Agricultura

Dinamarca cambiará cómo regula el nitrógeno agrícola

Publicado el 07/10/2026 ·

Desde enero de 2027 las explotaciones dejarán de estar reguladas principalmente por cuánto nitrógeno aplican y pasarán a tener límites sobre cuánto pueden perder desde sus campos hacia el ambiente


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz

Dinamarca introducirá desde el 1 de enero de 2027 un cambio profundo en la forma de regular el nitrógeno utilizado por la agricultura. En lugar de concentrarse principalmente en limitar cuánto nitrógeno puede aplicar un productor, el nuevo sistema establecerá límites sobre las pérdidas que pueden producirse desde cada explotación, obligando a considerar cultivos, rotaciones, cobertura vegetal, fertilización, suelo y condiciones locales al planificar el manejo.

La reforma quedó respaldada por la nueva ley danesa sobre gestión sostenible de nutrientes y gases de efecto invernadero en agricultura y silvicultura, aprobada por el Parlamento el 3 de septiembre de 2026. Para llevarla a la práctica se utilizará NUAR, siglas danesas de Nueva Regulación de Superficies Basada en Emisiones, una herramienta desarrollada con participación de la Universidad de Aarhus, la Universidad de Copenhague y SEGES Innovation.

El cambio afecta directamente a la producción vegetal porque modifica la lógica utilizada para decidir cómo cumplir las exigencias sobre nitrógeno. El productor podrá combinar diferentes medidas dentro de la explotación para mantenerse por debajo de su límite de pérdida, en lugar de depender exclusivamente de un máximo uniforme de fertilización.

La reforma parte de un problema agronómico conocido: una parte del nitrógeno aplicado o liberado por el suelo puede desplazarse fuera de la zona aprovechada por las raíces. Mundo Agropecuario ha documentado cómo el manejo conjunto de estiércol y cultivos de cobertura puede reducir pérdidas de nitrógeno cuando los nutrientes se mantienen disponibles para el cultivo en lugar de desplazarse hacia el agua o la atmósfera.

El límite se traslada de la aplicación a la pérdida de nitrógeno

Hasta ahora, la regulación danesa ha utilizado límites y normas sobre la cantidad de nitrógeno que los agricultores pueden aportar a sus cultivos. El nuevo sistema cambia el punto de control: a partir de 2027 se fijará cuánto nitrógeno puede perder cada explotación desde la zona radicular.

La diferencia es importante. Dos parcelas que reciben una cantidad similar de fertilizante pueden presentar pérdidas distintas debido al cultivo establecido, la secuencia de cultivos, el tipo de suelo, las precipitaciones, la cobertura vegetal y el momento en que se realizan determinadas labores.

El profesor Jørgen Eriksen, jefe de sección del Departamento de Agroecología de la Universidad de Aarhus y responsable del trabajo con el calculador NUAR, explicó que el instrumento permite representar esas diferencias mediante un modelo construido sobre datos medidos en parcelas experimentales y campos agrícolas.

La herramienta utiliza NLES5 para calcular la lixiviación desde la zona radicular. Entre las variables consideradas se encuentran el cultivo, la cobertura vegetal, el suministro de nitrógeno, el tipo de suelo y el drenaje o flujo de agua.

La eficiencia en el uso del nutriente es decisiva tanto para la producción como para el ambiente. Un análisis publicado recientemente y recogido por Mundo Agropecuario mostró que 593 ensayos europeos permitieron desarrollar un modelo para relacionar la eficiencia agronómica del nitrógeno con la respuesta de rendimiento de cereales, entre ellos experimentos realizados en Dinamarca.

La rotación de cultivos pasa a tener un papel directo

Una característica central del sistema es que la rotación podrá utilizarse como instrumento para modificar las pérdidas calculadas. Los investigadores de Aarhus consideran que esta variable debía incorporarse porque la secuencia de cultivos influye de manera importante sobre la lixiviación.

Esto significa que las decisiones tomadas después de cosechar un cultivo pueden adquirir consecuencias regulatorias además de agronómicas. Mantener vegetación capaz de absorber nitrógeno durante periodos en los que el terreno quedaría descubierto puede reducir la cantidad de nitrato susceptible de desplazarse con el agua.

Los cultivos de cobertura son una de las herramientas relacionadas con ese objetivo. Diferentes experiencias han mostrado que las coberturas pueden modificar la disponibilidad de nitrógeno y las necesidades posteriores de fertilización, aunque el efecto depende de las especies utilizadas y del sistema productivo.

NUAR también diferencia el efecto de determinadas prácticas según las condiciones de la parcela. Una misma medida no recibe necesariamente el mismo valor en todos los campos porque su capacidad para reducir pérdidas puede cambiar con el suelo y las precipitaciones.

El modelo se apoya en mediciones realizadas en campos

La Universidad de Aarhus subraya que NUAR no es simplemente un modelo teórico construido sin observaciones agrícolas. NLES, la familia de modelos utilizada como base, se ha desarrollado a partir de datos medidos tanto en experimentos como en campos cultivados convencionalmente.

Para los principales cultivos daneses existen mediciones específicas. El desafío aumenta con especies menos frecuentes: la agricultura del país utiliza alrededor de 300 códigos de cultivos y no existen mediciones independientes de lixiviación para cada uno de ellos.

