Las pérdidas alcanzan hortalizas, cereales, forrajes y producción ganadera en Francia, Italia y España, mientras los agricultores reclaman medidas urgentes
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Las sucesivas olas de calor y la sequía extendida por Europa han provocado fuertes pérdidas agrícolas durante el verano de 2026, con daños especialmente graves en las explotaciones de Francia, Italia y España. Productores de hortalizas y cereales advierten que la reducción simultánea de rendimientos en numerosas regiones ha limitado la posibilidad de compensar las malas cosechas mediante suministros procedentes de otras zonas.
Las temperaturas superiores a 30 °C y, con frecuencia, a 35 °C, combinadas con lluvias escasas y vientos cálidos, han dificultado el desarrollo de los cultivos. La situación confirma los riesgos que ya planteaban los episodios de calor y sequía para los principales cultivos europeos, entre ellos maíz, trigo, cebada, hortalizas, girasol, viñedos y olivares.
Francia registra fuertes pérdidas en hortalizas y maíz
Los productores franceses informaron de caídas importantes tanto en el volumen como en la calidad de las hortalizas. Las reducciones estimadas alcanzan el 25 % en calabacines, el 35 % en lechugas, el 40 % en guisantes y el 60 % en brócoli. En el caso de las alcachofas, las pérdidas varían entre el 50 % y la totalidad de la producción en las áreas más afectadas.
Prince de Bretagne, organización que agrupa a más de 1.300 horticultores de Bretaña, calificó el escenario como una crisis histórica y solicitó actuaciones urgentes. A diferencia de otras campañas, en las que una región podía mantener mejores resultados y equilibrar parcialmente la oferta, este año las principales zonas productoras francesas sufrieron el deterioro de manera simultánea.
El Ministerio de Agricultura de Francia estima que la cosecha nacional de maíz descenderá un 35 % respecto de 2025 y se situará alrededor de nueve millones de toneladas, un volumen que no se registraba desde 1980. Parte de la reducción responde al cambio de algunos agricultores hacia cultivos como el girasol, pero las olas de calor también golpearon al maíz durante fases decisivas de su crecimiento.
El deterioro confirma la sensibilidad observada cuando el calor elevó la presión sobre trigo, cebada y maíz en Europa. Una oferta cerealista menor puede trasladarse a los mercados, la alimentación animal y los costes de las explotaciones, aunque su efecto final dependerá de la producción disponible en otras regiones y de la evolución de la demanda.
La falta de forraje presiona a la ganadería francesa
Las explotaciones ganaderas también sufren las consecuencias del calor. Diversos productores franceses han comunicado descensos de entre el 10 % y el 15 % en el rendimiento de leche, mientras aumenta la preocupación por la disponibilidad de alimento para el invierno.
Agreste, el servicio estadístico del Ministerio de Agricultura francés, calculó que la producción de heno destinado al ganado se encontraba aproximadamente un 30 % por debajo del promedio del periodo 1989-2018. El déficit se ha extendido a un número creciente de regiones, reduciendo las reservas que las explotaciones necesitan para los meses fríos.
La producción avícola tampoco ha quedado al margen. Durante la ola de calor de junio se registró una elevada mortalidad en gallineros y, según la organización francesa de promoción del huevo, la producción nacional quedó cerca de un millón de unidades diarias por debajo de su nivel habitual.
Italia concentra la sequía en sus principales zonas agrícolas
En Italia, alrededor del 60 % de la superficie agrícola está afectada por algún grado de sequía, de acuerdo con datos divulgados por Coldiretti. Los daños alcanzan al maíz, arroz, soja, frutas y hortalizas, mientras la producción lechera ha descendido un 20 %.
La organización agrícola italiana calcula que el coste total para el sector supera los 3.000 millones de euros. La estimación incluye las pérdidas ocasionadas por la sequía, los incendios forestales y las tormentas intensas que también han afectado diferentes territorios del país.
El valle del Po enfrenta una situación particularmente delicada debido a la disminución del caudal del río. Esta zona reúne aproximadamente el 80 % del arroz producido en Italia, el mayor productor europeo de este cereal. Para conservar la campaña, algunos agricultores han tenido que aplicar riego en semanas alternas, una respuesta excepcional ante la limitada disponibilidad de agua.
España pierde cereales y prevé una vendimia menor
Las cosechas españolas de cereales presentan descensos desiguales según el territorio. Las reducciones comunicadas alcanzan el 35 % respecto del año anterior en Castilla y León, el 49 % en la Comunidad de Madrid y el 24 % en Andalucía.
La ganadería de pequeños rumiantes también muestra retrocesos: la producción de leche de oveja disminuyó un 6,5 % y la de cabra un 10,8 %. Estos resultados reflejan cómo la escasez de agua y forraje, junto con el estrés térmico, afecta tanto a los cultivos como a la productividad animal.
En la viticultura, la Federación Española del Vino proyecta una caída del 20 % en la producción de 2026. Su director, José Luis Benítez, explicó que la falta de humedad ha reducido el tamaño de las uvas. En cambio, todavía es pronto para determinar el resultado final de la aceituna, cuya recolección comenzará más adelante.
El impacto español guarda relación con los daños documentados durante las olas de calor sobre la agricultura y la ganadería de Aragón, donde las altas temperaturas elevaron las necesidades de riego y refrigeración, perjudicaron los cultivos y redujeron el consumo de alimento del ganado.
La crisis obliga a reforzar la adaptación agrícola
La amplitud territorial del episodio incrementa la presión sobre los agricultores porque las pérdidas afectan al mismo tiempo a cultivos de consumo directo, materias primas para la industria alimentaria y recursos destinados a la ganadería. Francia ha anunciado 145 millones de euros en ayudas inmediatas, además de medidas estructurales e inversiones previstas para su presupuesto de 2027.
La respuesta a medio plazo plantea la necesidad de mejorar el almacenamiento y la distribución de agua, proteger la humedad del suelo, revisar los calendarios productivos y emplear variedades capaces de soportar temperaturas más elevadas. El desarrollo de cultivos preparados para resistir el aumento del calor será una de las líneas necesarias, junto con seguros agrarios y sistemas de alerta que permitan anticipar los periodos críticos.
Estas medidas no recuperarán las cosechas perdidas durante 2026, pero pueden reducir la exposición de las explotaciones ante episodios sucesivos de calor y escasez hídrica. La urgencia inmediata se concentra ahora en sostener la liquidez de los productores, asegurar forraje para el invierno y gestionar el agua disponible sin comprometer las siguientes campañas.
Fuente referencial:
The Guardian

