Instituciones y empresas

El Salvador perdió 109.000 vacas y desplomó su producción agrícola

Publicado el 18/07/2026 · REDACCION

El economista César Villalona advirtió que entre 2019 y 2025 disminuyeron la ganadería y las cosechas de maíz, arroz y frijol, mientras aumentaron los costos, las importaciones de alimentos y las dificultades de acceso al crédito.


Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Javier Morales O.

La producción agropecuaria de El Salvador registró un deterioro sostenido entre 2019 y 2025, con una reducción de 109.000 vacas y fuertes caídas en cultivos básicos como maíz, arroz y frijol.

Las cifras fueron expuestas por el economista César Villalona durante una entrevista en el programa Enfoque, en la que analizó resultados del censo agropecuario y las condiciones económicas que enfrentan los productores salvadoreños.

El retroceso productivo coincide con el aumento de los costos agrícolas, una mayor dependencia de las importaciones de alimentos, la reducción del apoyo estatal y un acceso al financiamiento que continúa siendo limitado para el sector rural.

El inventario ganadero perdió 109.000 vacas

Entre 2019 y 2025, El Salvador pasó a tener 109.000 vacas menos. La reducción del hato representa una pérdida importante para una actividad que abastece carne, leche y otros productos de origen animal.

Una disminución de esta magnitud puede afectar la disponibilidad de animales reproductores, la producción lechera y la capacidad de recuperación de las explotaciones ganaderas.

La situación se suma a otras amenazas que enfrenta la producción pecuaria centroamericana. El avance del gusano barrenador y su impacto sobre la seguridad alimentaria ha reforzado la necesidad de proteger los hatos, mejorar la vigilancia sanitaria y sostener a los pequeños productores.

La reducción del inventario también puede aumentar la dependencia de carne, leche o animales procedentes de otros países si la producción nacional no logra responder a la demanda interna.

El maíz cayó de 19 millones a 11 millones de quintales

La cosecha nacional de maíz disminuyó de 19 millones de quintales durante el ciclo 2019-2020 a 11 millones en 2024-2025.

La diferencia representa una reducción de ocho millones de quintales en uno de los alimentos fundamentales para la dieta salvadoreña y para la economía de miles de productores.

El maíz se utiliza para consumo humano, alimentación animal y elaboración de numerosos productos. Una menor cosecha nacional puede trasladarse a los precios, aumentar las compras en el exterior y reducir los ingresos de las familias productoras.

El país ya ha enfrentado precios elevados del maíz por la menor producción y las bajas reservas, en un mercado expuesto también a la volatilidad internacional y a los costos de importación.

La producción de arroz se redujo casi por completo

El arroz presentó una de las contracciones más pronunciadas entre los cultivos examinados. La producción pasó de más de 600.000 quintales a poco más de 70.000.

El volumen actual equivale a una fracción de lo que se producía al inicio del periodo analizado. Esta caída limita la capacidad del país para abastecerse con producción nacional y amplía la necesidad de importar el cereal.

La reducción puede estar relacionada con una combinación de costos elevados, menor superficie cultivada, dificultades de riego, falta de financiamiento y pérdida de rentabilidad.

El arroz requiere una inversión considerable en semillas, fertilización, control de malezas, agua, cosecha y procesamiento. Cuando los costos aumentan más rápido que los ingresos esperados, los productores pueden reducir el área sembrada o abandonar el cultivo.

El frijol no cubre ni la mitad del consumo nacional

La producción de frijol quedó por debajo de un millón de quintales durante la última cosecha, mientras el consumo nacional asciende a 2,4 millones.

La diferencia implica que la producción local no alcanza a cubrir ni la mitad de las necesidades internas señaladas por Villalona.

El frijol, junto con el maíz y el arroz, forma parte de la base alimentaria de la población. Su menor disponibilidad nacional aumenta la exposición del país a las fluctuaciones de precios, al transporte internacional y a posibles interrupciones comerciales.

