Agricultura

España debate si el estiércol puede sustituir a los fertilizantes sintéticos

Publicado el 15/07/2026 · REDACCION

La propuesta de recuperar los abonos orgánicos choca con los costos de transporte, almacenamiento y aplicación que afronta actualmente el campo español.


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz

El encarecimiento de los fertilizantes ha reactivado en España el debate sobre la posibilidad de reducir el uso de productos sintéticos y recuperar materiales tradicionales como el estiércol, el compost y el biocarbón. La propuesta busca disminuir la dependencia de insumos fabricados con combustibles fósiles, pero su aplicación generalizada enfrenta importantes dificultades económicas y logísticas.

Ecologistas en Acción planteó esta alternativa después de conocer el Plan Estatal de Fertilizantes. La organización considera que las medidas impulsadas por el Gobierno español mantienen un modelo agrícola dependiente de los combustibles fósiles y reclama sustituir los abonos sintéticos por fuentes orgánicas.

El debate no se limita a las ventajas ambientales de cada opción. También obliga a examinar por qué los agricultores abandonaron progresivamente el uso predominante del estiércol y adoptaron fertilizantes minerales más concentrados, fáciles de transportar y sencillos de aplicar.

Los fertilizantes sintéticos simplificaron el trabajo agrícola

José Luis Gabriel Pérez, investigador científico del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, INIA-CSIC, explicó que los fertilizantes sintéticos se extendieron porque resultaban más baratos y cómodos para los productores.

La diferencia de volumen constituye uno de los principales obstáculos. Para aportar una cantidad comparable de nutrientes en una hectárea, un agricultor puede aplicar entre 300 y 400 kilogramos de urea, mientras que necesitaría manejar alrededor de diez toneladas de purines.

El fertilizante sintético ocupa poco espacio, puede conservarse durante más tiempo y se transporta en sacos o depósitos relativamente compactos. El estiércol y los purines, en cambio, requieren instalaciones de almacenamiento, maquinaria especializada y un número mayor de desplazamientos hasta las parcelas.

Estas diferencias explican por qué la comparación entre fertilizantes orgánicos y sintéticos no puede reducirse únicamente al origen de los productos. La concentración de nutrientes, la disponibilidad local y las características de cada explotación determinan su viabilidad.

El olor también condiciona la aplicación de estiércol

El manejo de los abonos ganaderos genera además problemas relacionados con los olores. Gabriel Pérez utilizó como ejemplo la aplicación de estiércol en zonas próximas al Mar Menor, La Manga y Los Alcázares, donde la presencia de núcleos residenciales y actividades turísticas puede provocar conflictos.

La búsqueda de sistemas agrícolas más sostenibles debe considerar estas repercusiones. El uso de residuos orgánicos aporta nutrientes y materia orgánica, pero su aplicación cerca de poblaciones exige planificación, tratamientos adecuados y métodos capaces de reducir las molestias.

El investigador sostiene que la sostenibilidad no elimina automáticamente los inconvenientes prácticos de una técnica. El estiércol puede ser útil para el suelo, pero su olor, su volumen y su dificultad de conservación condicionan las decisiones de los productores.

La separación entre granjas y cultivos eleva los costos

La estructura territorial del sector agropecuario español también ha cambiado. Décadas atrás, las explotaciones agrícolas y ganaderas solían coexistir en áreas próximas. Los residuos producidos por los animales podían incorporarse a parcelas cercanas sin recorrer grandes distancias.

Actualmente, muchas granjas se concentran en determinadas regiones, mientras que las zonas de cultivo que necesitan fertilización pueden encontrarse a cientos de kilómetros. La especialización y las economías de escala separaron geográficamente la producción ganadera de buena parte de la agricultura.

Esta distancia incrementa los gastos de transporte porque los purines contienen una elevada proporción de agua. Trasladarlos supone movilizar grandes volúmenes de líquido para transportar una cantidad limitada de nutrientes aprovechables.

El mismo problema ha impulsado investigaciones destinadas a producir fertilizantes a partir de residuos locales. La recuperación y concentración del nitrógeno y el fósforo presentes en estiércol, digestato o aguas residuales puede facilitar su almacenamiento y distribución.

El estiércol aporta materia orgánica y mejora el suelo

Pese a sus limitaciones, el estiércol conserva propiedades agronómicas relevantes. Su incorporación puede aumentar el contenido de materia orgánica, favorecer la biodiversidad del suelo y mejorar su capacidad para retener agua.

También permite aprovechar residuos procedentes de las explotaciones ganaderas y puede contribuir al almacenamiento de carbono en el suelo. Estas ventajas explican el interés por desarrollar sistemas que hagan más eficiente su tratamiento y aplicación.

Una de las alternativas consiste en transformar los purines mediante microorganismos e inoculantes. Los avances sobre fertilizantes de estiércol bioactivos buscan conservar nutrientes, reducir pérdidas y mejorar su disponibilidad para los cultivos.

Sin embargo, estos sistemas requieren evaluaciones independientes que demuestren su eficacia agronómica y su rentabilidad. El valor fertilizante de un residuo depende de su composición, tratamiento, dosificación y del momento en que se incorpora al terreno.

Los fertilizantes orgánicos también pueden contaminar

El origen natural de un fertilizante no garantiza que su uso sea inocuo. Una aplicación excesiva o mal planificada de estiércol puede liberar grandes cantidades de nitrógeno y fósforo, contaminar acuíferos y favorecer la llegada de nutrientes a ríos, lagos y otros cursos de agua.

La cantidad aplicada debe ajustarse a las necesidades del cultivo, la capacidad del suelo y las condiciones meteorológicas. Esparcir purines sobre terrenos saturados, desnudos o expuestos a lluvias intensas aumenta el riesgo de escorrentía y pérdida de nutrientes.

La técnica utilizada también influye. Investigaciones sobre la aplicación de estiércol en cultivos de invierno muestran que la inyección en el suelo y el manejo de cultivos de cobertura pueden conservar más nitrógeno y disminuir la contaminación.

El investigador del INIA-CSIC rechaza, por este motivo, presentar el debate como una elección absoluta entre fertilización orgánica y fertilización sintética. Ambos sistemas pueden provocar impactos ambientales cuando se utilizan sin criterios técnicos.

Una combinación adaptada a cada explotación

La opción considerada más realista consiste en aprovechar la mayor cantidad posible de materia orgánica disponible localmente y complementarla, cuando resulte necesario, con aportes puntuales de fertilizantes sintéticos.

Este planteamiento permitiría utilizar los residuos ganaderos, mejorar las propiedades del suelo y reducir parcialmente la dependencia de productos minerales sin obligar a los agricultores a trasladar enormes volúmenes de purines desde regiones alejadas.

La viabilidad dependerá de la distancia entre granjas y cultivos, el precio de los fertilizantes, la disponibilidad de maquinaria, las necesidades nutricionales de cada plantación y la capacidad para almacenar y tratar los residuos.

El estiércol puede recuperar protagonismo dentro de la fertilización agrícola española, pero las diferencias de concentración, transporte y manejo dificultan que sustituya por sí solo a los fertilizantes sintéticos que transformaron la producción y simplificaron durante décadas las labores del campo.

Fuente(s) referenciales

Libre Mercado: Volver al estiércol, la receta ecologista que el campo descartó hace décadas.

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