Investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania estudian cómo combinar la selección de variedades, el manejo del riego y la protección de los polinizadores para reducir los daños causados por insectos en los cultivos de cucurbitáceas.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.
La Universidad Estatal de Pensilvania, en Estados Unidos, ha difundido nuevos resultados y recomendaciones derivados de investigaciones sobre el manejo de calabazas y otros cultivos de la familia de las cucurbitáceas. El trabajo examina cómo la elección de variedades y la disponibilidad de agua pueden influir en la respuesta de las plantas frente a insectos perjudiciales, al tiempo que se busca conservar la actividad de los polinizadores necesarios para obtener frutos.
La información fue actualizada el 29 de septiembre de 2026 por Penn State Extension, el servicio de extensión agrícola de la universidad. La publicación aborda un problema práctico de los productores: mantener la productividad de las cucurbitáceas cuando coinciden períodos de estrés hídrico, presencia de insectos y necesidades de polinización.
Entre los organismos de interés se encuentran el escarabajo rayado del pepino (Acalymma vittatum), la chinche de la calabaza (Anasa tristis) y el pulgón del melón (Aphis gossypii).
Estos insectos pueden afectar el crecimiento y la producción mediante diferentes mecanismos, desde la alimentación directa sobre los tejidos vegetales hasta la transmisión de determinados agentes causantes de enfermedades.
La investigación propone considerar conjuntamente el manejo del agua, la selección varietal y el control de plagas, en lugar de tratar cada problema como una cuestión independiente.
Las calabazas representan un cultivo importante en Pensilvania
La producción de calabazas tiene una presencia económica significativa en el estado estadounidense de Pensilvania.
Según los datos recogidos por Penn State Extension, durante 2025 se cultivaron más de 5.000 acres de calabazas, equivalentes a aproximadamente 2.023 hectáreas.
El valor de esa producción alcanzó los 27 millones de dólares.
Estas cifras ayudan a explicar el interés por desarrollar estrategias que permitan reducir las pérdidas y mejorar la estabilidad de las cosechas.
Las calabazas se destinan a diferentes mercados, incluidos el consumo alimentario, la transformación y la comercialización estacional.
Su producción depende de que las plantas puedan desarrollar adecuadamente sus hojas, flores y frutos durante el ciclo agrícola.
Cuando una plaga provoca daños importantes en las primeras etapas del crecimiento, las consecuencias pueden extenderse al resto de la campaña.
El estrés hídrico también puede limitar el desarrollo vegetal, especialmente cuando coincide con períodos de elevada demanda de agua.
La combinación de estos factores plantea dificultades para los agricultores que necesitan mantener rendimientos comerciales bajo condiciones ambientales variables.
Los ensayos examinan la relación entre riego y resistencia a plagas
Uno de los aspectos centrales del trabajo es la relación entre la disponibilidad de agua y la respuesta de las cucurbitáceas frente a los insectos.
La falta de agua puede modificar el crecimiento, la fisiología y el estado general de las plantas.
Estos cambios pueden influir en la manera en que los cultivos toleran determinados daños, aunque sus efectos no son necesariamente iguales para todas las especies de insectos o variedades vegetales.
Por esta razón, los investigadores consideran importante evaluar las estrategias de control bajo diferentes condiciones de disponibilidad hídrica.
La publicación de Penn State incluye ensayos realizados con estructuras destinadas a limitar la entrada de lluvia sobre parcelas experimentales.
Este tipo de instalación permite estudiar la respuesta de las plantas cuando el suministro de agua se controla de manera más precisa.
Los investigadores pueden comparar el comportamiento de distintas variedades y observar cómo se relacionan sus características con las condiciones de cultivo.
La finalidad no es demostrar que un único régimen de riego resulte óptimo para todas las explotaciones.
El interés consiste en comprender qué decisiones de manejo pueden ayudar a reducir la vulnerabilidad de los cultivos frente a la sequía y las plagas.
El escarabajo rayado del pepino es una de las principales amenazas
El escarabajo rayado del pepino es un insecto que se alimenta de diferentes cucurbitáceas.
Los adultos pueden dañar hojas, tallos y flores, mientras que las larvas se desarrollan asociadas con las raíces.
Su importancia agrícola no depende únicamente de la cantidad de tejido vegetal consumido.
En determinados cultivos, estos escarabajos también pueden participar en la transmisión de bacterias responsables de enfermedades.
