraron mayores precipitaciones.
La diferencia entre ambas especies confirma que no todos los pulgones responden de la misma manera a las condiciones ambientales.
Por ello, el seguimiento sanitario debe identificar correctamente las especies presentes antes de decidir las medidas de control.
Las mariquitas también participaron en el control biológico
Además de los sírfidos, los investigadores registraron la actividad de insectos pertenecientes a la familia Coccinellidae, conocidos comúnmente como mariquitas.
Estos escarabajos y sus larvas pueden alimentarse de pulgones y otros organismos de cuerpo blando.
En los cultivos estudiados, tanto las mariquitas como los sírfidos contribuyeron a regular las poblaciones de Melanaphis sorghi y Rhopalosiphum maidis.
La actuación conjunta de distintos depredadores resulta relevante porque permite que varias especies participen en el control de una misma plaga.
La importancia de las mariquitas y otros enemigos naturales en la protección de cultivos también se ha observado en investigaciones sobre ají y frijol, donde los organismos beneficiosos contribuyen a limitar insectos perjudiciales.
Sin embargo, cada sistema agrícola presenta relaciones particulares entre cultivos, plagas y depredadores.
En el sorgo brasileño, el estudio permitió identificar cuáles grupos de insectos participaron en la regulación natural de las especies observadas y cómo varió su presencia entre campañas.
Los insecticidas selectivos pueden ayudar a conservar los depredadores
Una de las recomendaciones derivadas de la investigación consiste en integrar el control biológico dentro de las decisiones de manejo fitosanitario.
Embrapa señala que, cuando resulta necesario aplicar insecticidas, debe considerarse su selectividad respecto de las mariquitas y los sírfidos.
El propósito es controlar las poblaciones perjudiciales sin eliminar innecesariamente los insectos que ya participan en su regulación natural.
La selección de productos debe ajustarse a las autorizaciones vigentes, las características de la plaga, el cultivo y las recomendaciones técnicas correspondientes.
Los investigadores destacan que el manejo integrado de plagas requiere observación periódica y conocimiento de los factores que favorecen o limitan el desarrollo de las infestaciones.
Una estrategia semejante se aplica en otros cultivos donde la conservación de sírfidos y mariquitas puede contribuir a reducir la presión de los pulgones.
El estudio brasileño refuerza este enfoque con datos obtenidos directamente en parcelas de sorgo forrajero.
La vigilancia debe comenzar en las hojas inferiores
Simone Mendes advirtió que la ubicación habitual de Melanaphis sorghi dificulta su detección temprana.
Las colonias pueden desarrollarse en la cara inferior de las hojas más bajas, donde pasan inadvertidas durante inspecciones superficiales.
Cuando los síntomas se hacen evidentes desde cierta distancia, la población de insectos puede haber alcanzado una densidad considerable.
Por esta razón, Embrapa recomienda mantener un seguimiento frecuente de las parcelas y revisar las zonas de las plantas donde suele establecerse la plaga.
El monitoreo también debe registrar la presencia de larvas de sírfidos, mariquitas y otros organismos beneficiosos.
La información recopilada permite interpretar mejor la evolución de las poblaciones y decidir si una intervención resulta necesaria.
Los investigadores no establecen que la simple presencia de depredadores garantice el control de todas las infestaciones.
Su eficacia depende de la abundancia de la plaga, las condiciones ambientales y la conservación de los organismos beneficiosos.
El sorgo silvestre podría actuar como reservorio de pulgones
La investigación también examinó la relación de Melanaphis sorghi con diferentes plantas hospedadoras.
Otro estudio desarrollado por investigadores vinculados con Embrapa y universidades brasileñas encontró que el maíz y el mijo perla no constituyen hospedadores importantes para esta especie de pulgón.
Sin embargo, los especialistas señalaron que el sorgo silvestre conocido en Brasil como capim-massambará merece especial atención.
Esta planta podría funcionar como reservorio de la plaga durante los períodos en que no existen cultivos comerciales de sorgo establecidos.
Douglas Santos, investigador de doctorado de la Universidad Federal de São João del-Rei, destacó la necesidad de evaluar ese posible papel como fuente de infestaciones entre campañas.
La identificación de plantas hospedadoras es importante para comprender cómo sobreviven las plagas fuera de la temporada productiva.
También permite orientar el monitoreo hacia áreas donde podrían mantenerse poblaciones capaces de recolonizar las plantaciones.
La investigación sobre hospedadores fue publicada en la revista científica Phytoparasitica, mientras que el estudio sobre clima, depredadores e insecticidas apareció en la Revista Brasileira de Entomologia.
Una alternativa para mejorar el manejo del sorgo forrajero
Los resultados obtenidos en Minas Gerais ofrecen información para perfeccionar las estrategias de protección del sorgo utilizado en la alimentación animal.
La principal contribución del estudio consiste en demostrar, bajo las condiciones examinadas, que las larvas de sírfidos y otros depredadores naturales participan en la regulación de las poblaciones de pulgones.
La investigación también identifica diferencias entre especies perjudiciales y confirma que las precipitaciones pueden modificar su abundancia.
Estos factores deben considerarse conjuntamente al planificar las medidas de control.
El trabajo no presenta una reducción porcentual universal de infestaciones que pueda aplicarse a todas las explotaciones ni demuestra que los insecticidas puedan eliminarse completamente del manejo agrícola.
Sus resultados respaldan la vigilancia temprana, la conservación de enemigos naturales y la selección cuidadosa de tratamientos cuando sean necesarios.
Para los productores de sorgo forrajero, la investigación aporta una base científica para proteger las plantaciones sin perder de vista la función que cumplen los insectos beneficiosos en la estabilidad sanitaria de los cultivos.
Fuente referencial:
Embrapa Milho e Sorgo – Investigación sobre sírfidos y control del pulgón del sorgo, 6 de octubre de 2026


