Un estudio evaluó camelina de invierno, trigo sarraceno y girasol para identificar cuándo aprovechar sus flores y cosechar forraje nutritivo para bovinos
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz
Investigadores de Estados Unidos evaluaron tres cultivos de cobertura con flores para determinar si una misma plantación puede suministrar alimento a los polinizadores y producir forraje aprovechable por el ganado bovino. El estudio analizó camelina de invierno, trigo sarraceno y girasol, especies que ofrecen recursos florales en distintos momentos de la temporada agrícola.
El trabajo, publicado en la revista Agriculture, Ecosystems & Environment, combinó mediciones de floración, visitas de insectos, tipos de visitantes y rendimiento de forraje. Los investigadores también modelaron la energía que cada cultivo podría aportar a las dietas de bovinos de carne y leche, además de estimar su posible efecto sobre la producción lechera.
Tres coberturas para diferentes épocas del año
La camelina de invierno se sembró en otoño como cultivo de estación fría y se cosechó durante la primavera siguiente. El trigo sarraceno y el girasol, en cambio, se utilizaron como especies de estación cálida, sembradas y cosechadas dentro de un mismo ciclo productivo.
Las tres especies alcanzaron sus principales periodos de floración y visita de insectos en momentos diferentes. La camelina concentró estos indicadores a mediados de la primavera, el trigo sarraceno lo hizo entre mediados y finales del verano y el girasol alcanzó su máximo al final del verano.
Esta sucesión permite ampliar la disponibilidad estacional de néctar y polen. En lugar de ofrecer un recurso floral durante unas pocas semanas, la combinación de especies podría cubrir distintos intervalos entre los cultivos comerciales.
La función múltiple coincide con otros análisis sobre los beneficios de las coberturas para el suelo, los polinizadores y el ganado. Su valor no depende únicamente de mantener la superficie protegida, sino también de los servicios adicionales que generan mientras permanecen en el campo.
Los insectos no pertenecían solamente al grupo de las abejas
Los investigadores registraron los insectos que visitaban las flores y los clasificaron por tipos. La mayor proporción correspondió a visitantes distintos de las abejas, seguidos por abejas oscuras pequeñas y grandes.
El resultado muestra que las coberturas florales pueden alimentar a una comunidad más amplia que las abejas melíferas. Moscas, avispas, mariposas, polillas, escarabajos y diferentes especies de abejas silvestres pueden utilizar el néctar o el polen disponible, aunque la composición concreta varía según el cultivo y la época.
La diversidad de visitantes importa porque las especies no responden de la misma forma a cada flor. El color, la forma, el acceso al néctar, la calidad del polen y el momento de apertura influyen en el atractivo de una planta para los distintos grupos.
El diseño de sistemas con periodos de floración complementarios también guarda relación con los esfuerzos para desarrollar cultivos más atractivos para los insectos polinizadores. La selección de especies y variedades puede convertir la superficie productiva en una fuente temporal de alimento sin separarla por completo de la actividad comercial.
La cosecha debe esperar el aprovechamiento de las flores
Uno de los principales desafíos consiste en elegir el momento de cosecha. Si el productor corta las plantas demasiado pronto, conserva una mayor calidad nutritiva del forraje, pero reduce el periodo durante el cual los insectos pueden utilizar las flores.
Si la cosecha se retrasa excesivamente, los polinizadores disponen de más recursos, pero el material vegetal puede perder digestibilidad y valor alimentario conforme avanza la madurez. El estudio buscó identificar ventanas fenológicas que permitan equilibrar ambos objetivos.
La recomendación no consiste en dejar indefinidamente las coberturas en flor, sino en permitir que alcancen un periodo útil para los insectos antes de retirarlas o incorporarlas a la alimentación animal. El calendario deberá ajustarse a cada especie, al clima y a las necesidades nutricionales de la explotación.
Las tres especies aportaron energía para el crecimiento
Los investigadores incorporaron los datos de composición y rendimiento a modelos de dietas tradicionales para ganado. Los resultados indicaron que la camelina, el trigo sarraceno y el girasol podían aportar energía suficiente para apoyar el crecimiento de bovinos lecheros cuando se incluían dentro de una ración equilibrada.
