Cultivos

El Salvador afronta escasez de plantas certificadas de café

Publicado el 24/08/2026 · REDACCION

El Instituto Salvadoreño del Café advierte que la falta de material vegetal y las dificultades de financiamiento frenan la renovación de las plantaciones


Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.

El Salvador enfrenta dificultades para renovar su parque cafetalero debido a la baja disponibilidad de plantas y semillas certificadas, según un informe del Instituto Salvadoreño del Café (ISC). La institución señala que esta limitación, combinada con las restricciones presupuestarias de los productores, reduce la capacidad del sector para sustituir cafetos envejecidos y establecer nuevas áreas de cultivo.

La advertencia aparece en la memoria de labores del ISC correspondiente al período comprendido entre junio de 2025 y mayo de 2026. El documento identifica obstáculos para financiar la renovación de fincas, desarrollar investigaciones, ampliar la asistencia técnica y adquirir equipos e insumos necesarios para recuperar la productividad.

El problema se inserta en un escenario de contracción prolongada. De acuerdo con cifras del V Censo Agropecuario citadas en el informe, la superficie dedicada al café pasó de 217.628 manzanas en el ciclo 2007-2008 a 105.741 manzanas en 2023-2024. La diferencia representa una reducción cercana al 51 % en 16 años.

Plantaciones envejecidas limitan el rendimiento cafetalero

Una proporción importante de los cafetos salvadoreños procede de plantaciones establecidas durante la década de 1980. La permanencia de árboles envejecidos puede traducirse en menores rendimientos y una respuesta más limitada ante enfermedades, variaciones climáticas y cambios en las condiciones de producción.

La renovación no consiste únicamente en reemplazar árboles. Requiere seleccionar variedades adecuadas para cada zona, asegurar material vegetal con identidad genética y condiciones fitosanitarias verificables, preparar el terreno y sostener la inversión durante los años previos a la primera cosecha comercial.

El uso de plantas certificadas permite mejorar la trazabilidad del material utilizado en las fincas y reducir el riesgo de establecer cultivos con procedencia desconocida. Sin embargo, la certificación no garantiza por sí sola la productividad: el resultado también depende del manejo agronómico, la nutrición, la disponibilidad de agua, la altitud y las condiciones climáticas.

El deterioro de la caficultura coincide con dificultades observadas en otras actividades rurales del país. Un análisis sobre la reducción de la producción agropecuaria en El Salvador identificó el acceso limitado al crédito y la menor capacidad de inversión entre los factores que presionan a los productores.

La roya dejó una presión duradera sobre las fincas

La epidemia de roya que afectó a Centroamérica durante el ciclo 2012-2013 agravó el envejecimiento y la pérdida de productividad de numerosas plantaciones salvadoreñas. Desde entonces, la incorporación de variedades con tolerancia o resistencia a enfermedades se convirtió en una de las prioridades de los programas de renovación.

La elección varietal debe acompañarse de monitoreo permanente. La roya, la broca y otros organismos perjudiciales pueden generar pérdidas cuando no existe detección temprana oportuna. Entre las alternativas investigadas para complementar el manejo se encuentran los bioinsumos destinados al control de plagas y enfermedades del café.

El ISC informó en enero de 2026 que su asistencia técnica abarca las seis cordilleras cafetaleras del país: Apaneca-Ilamatepec, Bálsamo-Quezaltepec, Tecapa-Chinameca, Cacahuatique, Chinchontepec y Alotepec-Metapán. El trabajo incluye recomendaciones sobre variedades, eficiencia en el uso de insumos y conservación de sistemas agroforestales.

El cultivo bajo sombra es especialmente relevante en terrenos donde el café forma parte de sistemas productivos diversificados. La cobertura arbórea puede moderar las condiciones del microclima y contribuir a la conservación del suelo, aunque necesita un manejo ajustado a cada finca. Estudios sobre los beneficios ambientales y productivos del café cultivado bajo sombra muestran la importancia de equilibrar protección, humedad y entrada de luz.

La producción mejora, pero persisten problemas estructurales

El ciclo 2024-2025 cerró con 858.542 quintales oro-uva, un descenso del 3,89 % frente a la temporada anterior, según cifras citadas por el ISC. Para la cosecha 2025-2026, los registros actualizados hasta el 31 de mayo de 2026 alcanzaron 952.237 quintales, un aumento interanual del 12,9 %.

La recuperación de una cosecha anual no elimina, sin embargo, la reducción acumulada del área cultivada ni la necesidad de reemplazar plantaciones antiguas. El abastecimiento insuficiente de plantas certificadas puede impedir que los productores aprovechen una mejora coyuntural de los ingresos para reconstruir la capacidad productiva.

La renovación también exige recursos para fertilización, control fitosanitario, mano de obra y mantenimiento durante el período improductivo. Para los caficultores con deudas o acceso restringido al financiamiento, asumir esos gastos sin ingresos inmediatos representa una de las principales barreras.

Nuevas reglas buscan fortalecer la trazabilidad

Una reforma aprobada en abril de 2026 a la legislación especial sobre comercialización, registro y protección de la propiedad del café estableció que los productores de semillas y los viveristas deben inscribirse ante el ISC. La medida busca ordenar la oferta de material vegetal, verificar su procedencia y fortalecer los controles de calidad.

La trazabilidad adquiere además una dimensión comercial. Los mercados internacionales están aumentando sus exigencias sobre el origen de los productos agrícolas y las condiciones ambientales de las fincas. Las normas europeas que afectan al comercio de café y cacao refuerzan la necesidad de contar con registros confiables desde la producción del material vegetal hasta la exportación.

Para que la inscripción de semilleristas y viveristas se traduzca en una mayor oferta, será necesario acompañar la regulación con capacidad de propagación, supervisión técnica y mecanismos que permitan a los productores adquirir las plantas. Sin ese componente financiero y operativo, la disponibilidad de material certificado puede seguir por debajo de las necesidades de renovación.

El diagnóstico del ISC sitúa así el desafío en dos frentes conectados: aumentar la producción de semillas y plantas verificadas y crear condiciones para que los caficultores puedan invertir. La velocidad con la que se atiendan ambas necesidades influirá en la recuperación de las áreas de café y en la capacidad del sector para sostener sus cosechas.

Fuentes referenciales:
Infobae
Instituto Salvadoreño del Café



Mundo Agropecuario
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