Agricultura

Perú descubre cuatro nuevos linajes de cacao con potencial para chocolate premium

Publicado el 14/07/2026 · REDACCION

El análisis genético de 390 árboles cultivados en fincas indígenas reveló variedades desconocidas, recursos únicos para la conservación y posibles oportunidades para el mercado internacional del cacao fino


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.

Un estudio científico realizado con árboles tradicionales de cacao cultivados en fincas indígenas de Perú identificó cuatro linajes genéticos que no habían sido catalogados anteriormente. El descubrimiento amplía el mapa conocido de la diversidad de esta especie y abre nuevas posibilidades para la conservación, el mejoramiento agrícola y la producción de chocolate de alta calidad.

La investigación examinó el ADN de 390 árboles silvestres y semisilvestres procedentes de ocho departamentos peruanos. Los ejemplares crecían en territorios distribuidos desde las tierras bajas de la Amazonía hasta las estribaciones de la cordillera de los Andes.

Los resultados fueron publicados el 6 de julio de 2026 en la revista científica PLOS One. El trabajo fue dirigido por Lambert A. Motilal, del Cocoa Research Centre de la Universidad de las Indias Occidentales, junto con Martha S. Calderón, Danilo E. Bustamante y otros investigadores vinculados a instituciones peruanas e internacionales.

Cuatro grupos genéticos que no figuraban en la clasificación mundial

La clasificación científica utilizada durante años agrupaba la diversidad del cacao amazónico en diez grandes poblaciones genéticas: Amelonado, Contamana, Criollo, Curaray, Guiana, Iquitos, Marañón, Nacional, Nanay y Purús.

El nuevo análisis identificó cuatro grupos adicionales denominados Chuncho 1, Awajun, Porcelana y Chuncho 2. Algunos árboles pertenecían casi completamente a uno de esos linajes, mientras que otros presentaban mezclas con poblaciones previamente conocidas.

Los investigadores determinaron que cerca del 80 % de los árboles examinados tenía una proporción importante de ascendencia procedente de los cuatro nuevos grupos. La elevada presencia de estos linajes demuestra que las fincas indígenas conservan una diversidad genética que no estaba adecuadamente representada en las bases de datos internacionales.

El hallazgo complementa investigaciones anteriores sobre la domesticación y expansión histórica del cacao, que situaron su origen en la cuenca superior del Amazonas y mostraron su posterior circulación entre diferentes culturas de América del Sur y América Central.

Árboles tradicionales conservados por comunidades agrícolas

Los árboles estudiados se encontraban en Amazonas, Ayacucho, Cajamarca, Cusco, Madre de Dios, Piura, San Martín y Ucayali. Muchos tenían alrededor de 50 años y se habían mantenido al margen de programas intensivos de selección, cruzamiento o modificación genética.

Su conservación fue posible gracias al manejo continuado de pequeños agricultores y comunidades indígenas. En lugar de utilizar plantaciones completamente uniformes, estas fincas mantuvieron árboles silvestres, semisilvestres y variedades locales transmitidas durante generaciones.

El análisis reveló que cada región presenta una firma genética propia. Aunque existen conexiones entre las poblaciones de los diferentes departamentos, la composición de los árboles varía de un territorio a otro.

Esa diversidad regional constituye un recurso agrícola estratégico. Las variedades locales pueden contener características relacionadas con el sabor, la productividad, la adaptación a determinados suelos o la resistencia frente a enfermedades y condiciones ambientales adversas.

Awajun y Porcelana se relacionan con el cacao Nacional

Dos de los nuevos grupos, Awajun y Porcelana, mostraron una relación genética con el grupo Nacional, reconocido por producir granos con perfiles aromáticos complejos y notas florales valoradas en la elaboración de chocolates finos.

Esta proximidad no garantiza automáticamente que todos los árboles produzcan cacao de calidad superior. Los investigadores señalan que será necesario evaluar individualmente los granos, sus características sensoriales, su composición química y su desempeño agronómico.

Sin embargo, la ascendencia encontrada convierte a estos árboles en candidatos relevantes para programas de selección y para el desarrollo de productos diferenciados. Su evaluación podría ampliar la oferta peruana dentro del mercado del cacao fino de aroma.

El potencial también está relacionado con la conservación del entorno productivo. En Perú, los sistemas agroforestales de cacao pueden proporcionar hábitat a aves y murciélagos, organismos que contribuyen al control natural de insectos en las fincas.