En esos casos, los cultivos minoritarios se agrupan en categorías utilizando conocimiento agronómico sobre su crecimiento y comportamiento. Los investigadores reconocen que este es uno de los componentes que podrán mejorarse a medida que se incorporen nuevos datos.

La diversidad de condiciones también explica por qué las medidas destinadas a retener nutrientes no producen resultados idénticos en todos los terrenos. Los cultivos de cobertura, por ejemplo, pueden proteger el suelo y capturar nutrientes durante periodos en los que no existe un cultivo comercial activo, pero su desempeño depende del establecimiento, las especies, el clima y la rotación.

Los agricultores podrán combinar diferentes medidas

La lógica de la nueva regulación pretende proporcionar opciones para alcanzar un límite de pérdida. El productor podrá modificar componentes del sistema agrícola y observar cómo esas decisiones afectan el cálculo de nitrógeno que abandona la zona radicular.

Entre los factores contemplados se encuentran la selección de cultivos, la rotación, la fertilización, la presencia de cultivos intermedios o de cobertura y determinadas decisiones sobre su manejo.

El sistema también considera el momento de destrucción de las coberturas. Según la explicación técnica de Aarhus, mantenerlas durante más tiempo puede proporcionar una reducción calculada mayor porque continúan capturando nitrógeno que de otro modo podría quedar disponible para lixiviarse.

Este mecanismo refleja una función agronómica conocida. Tras la cosecha del cultivo principal, el suelo puede conservar nitrógeno mineral susceptible de perderse durante las lluvias de otoño e invierno. Establecer vegetación activa permite mantener una parte del nutriente dentro de la biomasa.

Por esa razón, los abonos verdes sembrados después de la cosecha se utilizan para reducir la lixiviación y mantener nutrientes dentro del sistema agrícola, además de proteger la superficie frente a erosión.

La herramienta no determina el objetivo ambiental

Aarhus University ha insistido en diferenciar dos elementos de la reforma. NUAR es el instrumento que calcula las pérdidas y permite evaluar las opciones disponibles en una explotación, mientras que el límite que debe alcanzar cada productor procede de los objetivos ambientales establecidos por las autoridades.

El nivel exigido depende, entre otros factores, de la carga de nutrientes admitida en las aguas costeras y de la retención que ocurre durante el recorrido del nitrógeno desde el campo hasta esos ecosistemas.

Esta separación es relevante porque un agricultor puede encontrarse con que para cumplir su límite necesita modificar una parte importante de la rotación. El modelo muestra qué combinaciones permiten aproximarse al objetivo, pero no es el instrumento que políticamente establece cuánto debe reducirse.

La nueva ley tiene como finalidad declarada prevenir y limitar la contaminación del aire, suelo y agua derivada de la producción, almacenamiento y utilización de fertilizantes y otros materiales que contienen nutrientes. También proporciona el marco para gestionar gases de efecto invernadero procedentes de actividades agrícolas y forestales.

La nueva regulación seguirá incorporando medidas

NUAR no se considera una herramienta terminada. Está prevista la creación de un comité encargado de su funcionamiento y desarrollo, mientras distintos proyectos de investigación continuarán proporcionando datos para ampliar las opciones disponibles.

Una de las líneas previstas es incorporar más alternativas de manejo para aumentar la flexibilidad con la que los agricultores pueden alcanzar sus límites. También se trabaja en extender determinadas prácticas de agricultura de precisión hacia un número mayor de cultivos.

Otra cuestión discutida es la utilización directa del rendimiento como variable. Jørgen Eriksen ha advertido que introducirlo de forma independiente podría generar efectos no deseados porque el rendimiento ya está representado indirectamente mediante variables como fertilización, suelo, clima y efecto del cultivo precedente, mientras los datos disponibles no representan adecuadamente todos los casos de cosechas fallidas o sequías extremas.

La regulación basada en pérdidas exige precisamente distinguir entre cuánto nutriente entra en una parcela y cuánto permanece disponible para la producción. Ensayos agrícolas han mostrado que modificar las condiciones del suelo puede cambiar el destino del nitrógeno aplicado y reducir su riesgo de lixiviación, incluso cuando la cantidad inicial de fertilizante es similar.

Un cambio directo en la planificación de las explotaciones

La transición prevista para enero de 2027 convierte la gestión del nitrógeno en una decisión más vinculada al funcionamiento completo de cada explotación. La fertilización seguirá siendo una variable fundamental, pero dejará de ser el único elemento central para cumplir la regulación.

Rotaciones, cobertura del terreno, momento de las labores, características del suelo y condiciones hidrológicas pasan a formar parte del cálculo que determinará las pérdidas estimadas desde los campos.

El cambio puede generar situaciones diferentes entre explotaciones vecinas. Dos productores que cultiven especies distintas o trabajen sobre suelos con características diferentes podrían disponer de combinaciones de manejo distintas para alcanzar el objetivo asignado.

Para la agricultura danesa, el paso de límites de aplicación hacia límites de pérdida representa así una transformación del marco de fertilización. Su funcionamiento práctico comenzará a comprobarse cuando la nueva regulación entre en vigor el 1 de enero de 2027 y los productores tengan que adaptar sus planes de cultivo y manejo del nitrógeno a los límites calculados para sus explotaciones.

Fuentes referenciales:
Universidad de Aarhus – DCA, Centro Danés de Alimentación y Agricultura
Retsinformation – Parlamento y legislación de Dinamarca