Tres episodios de inundación en Santa Rosa, provincia de El Oro, han puesto a prueba las barreras de contención del hongo Raza 4 Tropical. Agrocalidad amplió la vigilancia a ocho kilómetros y comenzó a aplicar Trichoderma con apoyo del INIAP, mientras los productores advierten sobre el riesgo para las plantaciones vecinas.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.
La emergencia fitosanitaria que afecta a la producción bananera de Ecuador enfrenta una nueva complicación en el cantón Santa Rosa, provincia de El Oro. Tres inundaciones registradas durante octubre de 2026 alcanzaron el entorno de las fincas donde se han confirmado brotes de Fusarium Raza 4 Tropical (Foc R4T), un patógeno del suelo capaz de destruir plantas de banano y permanecer durante décadas en terrenos contaminados.
Los desbordamientos ocurridos los días 19, 24 y 28 de octubre elevaron la preocupación de los productores por la posible movilización del hongo mediante agua y sedimentos. La situación llevó a reforzar las medidas de contención, ampliar la vigilancia fitosanitaria e incorporar aplicaciones de Trichoderma, un grupo de hongos beneficiosos que puede competir con determinados microorganismos causantes de enfermedades vegetales.
La Agencia de Regulación y Control Fito y Zoosanitario (Agrocalidad) y el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIAP) participan en las actuaciones desarrolladas en el sector El Quemado, donde se localizan los focos conocidos de la enfermedad.
El principal riesgo no consiste en que las lluvias generen nuevos brotes por sí mismas, sino en que el movimiento de agua y suelo contaminado facilite el traslado del patógeno hacia otras plantaciones. Hasta el momento, la información disponible no demuestra que las inundaciones de octubre hayan provocado nuevas infecciones confirmadas fuera de los focos previamente identificados.
Tres inundaciones en una semana complican la contención del hongo
El cantón Santa Rosa se encuentra en una zona agrícola donde las inundaciones constituyen un problema recurrente. Durante octubre, los desbordamientos del estero Medina afectaron terrenos cultivados y alcanzaron áreas próximas a los predios sometidos a medidas de cuarentena.
La finca La Carolina, donde se confirmó el primer brote ecuatoriano de Fusarium Raza 4 Tropical en diciembre de 2025, se encuentra entre los establecimientos expuestos a las crecidas. En julio de 2026 se identificó un segundo foco en un predio colindante.
Las medidas de aislamiento habían incluido la construcción y el reforzamiento de barreras físicas para limitar el movimiento de materiales potencialmente contaminados. Sin embargo, las inundaciones recientes pusieron a prueba esas estructuras.
Los productores del sector manifestaron su preocupación porque el agua desbordada habría superado las barreras de contención y alcanzado haciendas bananeras cercanas.
Este escenario resulta especialmente delicado debido a las características del patógeno. Fusarium Raza 4 Tropical puede desplazarse asociado a partículas de suelo, agua de drenaje, herramientas, vehículos, calzado y material vegetal infectado.
Cuando el terreno queda inundado, el control del movimiento de sedimentos se vuelve más difícil. Por esa razón, las autoridades consideran necesario intervenir tanto en la infraestructura hidráulica como en las medidas sanitarias de las explotaciones.
Agrocalidad amplía la vigilancia fitosanitaria a ocho kilómetros
Ante las afectaciones ocasionadas por las lluvias, Agrocalidad amplió el radio de monitoreo de cinco a ocho kilómetros alrededor del área intervenida.
La medida fue comunicada en el contexto de la coordinación con el Comité de Operaciones de Emergencia Provincial de El Oro, que reúne a distintas instituciones responsables de responder a las inundaciones y reforzar la contención.
La ampliación no significa que todos los predios comprendidos dentro de ese perímetro estén infectados. Se trata de una extensión del área sometida a vigilancia preventiva para identificar oportunamente posibles focos secundarios.
Las brigadas técnicas realizan actividades de desinfección de maquinaria, herramientas y vehículos. También prestan asistencia a productores para mejorar las barreras de protección y restablecer las coberturas instaladas sobre las superficies intervenidas.
Otra prioridad consiste en canalizar el agua y reducir el arrastre de suelo desde las áreas de mayor riesgo. La eficacia de estas medidas depende de las condiciones del terreno, de la magnitud de las crecidas y del mantenimiento de las infraestructuras.
Agrocalidad ha pedido a agricultores, trabajadores y transportistas respetar los puntos de desinfección, limitar el acceso de personas no autorizadas y comunicar cualquier síntoma sospechoso en las plantaciones.
El control biológico con Trichoderma entra en la respuesta sanitaria
Una de las novedades de la intervención es la aplicación de hongos beneficiosos del género Trichoderma en el sector El Quemado.
Agrocalidad informó el 23 de octubre que sus equipos comenzaron estas aplicaciones con acompañamiento técnico del INIAP. Antes del tratamiento, especialistas de ambas instituciones inspeccionaron las condiciones del suelo para determinar los momentos más adecuados de intervención.
Las dosis utilizadas fueron definidas siguiendo las recomendaciones de los técnicos del instituto de investigación.
Trichoderma comprende diversas especies de hongos presentes en ambientes agrícolas. Algunas cepas tienen capacidad para competir con patógenos por nutrientes y espacio, producir sustancias que dificultan su desarrollo o estimular determinados mecanismos de defensa de las plantas.
También se investigan sus efectos sobre el crecimiento de las raíces y la disponibilidad de nutrientes.
Sin embargo, estos mecanismos no garantizan que una aplicación controle Fusarium Raza 4 Tropical en condiciones de campo. La respuesta depende de la cepa utilizada, la concentración, el tipo de suelo, la humedad, las condiciones ambientales y las interacciones con otros microorganismos.
