Un estudio basado en 50 años de registros propone adaptar las restricciones de pastoreo y siega a cada especie y latitud para reducir pérdidas de nidos y polluelos
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Pequeños cambios en las fechas en que se permite reanudar el pastoreo o cortar los pastizales podrían mejorar la protección de algunas de las aves limícolas que más rápidamente están disminuyendo en Reino Unido. Investigadores de la Universidad de Aberdeen y Edinburgh Napier University analizaron cinco décadas de datos reproductivos y concluyeron que los calendarios agroambientales con fechas fijas no siempre coinciden con el periodo real de anidación de especies como la avefría europea y el ostrero euroasiático.
La investigación, publicada en el Journal of Applied Ecology, examinó registros recopilados a lo largo de aproximadamente 1.200 kilómetros de latitud. El análisis incluyó 6.277 registros de anidación de avefría europea (Vanellus vanellus) y 2.387 de ostrero euroasiático (Haematopus ostralegus), dos especies que utilizan tierras agrícolas durante su reproducción.
El trabajo aborda un desafío que trasciende estas especies: la manera en que la producción agrícola y la conservación pueden coexistir dentro del mismo territorio. Investigaciones anteriores han mostrado que la estructura y homogeneidad de los paisajes agrícolas pueden influir en la diversidad de aves, lo que convierte las decisiones de manejo de las fincas en una variable relevante para la biodiversidad.
Las fechas fijas no coinciden con todos los ciclos reproductivos
Una medida habitual de los programas agroambientales consiste en restringir temporalmente determinadas actividades agrícolas durante las etapas más sensibles de reproducción. Retrasar el ingreso del ganado puede reducir el riesgo de que los animales pisen nidos, mientras posponer la siega ofrece a los polluelos más tiempo para desarrollarse antes de que la maquinaria recorra los campos.
El problema identificado por los investigadores es que muchas medidas utilizan fechas uniformes para extensas regiones, pese a que las aves no comienzan ni terminan la reproducción al mismo tiempo. El estudio encontró diferencias de hasta seis semanas entre el inicio de la anidación de avefrías y ostreros.
La latitud también modificó el calendario. Las avefrías tendieron a anidar más tarde hacia el norte, mientras que en los ostreros se observó el patrón contrario. Los cambios alcanzaron hasta tres días por cada 100 kilómetros, una diferencia que puede acumularse considerablemente cuando una política se aplica a territorios que abarcan cientos de kilómetros.
La necesidad de adaptar las medidas al contexto local coincide con otros resultados obtenidos en agroecosistemas. Un estudio realizado en Perú mostró que las estrategias para conservar aves en sistemas agroforestales deben considerar las diferencias regionales del paisaje, en lugar de asumir que una misma intervención producirá resultados equivalentes en todos los lugares.
El ganado puede entrar mientras numerosos nidos siguen activos
Los científicos utilizaron Escocia como caso de estudio para comprobar qué ocurre cuando las fechas establecidas en los programas agroambientales se comparan con el ciclo reproductivo observado en el campo. Los resultados revelaron una brecha importante entre ambos calendarios.
En un año promedio, hasta el 80% de las parejas de avefría y el 84% de las parejas de ostrero presentes en terrenos acogidos a estas medidas todavía podían encontrarse en periodo de anidación cuando llegaba la fecha autorizada para introducir ganado.
Esto significa que una medida diseñada precisamente para proteger la reproducción puede terminar antes de que una gran proporción de las aves haya superado la etapa vulnerable. La entrada de animales aumenta entonces la exposición de huevos y nidos a perturbaciones y pisoteo.
Los autores no plantean retirar el ganado de manera permanente ni transformar radicalmente el sistema productivo. Su propuesta consiste en ajustar mejor el momento de las operaciones agrícolas, utilizando información sobre la especie objetivo, la ubicación de la explotación y el tipo de actividad que se pretende regular.
La siega temprana también amenaza a los polluelos
Los campos destinados a ensilado presentan otro riesgo. Al comparar las fechas autorizadas de siega con el desarrollo de las aves, el estudio estimó que hasta el 35% de los polluelos de avefría y el 72% de los polluelos de ostrero podían tener menos de 20 días cuando comenzaban las labores permitidas.