La reducción simultánea de varios cultivos básicos evidencia un problema que no se limita a una cadena productiva específica, sino que afecta de manera transversal al sistema agroalimentario salvadoreño.

Las importaciones sustituyen parte de la producción local

Villalona relacionó la caída productiva con un aumento sostenido de las importaciones de alimentos, que han sustituido progresivamente parte de la oferta obtenida dentro del país.

Las importaciones pueden cubrir déficits y evitar desabastecimientos, pero una dependencia creciente también expone al mercado interno a variaciones de precios internacionales, costos logísticos y decisiones comerciales externas.

Cuando los productos importados compiten con cosechas nacionales en condiciones desfavorables, los agricultores locales pueden encontrar mayores dificultades para recuperar sus inversiones.

La pérdida de producción interna también afecta la actividad económica de las comunidades rurales, porque reduce la demanda de mano de obra, transporte, almacenamiento, servicios técnicos y comercio de insumos.

El precio de la urea aumentó más de un 150 %

Entre 2019 y 2025, el precio de la urea aumentó más de un 150 %, mientras el sulfato de amonio registró incrementos similares.

Estos fertilizantes aportan nutrientes esenciales para cultivos como maíz, arroz y otros granos básicos. Su encarecimiento eleva el costo por hectárea y puede obligar a los productores a disminuir las dosis aplicadas.

Una fertilización insuficiente puede reducir el rendimiento, pero mantener las dosis recomendadas exige disponer de mayor capital al inicio de cada campaña.

Para los pequeños agricultores, la presión de los insumos se combina con la incertidumbre climática, los costos de alquiler y la dificultad para obtener créditos en condiciones adecuadas.

El alquiler de tierras subió un 42 %

El costo de arrendar terrenos agrícolas aumentó un 42 % durante el periodo analizado. En las tierras con acceso a riego, los incrementos fueron todavía mayores.

La subida afecta especialmente a los productores que no son propietarios y deben asumir el alquiler antes de iniciar la siembra.

Villalona estimó que alrededor de 200.000 personas trabajan en tierras arrendadas. Esta condición incrementa su vulnerabilidad frente a cambios en los precios de los alimentos, aumentos de insumos o pérdidas provocadas por eventos climáticos.

En una explotación arrendada, el productor debe cubrir el costo de la tierra incluso cuando la cosecha resulta inferior a lo esperado. También dispone de menos incentivos para realizar inversiones de largo plazo en infraestructura, conservación del suelo o riego.

El paquete agrícola redujo su valor

El economista señaló que el paquete agrícola entregado a los productores tenía anteriormente un valor aproximado de 150 dólares, mientras actualmente aporta insumos valorados en 75 dólares.

La reducción se produce en un periodo en el que las semillas y los fertilizantes aumentaron de precio, por lo que el apoyo cubre una proporción menor de los costos reales de producción.

Villalona también indicó que dejaron de implementarse cinco programas estatales: Agricultura Familiar, Acuicultura Familiar, Desarrollo Rural, Amanecer Rural y Desarrollo Agropecuario.

La desaparición de estas iniciativas puede afectar la asistencia técnica, la diversificación productiva, el acceso a recursos y la capacidad de inversión de las familias rurales.

Solo el 1 % del crédito bancario llega al agro

El financiamiento constituye otra de las principales restricciones. Solo el 1 % del crédito otorgado por el sistema bancario se dirige al sector agropecuario.

Esto significa que, por cada cien dólares prestados, únicamente uno se destina a actividades agrícolas y ganaderas.

La falta de crédito dificulta comprar semillas, fertilizantes, animales, maquinaria, sistemas de riego y tecnologías capaces de elevar la productividad.

También limita la posibilidad de afrontar pérdidas temporales o esperar mejores condiciones comerciales antes de vender las cosechas.

La escasez de trabajadores ha llevado a parte del sector a considerar la mecanización del campo salvadoreño como una respuesta necesaria, pero esa transición requiere recursos financieros que no están disponibles para todos los productores.

