Alimentación animal

La ola de calor golpea al campo de Aragón: menos producción y fruta quemada

Publicado el 14/07/2026 · REDACCION

Las altas temperaturas reducen el apetito del ganado, elevan los costes de refrigeración y riego, favorecen las plagas y dañan cultivos de fruta dulce en plena cosecha


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz

La sucesión de episodios de calor extremo comienza a afectar directamente a las explotaciones agrícolas y ganaderas de Aragón, en España. La comunidad atraviesa su segunda ola de calor en apenas quince días, mientras buena parte del sector se encuentra en plena cosecha de cereales y fruta dulce.

Las temperaturas persistentemente elevadas están provocando pérdida de apetito en los animales, descensos productivos, mayores necesidades de agua y un incremento del consumo eléctrico en las instalaciones ganaderas. En los cultivos, el calor acelera la maduración, aumenta la presión de determinadas plagas y puede ocasionar quemaduras visibles en la superficie de las frutas.

El episodio muestra cómo las olas de calor ya no representan únicamente una anomalía meteorológica puntual. Para agricultores y ganaderos se convierten en un factor que modifica el manejo diario, eleva los gastos y puede reducir tanto el volumen como la calidad comercial de la producción.

El ganado reduce su consumo de alimento

Uno de los primeros efectos del estrés térmico es la pérdida de apetito. Los animales comen menos para limitar la cantidad de calor que genera la digestión, pero esa respuesta fisiológica también reduce la energía disponible para producir leche, carne o huevos.

En el ganado vacuno, especialmente en las explotaciones lecheras, la menor ingesta puede traducirse rápidamente en una caída de la producción. El comportamiento coincide con lo observado en investigaciones sobre la tolerancia del ganado lechero al estrés térmico, que relacionan las temperaturas elevadas con menor consumo y menor rendimiento.

Los productores deben mantener un suministro constante de agua fresca, reforzar la ventilación y procurar zonas de sombra. Estas medidas son esenciales para preservar el bienestar animal, pero aumentan el gasto energético y los costes operativos de las granjas.

En los pastos de montaña, algunos ganaderos aragoneses ya han tenido que comenzar a transportar agua para abastecer a los animales. La medida añade trabajo, combustible y logística en una época en la que las necesidades hídricas del ganado crecen con rapidez.

Más ventilación y refrigeración en las granjas

Las instalaciones intensivas necesitan activar durante más horas ventiladores, nebulizadores y otros sistemas de refrigeración. El incremento del consumo eléctrico se produce al mismo tiempo que disminuye la productividad de los animales, presionando los márgenes económicos de las explotaciones.

El impacto puede variar de acuerdo con la especie, la raza, la humedad ambiental, la disponibilidad de sombra y las condiciones de las instalaciones. En todos los casos, el acceso al agua y la capacidad de disipar el calor se convierten en elementos determinantes.

La alimentación también requiere atención especial durante los periodos cálidos. Los estudios sobre dietas para vacas lecheras en climas cálidos muestran que la composición de las raciones puede influir en el consumo, la temperatura corporal y la producción de leche.

El problema no se limita a pérdidas inmediatas. Una exposición prolongada puede afectar la fertilidad, el crecimiento y la salud general de los animales. Las proyecciones internacionales advierten que el estrés por calor representa un riesgo creciente para la ganadería en regiones templadas y tropicales.

La fruta dulce sufre quemaduras solares

Las elevadas temperaturas también están dejando señales visibles en los cultivos frutales. La exposición directa de los frutos al sol puede elevar la temperatura de la piel hasta producir decoloraciones, manchas y quemaduras que reducen su valor comercial.

El daño resulta especialmente delicado durante la maduración, cuando las frutas se encuentran más expuestas y próximas a la recolección. Aunque el interior conserve parte de sus características, una superficie quemada puede impedir que el producto cumpla los estándares exigidos por compradores y cadenas de distribución.

Las pérdidas no siempre se reflejan únicamente en la cantidad cosechada. Una parte importante puede corresponder a fruta que permanece en el árbol, pero debe comercializarse en categorías inferiores o destinarse a otros usos por defectos externos.

La situación guarda relación con los problemas observados en otras zonas productoras, donde el aumento de la radiación solar y las sequías prolongadas ya afectan la calidad y el rendimiento de la fruticultura. Entre las medidas de protección utilizadas se encuentran las mallas de sombreo, el caolín y la aspersión refrescante, aunque su aplicación depende del cultivo y de la disponibilidad de agua.

La cosecha de cereal coincide con las temperaturas extremas

La ola de calor llega cuando Aragón se encuentra inmerso en la recolección de cereales, uno de los pilares agrícolas de la comunidad. Las condiciones secas pueden facilitar algunas labores de cosecha, pero el calor extremo aumenta el riesgo de incendios, obliga a extremar las precauciones con la maquinaria y somete a los trabajadores a jornadas especialmente exigentes.

La rapidez con la que avanza la maduración puede reducir el margen disponible para organizar la recolección. Cuando diferentes parcelas alcanzan simultáneamente el punto de cosecha, aumenta la presión sobre las cosechadoras, el transporte y las instalaciones de recepción del grano.

Las temperaturas elevadas también incrementan la evaporación y la demanda hídrica de los cultivos que todavía permanecen en desarrollo. En las explotaciones con regadío, esta situación obliga a ajustar los turnos y a utilizar más energía para bombear agua.

El calor puede favorecer nuevas plagas

Los productores aragoneses también vigilan el posible aumento de plagas. Las temperaturas altas pueden acelerar el ciclo biológico de algunos insectos, ampliar su periodo de actividad y favorecer la aparición de generaciones adicionales durante una misma campaña.

El efecto no es idéntico para todos los organismos. La sequedad puede limitar determinadas enfermedades fúngicas, mientras que otras plagas encuentran condiciones favorables para reproducirse y dispersarse.

La vigilancia adquiere especial importancia en los frutales porque cualquier intervención debe considerar el estado de maduración, los plazos de seguridad y la proximidad de la cosecha. El calor también puede afectar la eficacia de algunos tratamientos o aumentar el riesgo de daños si se aplican en las horas de máxima radiación.

Un coste creciente para agricultores y ganaderos

El impacto económico de la ola de calor se distribuye entre diferentes partidas. Las explotaciones ganaderas consumen más agua y electricidad, mientras que las agrícolas necesitan reforzar el riego, proteger los frutos y controlar con mayor frecuencia la aparición de plagas.

A estos gastos se añaden las posibles pérdidas de productividad. Los animales comen menos, la producción puede disminuir y parte de la fruta pierde calidad comercial por las quemaduras solares.

El sector debe afrontar estos problemas después de otros episodios meteorológicos adversos. Los incendios y el pedrisco ya habían causado daños en miles de hectáreas de cultivos aragoneses durante las semanas anteriores, aumentando la vulnerabilidad de numerosas explotaciones.

La segunda ola de calor en quince días confirma que el campo de Aragón atraviesa una campaña marcada por la acumulación de riesgos. Mientras continúa la recolección de cereal y fruta dulce, agricultores y ganaderos ajustan el manejo del agua, los horarios de trabajo y la protección de animales y cultivos para limitar nuevas pérdidas.

Fuente(s) referenciales

Heraldo de Aragón



Mundo Agropecuario
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