Agricultura

España: cuatro malas cosechas golpean la apicultura gallega

Publicado el 07/09/2026 · REDACCION

El calor extremo y la sequía arruinaron la floración del castaño en la comarca de Deza, mientras los productores afrontan menos miel, mayores gastos y una presión sanitaria constante


Redactor: Valentina Ríos
Editor: Karem Díaz S.

La apicultura de la comarca de Deza, en Galicia, España, encadena cuatro temporadas de mala cosecha después de un verano marcado por cuatro olas de calor extremo y una sequía que comenzó varios meses antes de la estación. Las condiciones destruyeron la floración del castaño, una de las principales fuentes de néctar para las colmenas de esta zona del interior gallego.

Los efectos ya eran visibles el 5 de junio de 2026, antes del inicio oficial del verano. Las temperaturas elevadas y la falta prolongada de agua redujeron drásticamente las flores disponibles, interrumpiendo un periodo decisivo para que las abejas recolectaran néctar y los apicultores produjeran miel.

David Liñares, responsable de Mel de Liñares, explicó que el castaño, junto con la zarzamora, determina buena parte de la campaña apícola local. En años anteriores, su floración podía extenderse hasta el 25 de julio, pero en esta temporada el proceso terminó de forma anticipada.

La floración del castaño terminó antes de comenzar el verano

El calendario apícola depende de que las colonias encuentren sucesivas fuentes de néctar y polen. Cuando una floración importante se acorta o desaparece, las abejas pierden una parte esencial del periodo disponible para almacenar reservas y producir excedentes de miel.

En una campaña normal, Liñares podía obtener de cada colmena dos medias alzas durante la floración del castaño. En 2026, según describió, no se produjo miel de esta procedencia y ni siquiera instaló los cazapolen utilizados para recolectar ese producto.

La falta de floración tiene consecuencias que van más allá de una variedad concreta de miel. Las colonias necesitan alimento para sostener a las abejas adultas, criar nuevas generaciones y mantener su actividad. Si el campo no proporciona recursos suficientes, el apicultor debe vigilar las reservas e intervenir para evitar un debilitamiento excesivo.

El castaño posee especial relevancia en las áreas forestales del interior de Galicia. Su miel forma parte de la oferta diferenciada del territorio y su pérdida reduce las posibilidades de comercializar productos vinculados con un origen floral específico.

El calor y la sequía alteraron el calendario apícola

Las plantas necesitan humedad suficiente para mantener sus flores y producir néctar. Una sequía prolongada puede reducir la floración, mientras las temperaturas extremas aceleran su desarrollo y acortan el tiempo durante el cual permanece disponible para los polinizadores.

Las cuatro olas de calor registradas durante el verano aumentaron la presión sobre una vegetación que ya llegaba debilitada por casi tres meses de escasez de agua. Para las abejas, la presencia de flores no garantiza por sí sola una buena campaña: también es necesario que contengan néctar en cantidad aprovechable.

El desajuste entre el desarrollo de las colonias y la aparición de recursos florales complica el manejo. Las colmenas pueden alcanzar una población elevada esperando una floración que finalmente resulta breve, pobre o inexistente, lo que incrementa sus necesidades de alimento.

Estas variaciones obligan a revisar con más frecuencia el peso de las colmenas, la presencia de cría y la disponibilidad de reservas. También dificultan decidir cuándo colocar las alzas, trasladar los apiarios o preparar la siguiente etapa de la temporada.

Cuatro campañas reducen la capacidad económica del sector

Una mala cosecha aislada puede afrontarse mediante las reservas de miel, la diversificación o los ingresos de temporadas anteriores. La repetición durante cuatro años cambia la magnitud del problema porque reduce progresivamente la capacidad financiera de las explotaciones.

Los gastos básicos continúan aunque la extracción de miel disminuya. Los apicultores deben mantener las colmenas, desplazarse a los apiarios, renovar material, controlar enfermedades y depredadores, alimentar colonias cuando sea necesario y preparar cada nueva campaña.

La caída productiva también limita el volumen disponible para atender a los clientes. Quienes comercializan mieles diferenciadas por su origen floral tienen menos capacidad para sostener una oferta constante cuando desaparece una floración tan importante como la del castaño.