El análisis no consistió en alimentar directamente rebaños comerciales y medir su desempeño durante una campaña. Se trató de una modelización nutricional basada en las características del forraje y en dietas formuladas, por lo que las respuestas deberán comprobarse en condiciones productivas antes de establecer recomendaciones definitivas.
En el caso del ganado de carne, solamente el trigo sarraceno y el girasol incrementaron la ganancia calórica estimada. La camelina no produjo la misma mejora, lo que demuestra que las tres coberturas no son intercambiables desde el punto de vista nutricional.
Estas diferencias refuerzan la necesidad de seleccionar cada cobertura por sus funciones concretas. Experiencias previas con especies de cobertura manejadas como forraje para el pastoreo también muestran que la fecha de siembra, la biomasa y la fase de aprovechamiento determinan su utilidad ganadera.
Trigo sarraceno y girasol mostraron mayor potencial lechero
Las dietas modeladas con trigo sarraceno o girasol proporcionaron energía suficiente para sostener la producción de leche en vacas lactantes. Las formulaciones que incorporaban camelina resultaron inadecuadas para ese objetivo bajo las condiciones analizadas.
El resultado no implica que la camelina carezca de valor forrajero. La especie puede contribuir a las necesidades de crecimiento y ofrecer flores durante la primavera, un periodo diferente al cubierto por las especies estivales. Su utilización para animales con altas demandas energéticas, sin embargo, requeriría complementar la ración.
Para el productor, esta distinción permite asignar funciones diferentes a cada cultivo. La camelina puede aportar cobertura invernal y recursos tempranos para insectos, mientras el trigo sarraceno y el girasol muestran mejores perspectivas como componentes energéticos de dietas destinadas a ganado de carne o vacas en producción.
El girasol combina forraje con atractivo para polinizadores
El girasol alcanzó su máximo de floración y visitas al final del verano, cuando otras fuentes florales pueden comenzar a disminuir. Además de su valor potencial en las raciones, sus flores proporcionan recursos accesibles para diferentes insectos.
La relación entre este cultivo y los visitantes florales también tiene implicaciones productivas. Estudios de campo han mostrado que la presencia de polinizadores puede elevar el rendimiento del girasol, aunque el nuevo trabajo se concentró en su utilización como cobertura y forraje, no en la producción comercial de semillas.
El trigo sarraceno ofrece una ventana anterior, entre mediados y finales del verano, y puede establecerse rápidamente. La combinación temporal con camelina y girasol permitiría escalonar la floración, siempre que el sistema de rotación deje espacio suficiente entre los cultivos principales.
Una misma superficie puede acumular varios servicios
Los cultivos de cobertura se utilizan principalmente para reducir la erosión, mantener raíces vivas, limitar el crecimiento de malezas y favorecer la infiltración del agua. Su integración con la ganadería y la conservación de polinizadores puede repartir el coste de establecimiento entre varias funciones.
La cosecha como forraje ofrece una posible recuperación económica directa, mientras la floración contribuye a mantener insectos beneficiosos dentro del paisaje agrícola. Sin embargo, el valor final dependerá de la producción de biomasa, los costes de siembra y recolección y la facilidad para incorporar el material a las raciones.
También deben considerarse los riesgos propios de cada especie, como dificultades de establecimiento, competencia por agua, interferencias con la siembra siguiente o limitaciones nutricionales. La cobertura adecuada para una explotación ganadera puede no ser la mejor opción para una finca sin animales o para una región con una ventana corta entre cultivos comerciales.
Los autores sostienen que estas especies pueden acumular servicios ecosistémicos cuando se manejan con un calendario que preserve primero una parte del valor floral y conserve después suficiente calidad forrajera. El estudio aporta una base para ensayos de alimentación y evaluaciones económicas que determinen su desempeño en explotaciones reales.
Fuentes referenciales:
Agriculture, Ecosystems & Environment
Servicio de Investigación Agrícola del USDA