La sequía añade presión sobre cultivos y ganado

A los factores económicos se suman los riesgos climáticos. Productores salvadoreños han advertido que una posible sequía severa puede reducir la disponibilidad de agua, afectar los cultivos de maíz y frijol y disminuir las reservas de pastos para el ganado.

La combinación de lluvias irregulares, temperaturas elevadas y falta de infraestructura de riego incrementa el riesgo de nuevas pérdidas.

La advertencia sobre una supersequía que amenaza al agro de El Salvador muestra que la recuperación productiva depende también de mejorar el manejo del agua y la capacidad de adaptación de las explotaciones.

Los productores con sistemas de riego disponen de una ventaja frente a quienes dependen únicamente de las precipitaciones, aunque el acceso a terrenos irrigados implica alquileres y costos operativos más elevados.

La migración debilita el relevo generacional

Villalona identificó la falta de relevo generacional como un problema persistente para la agricultura salvadoreña.

Muchos jóvenes optan por trasladarse a las ciudades o emigrar al extranjero debido a los bajos salarios, las largas jornadas laborales y la ausencia de perspectivas económicas dentro del campo.

La salida de población joven reduce la disponibilidad de trabajadores y dificulta la transferencia de conocimientos entre generaciones.

Las explotaciones familiares pueden quedar sin sucesores, mientras los productores de mayor edad enfrentan más dificultades para mantener las labores o adoptar nuevas tecnologías.

La pobreza rural reduce el atractivo de la agricultura

Los menores ingresos y los niveles más elevados de pobreza se concentran en las zonas rurales, una situación que alimenta el éxodo juvenil y debilita la estructura productiva.

La agricultura pierde atractivo cuando el trabajo exige grandes esfuerzos, pero no garantiza estabilidad económica, protección social o posibilidades de crecimiento.

La dependencia de las remesas ayuda a muchas familias a cubrir sus gastos y sostener el consumo, pero no sustituye la producción ni crea por sí sola nuevas inversiones agrícolas.

Cuando las remesas se destinan principalmente al consumo, su efecto sobre la capacidad productiva del campo puede ser limitado.

Las mujeres rurales enfrentan una doble jornada

El economista también destacó las desigualdades que afectan a las mujeres rurales, quienes suelen ocupar posiciones laborales inferiores y asumir simultáneamente tareas productivas y domésticas.

Esta doble jornada reduce las oportunidades de capacitación, acceso al crédito, participación en decisiones y desarrollo de emprendimientos propios.

El fortalecimiento del agro requiere reconocer el aporte de las mujeres, facilitar su acceso a recursos y mejorar las condiciones en las que participan en las cadenas productivas.

La ausencia de estas medidas puede profundizar la pérdida de mano de obra y reducir la capacidad de las comunidades para sostener sus actividades económicas.

Una caída que compromete la seguridad alimentaria

La pérdida de 109.000 vacas y la reducción simultánea del maíz, arroz y frijol afectan componentes fundamentales de la alimentación nacional.

El país necesita cubrir mediante importaciones una proporción creciente de productos que anteriormente obtenía en mayor medida dentro de su territorio.

Esta dependencia puede garantizar el abastecimiento inmediato, pero no resuelve los problemas de rentabilidad, financiamiento, empleo rural y capacidad productiva.

La reducción del apoyo público, el encarecimiento de los insumos, la falta de crédito y la migración de jóvenes forman un conjunto de obstáculos que dificulta recuperar los niveles registrados en 2019.

Villalona advirtió que, sin políticas de apoyo y bajo condiciones económicas cada vez más exigentes, la agricultura continuará perdiendo atractivo para las nuevas generaciones y el país ampliará su dependencia alimentaria.

Fuente(s) referenciales

Infobae: El Salvador registra pérdida de 109.000 vacas y baja producción agrícola entre 2019 y 2025



Mundo Agropecuario
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