El sector afronta además la competencia de mieles importadas vendidas a precios difíciles de igualar para las pequeñas explotaciones. En este contexto, los productos de proximidad dependen de la diferenciación por calidad, procedencia, trazabilidad y venta directa.

Las colonias también soportan varroa y avispa velutina

El deterioro de la cosecha coincide con otros problemas habituales de la apicultura gallega. El ácaro Varroa destructor debilita las colonias y obliga a mantener programas de vigilancia y tratamiento para evitar pérdidas.

La avispa asiática, Vespa velutina, añade presión durante una parte importante del año. Este depredador captura abejas cerca de las entradas de las colmenas y puede reducir la actividad recolectora cuando su presencia es intensa.

Una colonia con menos alimento disponible puede encontrarse en peores condiciones para afrontar parásitos, depredadores y periodos de temperaturas extremas. Los factores no actúan necesariamente de manera aislada, por lo que el apicultor debe evaluar conjuntamente el estado nutricional y sanitario.

Liñares ha señalado en otras ocasiones que mantener la misma producción exige gestionar cada vez más colmenas. Esa expansión permite compensar parcialmente el menor rendimiento individual, pero también aumenta el trabajo, las inversiones y los costos de mantenimiento.

La alimentación evita pérdidas, pero no sustituye la cosecha

Cuando las reservas naturales resultan insuficientes, los productores pueden proporcionar alimentación suplementaria para mantener vivas y funcionales a las colonias. Esta intervención cumple una función de emergencia o de apoyo, pero no reemplaza el néctar necesario para obtener una cosecha comercial de miel.

La alimentación también representa un gasto adicional en una temporada con menores ingresos. Debe aplicarse de acuerdo con las necesidades de las abejas y separarse de los periodos de producción para evitar alteraciones en la composición y autenticidad del producto cosechado.

El objetivo inmediato es lograr que las colonias lleguen en condiciones adecuadas a las próximas floraciones y al invierno. Una pérdida de población o reservas durante el verano puede prolongar sus efectos sobre la campaña siguiente.

La adaptación requiere diversificar lugares y productos

La creciente irregularidad de las floraciones obliga a los apicultores a considerar diferentes ubicaciones, fuentes de néctar y actividades complementarias. Algunos profesionales combinan la producción de miel con la cría de reinas, la venta de núcleos, la recolección de polen, la formación y la comercialización directa.

Mel de Liñares trabaja con mieles monoflorales y multiflorales, además de otros productos de la colmena. La diversificación reduce la dependencia de una única cosecha, pero no elimina el impacto de una sucesión de años climáticamente adversos.

El traslado temporal de colmenas hacia zonas con floraciones diferentes puede ofrecer otra vía de adaptación. Sin embargo, la trashumancia requiere transporte, planificación sanitaria y disponibilidad de lugares adecuados, por lo que no constituye una solución accesible para todas las explotaciones.

La pérdida del castaño en 2026 confirma la necesidad de disponer de información meteorológica y fenológica cada vez más localizada. Conocer la humedad del suelo, la evolución de los brotes y el inicio real de las floraciones puede ayudar a tomar decisiones antes de que se cierre la ventana productiva.

La continuidad de la apicultura protege la actividad rural

La producción de miel sostiene pequeñas empresas, empleo y canales de venta vinculados con el territorio. También mantiene colmenas que participan en la polinización de plantas silvestres y cultivos, aunque la intensidad de ese servicio varía según las especies presentes y la ubicación de los apiarios.

La reducción de la cosecha durante cuatro temporadas no afecta únicamente al volumen de miel. También amenaza la renovación de equipos, la capacidad para conservar colmenas y la continuidad de productores profesionales en las zonas rurales.

Las ayudas públicas pueden aliviar parte de las inversiones y los gastos extraordinarios, pero el sector reclama respuestas capaces de considerar la acumulación de pérdidas. La combinación de sequía, olas de calor, varroa y avispa asiática obliga a tratar la apicultura como una actividad productiva sometida a riesgos climáticos y sanitarios simultáneos.

Para los apicultores de Deza, la próxima campaña dependerá de la recuperación de la vegetación, la disponibilidad de agua y el estado en que las colonias superen los próximos meses. La prioridad inmediata será conservar las abejas después de un verano en el que la principal floración local no proporcionó la cosecha esperada.

Fuente referencial:
Faro de Vigo – La apicultura encadena cuatro años de mala cosecha



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