Un educador canino advierte en España que el contacto efusivo puede aumentar la excitación del animal y favorecer problemas de conducta si no se adapta a sus señales
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Las caricias suelen entenderse como una muestra natural de afecto hacia los perros. Para muchas familias, tocar, abrazar o saludar con entusiasmo a su mascota es una forma de expresar cariño y fortalecer el vínculo. Sin embargo, no todo contacto físico produce calma. Cuando la interacción es brusca, insistente o demasiado efusiva, puede generar tensión y aumentar la excitación del animal.
El educador canino Esteban Navas, citado por Infobae España, advierte que las caricias son una de las prácticas que más pueden estresar a un perro cuando no se realizan con atención a sus necesidades reales. El punto central no es eliminar el contacto, sino comprender qué tipo de caricia ayuda al bienestar y cuál puede convertirse en una fuente de sobreestimulación. Esta diferencia resulta clave dentro del debate sobre comportamiento canino y convivencia responsable.
Caricias para calmar, no para excitar
Navas distingue entre caricias orientadas a inducir calma y gestos que elevan el nerviosismo. Cuando acaricia a un perro, explica, busca que el animal se relaje, esté tranquilo y asocie el contacto con un estado de seguridad. Esa forma de interacción requiere suavidad, observación y respeto por el ritmo del perro.
El problema aparece cuando el contacto se convierte en una escena de entusiasmo humano más que en una comunicación adaptada al animal. Voces agudas, movimientos rápidos, palmadas insistentes o juegos corporales demasiado intensos pueden parecer divertidos para las personas, pero no siempre son vividos de la misma manera por el perro.
El estrés puede empeorar problemas de conducta
El educador canino vincula ese exceso de excitación con el agravamiento de problemas de comportamiento. Si un perro ya muestra ansiedad, reactividad, dificultad para quedarse solo, ladridos frente a otros perros o tensión durante el paseo, la sobreestimulación mediante caricias efusivas puede potenciar esos comportamientos.
El contacto físico, en ese contexto, no funciona como una recompensa calmante, sino como un disparador adicional. Algunos perros no gestionan bien ese incremento de activación y pueden responder con más nerviosismo, impulsividad o conductas difíciles de manejar. Por eso, la recomendación no se limita a “acariciar menos”, sino a acariciar mejor.
Observar las señales del animal
Cada perro tiene una tolerancia distinta al contacto físico. Algunos disfrutan las caricias prolongadas, otros prefieren acercamientos breves y otros pueden sentirse incómodos si se les toca de determinada manera o en ciertos momentos. La clave está en observar señales corporales como tensión muscular, alejamiento, giro de cabeza, lamidos repetidos, bostezos, mirada evasiva o inquietud.
Este enfoque coincide con una visión más amplia del bienestar animal, donde el cuidado no se reduce a alimentación, vivienda o atención veterinaria. También incluye respetar la conducta natural, las señales de incomodidad y la necesidad de descanso o distancia.
El afecto humano no siempre coincide con la necesidad del perro
Uno de los errores frecuentes en la convivencia con mascotas es interpretar el afecto desde la lógica humana. Lo que para una persona puede ser una demostración cariñosa, para el perro puede representar presión, invasión o exceso de estímulo. Esa diferencia explica por qué algunas muestras de cariño terminan generando tensión en lugar de confianza.
La relación moderna con los perros ha cambiado de forma notable. Cada vez más animales viven integrados en el hogar y ocupan un lugar afectivo central en la familia. Esa cercanía puede ser positiva, pero también exige comprender que el perro no interpreta todos los gestos humanos como lo haría una persona. La discusión sobre tenencia moderna de perros muestra justamente cómo el vínculo familiar debe equilibrarse con las necesidades propias de la especie.
Cuando el perro ya muestra ansiedad o reactividad
El aviso de Navas cobra especial importancia en perros con problemas previos de conducta. Un animal que ladra a personas o perros en la calle, tira de la correa, se altera al quedarse solo o responde con ansiedad ante estímulos cotidianos puede empeorar si recibe interacciones que elevan todavía más su activación.
En esos casos, las caricias deben formar parte de una estrategia de calma y no de excitación. El objetivo es ayudar al perro a bajar revoluciones, no reforzar un estado de nerviosismo. Si los problemas persisten, lo recomendable es acudir a un profesional cualificado en comportamiento canino o medicina veterinaria conductual.
El bienestar también se construye en los gestos diarios
El estrés en los animales puede surgir por múltiples factores: manipulación, cambios ambientales, presencia de personas desconocidas, fatiga, hambre, dolor o interacciones inadecuadas. En animales domésticos y productivos, reducir el estrés es una parte esencial del manejo responsable. La misma lógica se observa en estudios sobre estrés en animales, donde la forma de interactuar con ellos puede modificar su conducta y bienestar.
En el caso de los perros, una caricia adecuada debe respetar el momento, la intensidad y la respuesta del animal. Si el perro se acerca, permanece relajado y busca contacto, la interacción puede ser positiva. Si se aparta, se tensa o muestra señales de incomodidad, insistir puede romper la confianza y elevar el malestar.
Aprender a tocar con calma
La recomendación práctica es simple: acariciar de forma tranquila, observar la reacción del perro y evitar convertir cada gesto de cariño en una explosión de entusiasmo. El contacto físico puede ser una herramienta de vínculo y bienestar, pero solo si se ajusta a lo que el animal puede gestionar.
El mensaje de fondo no es dejar de acariciar a los perros, sino hacerlo con más conciencia. Una convivencia responsable reconoce que el cariño no se mide por la intensidad del gesto humano, sino por la capacidad de producir seguridad, calma y confianza en el animal.
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