La presencia de insectos durante las etapas iniciales del desarrollo puede resultar especialmente perjudicial cuando las plantas todavía tienen una superficie foliar limitada.
Una infestación intensa puede retrasar el crecimiento y afectar el establecimiento del cultivo.
El manejo requiere identificar correctamente la especie presente y valorar la intensidad de los daños.
No todos los insectos observados sobre las plantas justifican automáticamente una intervención química.
El seguimiento de las poblaciones y el conocimiento de los riesgos asociados permiten tomar decisiones más ajustadas a las condiciones de cada parcela.
La chinche de la calabaza y el pulgón del melón afectan los cultivos
La chinche de la calabaza, Anasa tristis, constituye otro organismo perjudicial para estas explotaciones.
Su alimentación puede causar daños en hojas y otros tejidos, especialmente cuando las poblaciones alcanzan niveles elevados.
Las plantas debilitadas pueden presentar dificultades para mantener un crecimiento normal.
El pulgón del melón, Aphis gossypii, representa un problema diferente.
Este pequeño insecto se alimenta de la savia vegetal y puede formar colonias numerosas sobre los brotes y las hojas.
Además del daño directo, determinadas especies de pulgones pueden transmitir virus que afectan a las cucurbitáceas.
La presencia simultánea de diferentes insectos complica el manejo porque cada especie presenta características biológicas y períodos de actividad particulares.
Por ello, las estrategias de protección deben considerar qué organismo está causando el daño y en qué etapa se encuentra el cultivo.
El control integrado busca combinar diferentes medidas para evitar depender exclusivamente de aplicaciones repetidas de insecticidas.
La selección de variedades puede ayudar a reducir los daños
La elección de la variedad constituye una decisión importante antes de establecer una plantación.
Las cucurbitáceas presentan diferencias en crecimiento, desarrollo, adaptación ambiental y susceptibilidad a determinados problemas sanitarios.
Estas características pueden influir en el comportamiento del cultivo cuando se encuentra sometido a condiciones de sequía o a la presión de insectos.
Los investigadores de Penn State consideran que la selección varietal debe integrarse con otras decisiones de manejo.
Una variedad que presenta un comportamiento favorable frente a determinado insecto no necesariamente ofrece la misma ventaja frente a todas las plagas.
Tampoco puede asumirse que una planta capaz de soportar períodos de menor disponibilidad de agua mantendrá automáticamente su rendimiento bajo cualquier situación de estrés.
La adaptación depende de la interacción entre las características del material vegetal y las condiciones del campo.
Este enfoque coincide con las recomendaciones sobre selección de hortalizas y variedades adaptadas a condiciones de disponibilidad limitada de agua, que destacan la importancia de considerar el cultivo y su entorno antes de decidir las prácticas de riego.
La polinización obliga a equilibrar el control de insectos
Una particularidad importante de las cucurbitáceas es que numerosas variedades necesitan la actividad de insectos polinizadores para producir frutos de manera adecuada.
Las flores masculinas y femeninas requieren el traslado de polen, una función que realizan diferentes especies de abejas.
Esta dependencia plantea una dificultad para el control de plagas.
Algunas medidas utilizadas contra insectos perjudiciales pueden afectar también a organismos beneficiosos cuando no se aplican de forma selectiva.
Por ello, la protección de las plantas debe considerar tanto la reducción de los daños como la conservación de los polinizadores.
La importancia de estos insectos ha sido documentada en una investigación sobre la expansión de las abejas especializadas en polinizar calabazas y otros cultivos del género Cucurbita.
El estudio mostró que la relación entre agricultura y polinizadores puede presentar respuestas complejas, determinadas por la disponibilidad de recursos florales y las características de las especies involucradas.
Para los productores, conservar una actividad de polinización suficiente resulta esencial porque una planta sana no necesariamente producirá una cosecha comercial adecuada si sus flores no reciben el polen necesario.
El uso de insecticidas exige considerar los riesgos para las abejas
Los programas de control de plagas deben tener en cuenta los posibles efectos de los productos utilizados sobre los insectos beneficiosos.
Algunas sustancias pueden afectar la supervivencia o el comportamiento de las abejas, incluso cuando las aplicaciones están dirigidas a organismos perjudiciales.
La exposición depende de factores como el producto empleado, el momento de aplicación, las condiciones ambientales y la actividad de los polinizadores.