En Santa Rosa, el tratamiento se está utilizando como parte de una estrategia de manejo y contención, no como una cura demostrada para las plantaciones infectadas.
La evidencia científica muestra resultados diferentes según las condiciones
El uso de Trichoderma frente a la marchitez por Fusarium ha sido investigado en distintos países productores de banano, pero los resultados no son uniformes.
Algunos ensayos han encontrado reducciones en la incidencia o severidad de la enfermedad bajo determinadas condiciones experimentales. Otros han observado actividad antagonista en laboratorio sin que esa capacidad se traduzca en una protección equivalente cuando las plantas se cultivan en sustratos o suelos infectados.
Esta diferencia es importante porque los ensayos de laboratorio permiten estudiar interacciones entre microorganismos en ambientes controlados, mientras que en una finca intervienen factores adicionales como temperatura, humedad, estructura del suelo y distribución del patógeno.
La aplicación de un agente biológico también debe distinguirse de la erradicación de una enfermedad. Una reducción de la actividad del hongo o de los síntomas en determinadas plantas no implica que el terreno haya quedado libre de Fusarium.
En el caso ecuatoriano, las instituciones no han publicado todavía resultados experimentales que permitan determinar cuánto disminuye la presencia de Foc R4T después de las aplicaciones realizadas en octubre.
Por tanto, sería prematuro atribuir al tratamiento una reducción comprobada de los focos existentes o afirmar que impedirá la dispersión del patógeno durante futuras inundaciones.
Un patógeno capaz de permanecer durante décadas en el suelo
Fusarium Raza 4 Tropical afecta a plantas del género Musa, entre ellas variedades comerciales de banano y plátano.
El microorganismo ingresa principalmente a través de las raíces y coloniza los tejidos vasculares, interfiriendo con el transporte de agua y nutrientes.
Entre los síntomas asociados se encuentran el amarillamiento de hojas, la marchitez y el deterioro progresivo de la planta. En infecciones avanzadas, el daño puede provocar su muerte.
Una característica especialmente problemática es la capacidad del patógeno para persistir en el suelo durante largos períodos, incluso cuando el cultivo susceptible ya no está presente.
Esta persistencia dificulta recuperar terrenos afectados y obliga a mantener medidas de bioseguridad que impidan trasladar suelo contaminado hacia otras explotaciones.
El INIAP ha recordado que la enfermedad afecta a las plantas y no constituye un riesgo para la salud humana ni para el consumo de los frutos.
La amenaza es esencialmente agrícola: la pérdida de plantas, las restricciones de manejo y la posibilidad de que nuevas superficies productivas resulten afectadas.
Los productores cuestionan la capacidad de las barreras de contención
Las inundaciones también han reactivado las críticas de representantes del sector bananero sobre la oportunidad y suficiencia de las obras destinadas a proteger los predios vecinos.
Segundo Solano, presidente de la Asociación de Bananeros Orenses (ABO), cuestionó que algunas intervenciones de contención física se realizaran después de que la zona ya hubiera experimentado desbordamientos.
El dirigente señaló que durante febrero de 2026 se habían registrado problemas relacionados con el ingreso de agua a las áreas sometidas a cuarentena.
También defendió la necesidad de fortalecer el manejo biológico del suelo, especialmente en las explotaciones de pequeños y medianos agricultores.
Estas declaraciones expresan la posición del gremio y no constituyen por sí mismas una evaluación técnica independiente de todas las actuaciones realizadas por las autoridades.
Agrocalidad, por su parte, sostiene que mantiene brigadas en territorio y que la coordinación con las instituciones provinciales permite movilizar recursos para reparar barreras, mejorar el drenaje y vigilar posibles focos adicionales.
La evolución de las próximas semanas será relevante para determinar si las medidas de contención consiguen limitar el movimiento de materiales desde los predios afectados.
La prevención continúa siendo la principal defensa de las fincas
En ausencia de un tratamiento que permita eliminar de manera fiable el patógeno de un suelo infectado, la prevención ocupa un lugar central en el manejo de Fusarium Raza 4 Tropical.
Las recomendaciones institucionales incluyen controlar el ingreso de personas y vehículos, limpiar y desinfectar herramientas, evitar el traslado de material vegetal sospechoso y mantener vigilancia sobre síntomas compatibles con la enfermedad.
Las medidas de drenaje también adquieren importancia cuando existen terrenos expuestos a desbordamientos, aunque su diseño debe considerar las condiciones hidrológicas y agrícolas de cada explotación.
El INIAP desarrolla además líneas de investigación relacionadas con materiales vegetales que presentan características de resistencia o tolerancia al patógeno y con microorganismos que podrían contribuir al manejo sanitario del cultivo.
Estas investigaciones representan herramientas potenciales para el sector, pero no sustituyen las medidas inmediatas de bioseguridad ni garantizan que las plantaciones comerciales actuales puedan mantenerse productivas en suelos contaminados.
La situación de Santa Rosa reúne dos dificultades que deben abordarse conjuntamente: una enfermedad vegetal persistente y un territorio expuesto a inundaciones recurrentes.
Las aplicaciones de Trichoderma, la ampliación del monitoreo y las obras de contención constituyen respuestas distintas a ese problema. Su efectividad deberá evaluarse mediante seguimiento sanitario, observaciones de campo y resultados verificables sobre la evolución de los focos.
Fuentes referenciales:
Primicias — Inundaciones y control biológico en la zona afectada por Fusarium, 31 de octubre de 2026
Agrocalidad — Coordinación de medidas de contención ante las inundaciones, 23 de octubre de 2026
Agrocalidad — Aplicaciones de Trichoderma en El Oro, 23 de octubre de 2026
INIAP — Prevención y manejo de Fusarium Raza 4 Tropical, 21 de octubre de 2026