El misterio genético del clon CCN 51

El estudio también aportó información sobre el origen del CCN 51, uno de los clones de cacao más cultivados en América Latina. Esta variedad fue seleccionada por su elevado rendimiento, su resistencia a determinadas enfermedades y su capacidad para producir en diferentes condiciones.

Parte de su ascendencia ya era conocida, pero persistía una incógnita sobre uno de sus antepasados, un árbol ecuatoriano identificado históricamente como Canelo. La comparación con los nuevos grupos peruanos permitió relacionar ese componente desconocido con el linaje Awajun.

La estimación considerada más coherente atribuye al CCN 51 aproximadamente un 45 % de ascendencia Awajun, un 25 % de Iquitos, un 15 % de Amelonado y un 13 % de Criollo.

La identificación de esta ascendencia demuestra que las genealogías de los cultivos pueden permanecer incompletas cuando determinados grupos genéticos no han sido previamente descritos. También subraya la importancia de incorporar variedades locales y silvestres en los bancos de germoplasma.

Una oportunidad para más de 80.000 familias productoras

Perú ocupa una posición relevante en el sector mundial del cacao y es reconocido por su producción de granos finos y orgánicos. Más de 80.000 familias agricultoras dependían de este cultivo en el país durante 2024.

La caracterización de los nuevos linajes podría favorecer la creación de productos con identidad territorial, mejorar la diferenciación comercial y proporcionar material genético para futuros programas de mejoramiento.

La oportunidad no consiste solamente en aumentar el volumen producido. El mayor valor podría encontrarse en la selección de árboles capaces de ofrecer sabores particulares, calidad constante y adaptación a las condiciones de cada región.

Los resultados se insertan en un contexto en el que el sector agrícola peruano busca integrar a los pequeños productores con cadenas de valor especializadas, mercados internacionales y sistemas de producción ambientalmente sostenibles.

Una diversidad que necesita protección

La mayoría de los perfiles genéticos examinados no coincidió con los registros disponibles en una base mundial formada por más de 6.000 muestras. Esta ausencia confirma que los árboles analizados representan recursos genéticos poco documentados y, en algunos casos, posiblemente exclusivos de Perú.

Algunos linajes se encuentran representados por pocos ejemplares. En Cusco, por ejemplo, un clon Chuncho especialmente apreciado apareció en ocho árboles genéticamente idénticos, probablemente propagados mediante esquejes.

Una población tan reducida puede desaparecer si las plantas originales sufren enfermedades, cambios en el uso de la tierra, abandono de las fincas o fenómenos climáticos extremos. La incorporación de estos materiales a colecciones de conservación permitiría reducir ese riesgo.

Los investigadores consideran que los nuevos grupos deben incluirse en los bancos de germoplasma peruanos y estudiarse mediante pruebas de campo. También será necesario documentar los conocimientos de las comunidades que han seleccionado, multiplicado y conservado estos árboles.

El valor del cacao peruano no depende solo del sabor

El desarrollo de un mercado premium exige combinar calidad sensorial, productividad, trazabilidad y control de contaminantes. Estudios previos han evaluado, por ejemplo, la presencia de cadmio en el cacao cultivado en Perú para determinar qué regiones pueden producir chocolate dentro de los límites establecidos por los mercados internacionales.

Las nuevas variedades deberán someterse a análisis agronómicos y comerciales antes de incorporarse a gran escala. Los científicos todavía deben determinar el rendimiento de cada árbol, su tolerancia a enfermedades, la calidad física de los granos y los perfiles de sabor obtenidos después de la fermentación y el tostado.

Los linajes Chuncho 1, Chuncho 2, Awajun y Porcelana proporcionan una base genética que puede ser explorada para encontrar características útiles. Su aprovechamiento deberá realizarse sin desplazar a las comunidades que los conservaron ni reducir la diversidad mediante la expansión de unos pocos clones.

La investigación sitúa a las fincas indígenas como espacios esenciales para el futuro del cacao. Los árboles mantenidos durante décadas en esos territorios pueden contener rasgos capaces de fortalecer la conservación, la producción agrícola y la elaboración de chocolates diferenciados en un mercado internacional cada vez más exigente.

Fuente(s) referenciales

Diario UNO



Mundo Agropecuario
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