La EPA abrió una consulta pública para diseñar un premio de 30 millones de dólares orientado a alternativas económicas a la desecación química antes de la cosecha
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, EPA, anunció el 1 de julio de 2026 el lanzamiento de un concurso con un fondo de premios de 30 millones de dólares para impulsar alternativas económicamente viables a la desecación química previa a la cosecha.
La iniciativa fue acompañada por una solicitud de información pública, conocida como Request for Information o RFI, con la que la agencia busca recibir aportes de agricultores, científicos, organizaciones de productores, fabricantes de equipos, expertos en salud pública, entidades ambientales, gobiernos estatales y locales, tribus, territorios y otros interesados.
Alternativas al secado químico antes de cosechar
La desecación química consiste en aplicar productos fitosanitarios para secar artificialmente los tejidos de las plantas en las semanas previas a la cosecha. Esta práctica puede facilitar una maduración más uniforme, acelerar la entrada de la maquinaria y mejorar la organización operativa del trabajo agrícola.
Los desecantes suelen incluir herbicidas como diquat o glifosato. Se utilizan en cultivos como trigo, cebada, leguminosas, girasol, papa y algodón, donde el secado uniforme puede ser una ventaja para la cosecha mecanizada.
El interés de la EPA se centra en encontrar herramientas que permitan mantener o mejorar la preparación de los cultivos para la cosecha, la calidad de los productos y la eficiencia operativa sin depender exclusivamente de aplicaciones químicas de última etapa. El tema se relaciona con la búsqueda de alternativas biológicas a plaguicidas químicos y con nuevas estrategias de manejo agronómico.
Un concurso presentado como incentivo, no como sanción
La EPA planteó el concurso como una herramienta de innovación y no como una medida punitiva contra los productores. El objetivo declarado es ofrecer a los agricultores instrumentos nuevos, seguros y económicamente convenientes que puedan sustituir parte de las aplicaciones agroquímicas antes de la cosecha.
Lee Zeldin, administrador de la EPA, afirmó que los agricultores estadounidenses alimentan a las familias del país y merecen mejores herramientas para hacer su trabajo de forma segura. También señaló que escuchar a productores, investigadores y comunidades locales puede ayudar a reducir riesgos de exposición y fortalecer un suministro alimentario más confiable y resiliente.
La agencia enmarca la iniciativa dentro de sus competencias legales para regular pesticidas y proteger la salud humana y el ambiente. También la vincula con una agenda de modernización agrícola y con el propósito de reducir la dependencia de componentes químicos extranjeros.
Riesgos de residuos y exposición laboral
La preocupación principal se encuentra en el momento de aplicación. Como los desecantes se usan poco antes de la cosecha, pueden dejar residuos en los productos alimentarios y generar riesgos para los trabajadores que realizan o supervisan las aplicaciones.
Por esa razón, la EPA busca alternativas que reduzcan la exposición sin sacrificar la capacidad de cosechar en tiempo oportuno. En la práctica, esto exige soluciones capaces de funcionar en distintos sistemas productivos y con costos asumibles para los productores.
La discusión forma parte de un debate más amplio sobre residuos, regulación y transición hacia un uso más responsable de agroquímicos. Estudios recientes sobre residuos de plaguicidas han mostrado que la presencia de estos compuestos en sistemas agrícolas sigue siendo un desafío para la producción sostenible.
Qué soluciones busca la EPA
La agencia estadounidense está interesada en tecnologías y prácticas que puedan reemplazar o reducir la desecación química sin afectar la cosecha. Entre las posibles alternativas figuran mejoras agronómicas, planificación más precisa de siembras, métodos mecánicos o físicos de secado, opciones biológicas o de menor riesgo, tecnologías de agricultura de precisión e innovaciones en el manejo poscosecha.
La EPA también pidió comentarios sobre obstáculos para la adopción de estas alternativas, vacíos de investigación, necesidades de maquinaria, problemas de cadena de suministro y estándares de desempeño necesarios para que las soluciones sean viables.
El enfoque abre espacio para tecnologías que combinen manejo de cultivos, mecanización, datos y nuevas herramientas de protección vegetal. En esa línea, la agricultura ya viene explorando métodos que permitan complementar o reducir el uso de herbicidas, como el control eléctrico de malezas y otras intervenciones no químicas.
Agricultura regenerativa y manejo integrado
La convocatoria también se vincula con enfoques de agricultura regenerativa y manejo integrado de plagas. La EPA considera que una mejor planificación de los cultivos, el uso de métodos naturales de secado y las tecnologías de precisión pueden cumplir funciones similares a las aplicaciones químicas, pero con menores costos ambientales y sanitarios.
El objetivo no es eliminar de inmediato todas las herramientas químicas, sino promover alternativas que reduzcan riesgos en una etapa crítica del ciclo agrícola. Esto incluye cultivos de grano fino, leguminosas, oleaginosas, papa y algodón, todos mencionados por la agencia como sistemas relevantes para el concurso.
La búsqueda de soluciones de menor impacto también coincide con el desarrollo de nuevos productos y enfoques para el control de malezas, entre ellos el avance del mercado de bioherbicidas, que explora herramientas biológicas para reducir la dependencia de herbicidas convencionales.
Consulta pública antes de definir las reglas
La RFI permitirá definir el diseño del concurso antes de fijar sus condiciones finales. La EPA solicita recomendaciones sobre la estructura de premios, posibles etapas de desarrollo, criterios de desempeño y formas admisibles de utilizar los recursos otorgados.
El proceso busca que las condiciones del concurso reflejen necesidades reales del campo. Para los productores, el punto central será que las alternativas funcionen en la práctica, no solo en ensayos controlados, y que puedan sostener calidad, eficiencia y rentabilidad durante la cosecha.
El fondo de 30 millones de dólares coloca el debate sobre desecantes agrícolas en una agenda tecnológica más amplia: reducir riesgos sin perder capacidad productiva. La decisión final dependerá de qué soluciones demuestren ser seguras, escalables y económicamente competitivas para distintos cultivos.
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