Agricultura

Rosas: cómo el cultivo transformó su floración y su aroma

Publicado el 18/09/2026 · REDACCION

El cruce de variedades europeas y asiáticas amplió los colores y los periodos de floración. La selección posterior permitió recuperar la fragancia en algunos rosales modernos.


Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz

Las rosas que hoy se cultivan en viveros y jardines son el resultado de siglos de traslado de plantas, cruces y selección. Un recorrido por su historia muestra cómo la llegada de rosales asiáticos a Europa cambió la duración de la floración y cómo los obtentores trabajaron después para reunir ese rasgo con el aroma de variedades antiguas.

El uso ornamental de las flores es muy anterior a la floricultura moderna. En el caso de la rosa, las representaciones conservadas en Pompeya sitúan su cultivo en el siglo I. Mucho después, el intercambio de plantas entre regiones amplió los materiales disponibles para quienes cultivaban y mejoraban rosales. Ese vínculo entre diversidad vegetal y producción ornamental también aparece en el desarrollo de variedades comerciales a partir de flores nativas argentinas.

De las rosas antiguas a las variedades de floración prolongada

Entre las rosas antiguas se encontraban variedades de fragancia intensa y flores con numerosos pétalos. Muchas, sin embargo, florecían durante un periodo limitado. La incorporación a Europa de rosales procedentes de Asia, entre ellos cultivares de Rosa chinensis, abrió la posibilidad de obtener plantas capaces de volver a florecer en condiciones favorables.

Los cruces entre esas líneas asiáticas y las cultivadas en Europa dieron lugar a nuevas combinaciones de forma, color y duración de la floración. El rosal «La France», obtenido en 1867, se considera una referencia en la aparición de los híbridos de té y en la clasificación de las rosas modernas.

Por qué el aroma volvió a ser un objetivo de selección

La búsqueda de flores vistosas y floraciones prolongadas tuvo un efecto en algunas obtenciones: su perfume era menos intenso que el de muchas rosas antiguas. Los obtentores recurrieron a nuevos cruces con variedades fragantes y seleccionaron las plantas que reunían los atributos deseados. Por eso, la intensidad del aroma varía entre cultivares; no puede darse por supuesta solo por el aspecto de la flor.

Para el productor ornamental, la elección de una variedad también exige valorar su comportamiento en cultivo, incluida la rusticidad y la resistencia a enfermedades. La genética define parte de ese potencial, mientras que el manejo influye en el desarrollo de la planta. Un aspecto complementario es la nutrición de los rosales y el cuidado del suelo.

Del trabajo del obtentor al comercio de rosales

Obtener un nuevo rosal implica escoger plantas progenitoras, realizar cruces, observar la descendencia cuando florece y multiplicar los ejemplares seleccionados. Después, viveros y productores deben comprobar que las características de interés se mantienen en las plantas destinadas al cultivo y la venta.

La producción es solo una parte de la cadena ornamental. Distribución y comercialización plantean decisiones propias, como muestra un análisis de las prácticas de sostenibilidad en la floricultura estadounidense. En los rosales, la venta a raíz desnuda durante el reposo invernal permite transportar plantas sin maceta ni sustrato, con menos peso y volumen. Es una muestra de cómo el cultivo y la circulación de las rosas siguen dependiendo tanto de la selección varietal como de las prácticas de vivero.

Fuente referencial:
The Conversation: ¿Siempre han olido bien las rosas?



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