Un estudio de 35 años en Alemania revela que el calentamiento afecta de manera distinta los rendimientos agrícolas y advierte que los cultivos dependientes de insectos afrontarán una doble presión.
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
El cambio climático ya está modificando de manera desigual la productividad de los cultivos en Alemania. Una investigación de la Universidad Técnica de Múnich determinó que los rendimientos del trigo están disminuyendo en áreas donde el calor y la sequedad superan las condiciones óptimas del cereal, mientras que algunos árboles frutales, como los manzanos, todavía se benefician parcialmente del aumento de las temperaturas.
El trabajo examinó durante más de 35 años la evolución de los rendimientos agrícolas en la Baja Franconia y la Alta Baviera, dos regiones alemanas con condiciones climáticas diferentes. Los investigadores compararon cultivos sin dependencia de los insectos, con dependencia moderada y con una fuerte necesidad de polinización.
Los resultados, publicados en la revista Ecology and Evolution, muestran que la respuesta productiva no está determinada únicamente por la temperatura y la disponibilidad de agua. También interviene la forma en que cada planta se reproduce y el grado en que necesita la actividad de abejas, sírfidos y otros insectos.
El trigo supera sus condiciones térmicas óptimas
El trigo puede reproducirse mediante autopolinización o con ayuda del viento, por lo que no depende de los insectos para formar sus granos. Esta autonomía, sin embargo, no lo protege frente al deterioro de las condiciones climáticas.
Según el equipo de la Universidad Técnica de Múnich, las temperaturas en las regiones analizadas ya se encuentran por encima del nivel óptimo para el cereal. La combinación de suelos más secos y condiciones más cálidas lleva a las plantas a producir una menor cantidad de granos y a reducir su tamaño.
Las mejoras técnicas aplicadas durante las últimas décadas —entre ellas el fitomejoramiento y los avances en el manejo agrícola— habían compensado buena parte de las pérdidas asociadas al clima. El nuevo análisis indica que esa capacidad de compensación comienza a debilitarse en los cultivos extensivos que no requieren polinizadores.
Este comportamiento coincide con la necesidad de desarrollar alternativas como el trigo híbrido adaptado al calor y la sequía en Europa, aunque la selección genética constituye solo una de las herramientas disponibles para responder al aumento del estrés térmico e hídrico.
Los manzanos mantienen una ventaja que podría ser temporal
Los árboles frutales estudiados, entre ellos manzanos y cerezos, no mostraron hasta ahora la misma reducción de rendimiento. Los científicos consideran que el calentamiento moderado puede haber disminuido los daños provocados por las heladas tardías durante la floración, permitiendo la formación de una mayor cantidad de frutos.
Esta respuesta no significa que la fruticultura esté protegida frente al cambio climático. Investigaciones realizadas en otras zonas productoras ya han identificado riesgos crecientes para los manzanos por calor extremo, noches cálidas y cambios en las horas de frío.
Los autores del estudio alemán advierten que la ventaja observada puede desaparecer si las temperaturas continúan aumentando. Una vez superado el rango climático favorable, los árboles podrían crecer con menor vigor y formar flores más pequeñas o menos atractivas para los insectos.
El doble estrés de los cultivos dependientes de insectos
Los cultivos que necesitan polinización entomófila afrontan dos amenazas simultáneas. La primera recae directamente sobre la planta, cuya floración, crecimiento y formación de frutos pueden alterarse por el calor o la falta de humedad. La segunda afecta a los propios polinizadores, cuyas tolerancias térmicas varían entre especies.
El cambio en la composición de las comunidades de insectos también puede modificar la cantidad y calidad de la polinización disponible. Este riesgo resulta mayor en paisajes agrícolas con pocas especies, donde la desaparición o reducción de un grupo funcional difícilmente puede ser compensada por otros polinizadores.
La posible falta de sincronía entre la apertura de las flores y la actividad de los insectos constituye otra fuente de inestabilidad. Este fenómeno ya ha sido observado en estudios sobre los cambios en los ciclos de floración y polinización, con implicaciones para la planificación de cosechas y el manejo de las colmenas.
Sara Leonhardt, profesora de interacciones entre plantas e insectos de la Universidad Técnica de Múnich, señaló que los cultivos dependientes de polinizadores sufrirán esa doble presión si el calentamiento continúa: condiciones menos favorables para las plantas y transformaciones paralelas en las poblaciones de insectos que aseguran su reproducción.
Adaptar la agricultura exige proteger la biodiversidad
Paula Prucker, autora principal del estudio, sostiene que las estrategias de adaptación deben considerar tanto las necesidades climáticas de cada cultivo como la conservación sostenible de sus polinizadores. La investigación vincula así la estabilidad productiva con la biodiversidad presente dentro y alrededor de las explotaciones.
Entre las medidas propuestas figuran el establecimiento de áreas florales y setos que proporcionen alimento y refugio, la diversificación de las rotaciones y la reducción del uso de pesticidas. La creación de corredores biológicos dentro de los paisajes agrícolas también puede mejorar la conectividad entre hábitats y sostener comunidades más diversas.
El estudio no plantea que los cultivos dependientes de insectos sean inmunes al calentamiento, sino que sus rendimientos responden a una combinación más compleja de factores. En el caso del trigo, el deterioro climático ya está superando parte de los beneficios aportados por la tecnología; en los frutales, la aparente ventaja actual podría transformarse en vulnerabilidad a medida que aumente la temperatura.
Para los productores, esta diferencia obliga a evitar soluciones uniformes. La adaptación deberá ajustarse al cultivo, al clima regional, a la disponibilidad de agua y al estado de las comunidades de polinizadores que participan en la formación de las cosechas.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Universidad Técnica de Múnich
Ecology and Evolution