La necesidad de adoptar precauciones ha sido examinada en investigaciones sobre los efectos del insecticida imidacloprid en abejas que participan en la polinización de cucurbitáceas.
Estos antecedentes muestran por qué las estrategias de protección de los cultivos deben evaluar las consecuencias de las intervenciones sobre diferentes grupos de insectos.
La elección de medidas de control debe ajustarse a las recomendaciones técnicas y a las autorizaciones correspondientes en cada territorio.
El monitoreo de las plagas permite identificar cuándo existe un riesgo real para la producción y evita tratar la presencia de cualquier insecto como una amenaza equivalente.
La disponibilidad de nutrientes también influye en la floración
El manejo de las cucurbitáceas no depende exclusivamente del riego y del control de plagas.
La fertilidad del suelo influye en el crecimiento de las plantas y en su capacidad para desarrollar flores y frutos.
Una nutrición adecuada puede favorecer el desarrollo vegetativo y reproductivo, aunque los efectos dependen de la cantidad y el equilibrio de los nutrientes disponibles.
Investigaciones anteriores de Penn State encontraron relaciones entre el contenido de nitrógeno y fósforo del suelo, el desarrollo floral y la atracción de polinizadores en plantas de pepino.
Los resultados fueron recogidos en un estudio sobre cómo la nutrición del suelo puede modificar la presentación floral y la producción de frutos en cucurbitáceas.
Ese trabajo corresponde a una investigación diferente de la publicación de septiembre de 2026, pero proporciona contexto sobre la relación entre el estado de las plantas y la actividad de los polinizadores.
En la práctica, la nutrición, el agua y la sanidad vegetal forman parte de un mismo sistema productivo.
Una intervención que mejora uno de esos componentes puede no producir el resultado esperado si los demás presentan limitaciones importantes.
El manejo integrado debe adaptarse a cada explotación
La información difundida por Penn State Extension destaca la necesidad de tomar decisiones basadas en las características del cultivo y las condiciones de producción.
El riego puede ayudar a reducir determinados efectos del estrés hídrico, pero no elimina automáticamente las poblaciones de insectos.
La selección de variedades puede ofrecer ventajas frente a ciertos problemas, aunque no sustituye la vigilancia sanitaria.
Por su parte, las medidas contra las plagas deben aplicarse considerando el riesgo de afectar a los polinizadores.
La integración de estos componentes resulta especialmente importante en sistemas donde la producción comercial depende de la formación de frutos.
Las condiciones meteorológicas, la textura del suelo y la disponibilidad de agua pueden modificar las necesidades de manejo entre una campaña y otra.
También pueden existir diferencias entre explotaciones cercanas debido a las variedades cultivadas y a la presencia de organismos perjudiciales.
Por esta razón, los resultados obtenidos en ensayos experimentales deben interpretarse dentro de las condiciones en que fueron realizados.
La publicación de Penn State no permite establecer una reducción porcentual universal de daños o un incremento único de rendimiento aplicable a todos los cultivos de calabaza.
Los resultados aportan criterios para proteger las cosechas
La novedad de la investigación difundida en septiembre de 2026 reside en examinar conjuntamente problemas que suelen abordarse por separado: la disponibilidad de agua, las características de las variedades, la presión de insectos y la conservación de polinizadores.
Este enfoque permite estudiar las posibles interacciones entre las condiciones ambientales y las decisiones de manejo agrícola.
Para los productores de calabazas y otros cultivos de la familia de las cucurbitáceas, la información puede contribuir a organizar estrategias preventivas más ajustadas a las necesidades del campo.
La importancia económica del cultivo en Pensilvania, con más de 5.000 acres plantados y un valor de producción de 27 millones de dólares en 2025, refuerza el interés por reducir las pérdidas.
Sin embargo, las recomendaciones deben aplicarse considerando las condiciones particulares de cada explotación y sin interpretar los resultados experimentales como garantías de protección absoluta.
La selección de variedades adecuadas, el seguimiento de la humedad y la vigilancia de los insectos constituyen componentes complementarios de una estrategia de manejo.
El trabajo de Penn State proporciona una referencia para continuar evaluando cómo estas decisiones pueden contribuir a mantener la productividad de las cucurbitáceas frente a condiciones de cultivo cada vez más variables.
Fuente referencial:
Penn State Extension: Irrigation and Cultivar Selection for Cucurbit Pollination and IPM, actualizado el 29 de septiembre de 2026