Los polluelos que todavía no cuentan con suficiente movilidad quedan particularmente expuestos a la maquinaria agrícola. Por esa razón, unos pocos días de diferencia entre la fecha administrativa y el desarrollo efectivo de las aves pueden determinar si una medida de conservación cumple o no su objetivo.
El problema ilustra por qué las intervenciones aparentemente favorables a la biodiversidad necesitan ser evaluadas en función de las especies presentes. En Japón, por ejemplo, investigadores comprobaron que los cinturones de árboles en tierras agrícolas no benefician automáticamente a todas las comunidades de aves, ya que pueden favorecer especies asociadas a bordes y arbustos mientras reducen el hábitat disponible para aves que necesitan espacios abiertos.
Dos semanas adicionales podrían reducir considerablemente el riesgo
Una de las conclusiones más prácticas del estudio es que no sería necesario rediseñar completamente los programas. Los modelos indican que ampliar aproximadamente dos semanas determinados periodos de exclusión y ajustar las fechas según la especie y la latitud produciría mejoras importantes.
Con esos cambios, la proporción de parejas todavía expuestas a la entrada del ganado podría reducirse hasta alrededor del 50% en la avefría y el 27% en el ostrero. En el caso de la siega, el calendario modificado podría eliminar la exposición de polluelos menores de 20 días de ambas especies dentro de las condiciones analizadas.
La propuesta se apoya en tres criterios relativamente sencillos: especie que se pretende proteger, latitud de la explotación y actividad agrícola involucrada. Los investigadores consideran que esa combinación permitiría mantener un sistema administrativamente manejable sin recurrir a una única fecha nacional para situaciones biológicas diferentes.
Las aves limícolas han sufrido fuertes descensos en Escocia
La necesidad de mejorar las medidas existentes responde al deterioro de las poblaciones. Entre 1995 y 2024, la población escocesa de avefría disminuyó un 63%, la de ostrero un 41% y la de zarapito euroasiático un 62%, según los datos citados por los investigadores.
Parte de esta presión está relacionada con cambios en el manejo de los pastizales agrícolas. Las aves que anidan directamente sobre el suelo dependen de que exista una ventana suficientemente larga entre la puesta de huevos, la eclosión y el momento en que las labores agrícolas vuelven a intensificarse.
La relación entre agricultura y aves, sin embargo, no es exclusivamente conflictiva. Determinadas especies aportan servicios ecológicos a las explotaciones al consumir insectos y participar en la regulación natural de organismos perjudiciales. En sistemas agrícolas tropicales se ha documentado, por ejemplo, la contribución conjunta de aves y abejas a la producción de café, lo que refuerza el interés productivo de conservar comunidades funcionales dentro de los paisajes rurales.
Conservar biodiversidad sin retirar la tierra de la producción
El estudio británico se centra en una herramienta de conservación compatible con la continuidad de la actividad agropecuaria: modificar temporalmente determinadas operaciones en los campos donde las aves están reproduciéndose. Una vez superado el periodo crítico, las actividades pueden reanudarse.
Este enfoque forma parte de un debate más amplio sobre cómo combinar producción y protección ambiental dentro de paisajes intensamente utilizados. Una revisión de estudios sobre uso del suelo concluyó que la conservación de la biodiversidad agrícola requiere estrategias adaptadas a cada contexto, en lugar de depender exclusivamente de un único modelo de separación o integración de tierras.
Para los autores del nuevo trabajo, mejorar la sincronización también permitiría aprovechar mejor los recursos públicos destinados a los programas agroambientales. Si agricultores y ganaderos reciben incentivos para modificar temporalmente sus prácticas, las fechas utilizadas deben corresponder con la etapa biológica que realmente se pretende proteger.
La investigación proporciona para ello un marco basado en datos históricos de reproducción. En lugar de establecer un calendario idéntico para todo el territorio, las fechas podrían desplazarse de acuerdo con la especie presente y la posición geográfica de la explotación, manteniendo al mismo tiempo reglas suficientemente simples para su aplicación práctica.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Journal of Applied Ecology


