Mantener una humedad estable en el suelo ayuda a impedir que los frutos absorban agua de forma repentina, se abran antes de la cosecha y pierdan capacidad de conservación.
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Las grietas que aparecen en los tomates del huerto no siempre son consecuencia de una enfermedad o de una deficiencia de la planta. En muchos casos, el problema está relacionado con cambios bruscos en la cantidad de agua disponible en el suelo.
Una tomatera que atraviesa un periodo de sequedad y después recibe un riego abundante puede absorber agua con demasiada rapidez. La pulpa del fruto aumenta de volumen, pero la piel no logra expandirse al mismo ritmo y termina abriéndose.
La medida más sencilla para reducir este problema consiste en mantener una rutina de riego regular. No se trata de aportar más agua, sino de evitar que el suelo pase repetidamente de estar muy seco a quedar completamente empapado.
Por qué se agrietan los tomates
El agrietamiento ocurre cuando el fruto crece de manera repentina. Esta situación puede presentarse después de varios días secos seguidos por un riego excesivo o por lluvias intensas que aumentan rápidamente la humedad del suelo.
Las raíces absorben el agua disponible y la trasladan hacia el fruto. La pulpa se expande, mientras que la piel, especialmente cuando el tomate está cerca de la madurez, puede no tener suficiente elasticidad para soportar el cambio.
Las fisuras pueden ser superficiales o profundas. Aunque algunas afectan únicamente la apariencia exterior, otras permiten la entrada de hongos, bacterias e insectos. Esto acorta la vida útil del tomate y aumenta el riesgo de que comience a pudrirse antes de ser consumido.
La regularidad es uno de los principios centrales del riego de tomates en el jardín. Alternar periodos de estrés hídrico con aportes abundantes favorece el crecimiento desordenado de los frutos y eleva la probabilidad de agrietamiento.
Comprobar la humedad antes de regar
Una forma práctica de saber si la tomatera necesita agua consiste en introducir un dedo varios centímetros en el sustrato. Si la tierra todavía conserva humedad, el riego puede esperar. Si comienza a sentirse seca, es momento de volver a aportar agua.
Esta comprobación es especialmente útil porque la superficie del suelo puede parecer seca mientras las capas inferiores aún mantienen suficiente humedad. Regar únicamente por la apariencia exterior puede provocar aportes innecesarios y favorecer el encharcamiento.
Durante las olas de calor o en jornadas con viento, la evaporación aumenta y el suelo pierde agua con mayor rapidez. En esas condiciones conviene revisar la humedad con más frecuencia, sobre todo cuando las plantas crecen en macetas o recipientes pequeños.
El sistema de cultivo modifica considerablemente la frecuencia necesaria. Los tomates en maceta, huerto o invernadero no pierden agua al mismo ritmo, por lo que la rutina debe ajustarse al volumen de sustrato, la temperatura, la ventilación y el drenaje disponible.
Regar directamente en la base de la planta
El agua debe aplicarse directamente sobre el suelo alrededor de la base de la tomatera. De esta manera llega a la zona de las raíces y se evita mojar innecesariamente las hojas y los frutos.
La humedad persistente sobre el follaje puede crear condiciones favorables para enfermedades causadas por hongos. Dirigir el agua hacia la raíz también reduce las pérdidas por evaporación y permite aprovechar mejor cada riego.
Conviene realizar aportes capaces de humedecer las capas más profundas del suelo, en lugar de mojar superficialmente la tierra varias veces sin que el agua alcance las raíces inferiores. Un riego profundo estimula el desarrollo del sistema radicular y ayuda a la planta a soportar mejor los periodos de calor.
Este manejo debe realizarse sin saturar el terreno. El exceso de agua desplaza el aire presente entre las partículas del suelo y puede debilitar las raíces. Por eso, el objetivo es conservar una humedad suficiente y estable, pero evitando el encharcamiento.
El acolchado ayuda a conservar una humedad uniforme
Colocar una capa de acolchado o mulch alrededor de la tomatera ayuda a reducir la evaporación y limita las oscilaciones de temperatura en el suelo. Paja, restos vegetales secos u otros materiales apropiados pueden utilizarse para cubrir la superficie sin tocar directamente el tallo.
El acolchado permite que el suelo conserve agua durante más tiempo y reduce la velocidad con la que se seca entre un riego y otro. Esto resulta especialmente útil en verano, cuando la radiación solar puede calentar rápidamente la capa superficial.
La cobertura no sustituye la revisión de la humedad. Debajo del material, el suelo puede permanecer húmedo durante más tiempo, por lo que el agricultor o jardinero debe comprobar su estado antes de volver a regar.
La frecuencia debe adaptarse al clima y al suelo
No existe un intervalo fijo que funcione para todas las tomateras. Un suelo arenoso drena y se seca más rápido que uno con mayor contenido de arcilla o materia orgánica. Las macetas pequeñas también pierden humedad antes que un bancal amplio.
La frecuencia debe aumentar cuando las temperaturas son elevadas, la planta tiene abundante follaje o sostiene numerosos frutos. En cambio, después de una lluvia o durante periodos más frescos, puede ser necesario espaciar los aportes.
También importa la distribución del cultivo. Una distancia adecuada entre las tomateras facilita el acceso para regar, mejora la ventilación y permite observar con mayor claridad el estado del suelo, las hojas y los frutos.
Qué hacer con un tomate que ya está agrietado
Un tomate abierto puede consumirse cuando la grieta es reciente, el fruto permanece firme y no presenta moho, podredumbre, olor extraño ni zonas deterioradas. La parte afectada puede retirarse antes de utilizar el resto.
Los frutos dañados deben revisarse y consumirse pronto porque la abertura reduce su capacidad de conservación. Una grieta expone la pulpa al aire, los microorganismos y los insectos, acelerando su deterioro.
Cuando el tomate todavía no ha terminado de madurar, puede cosecharse y completar el proceso dentro de casa. Esta medida impide que la abertura siga aumentando en la planta y reduce el tiempo durante el cual el fruto permanece expuesto en el huerto.
Los ejemplares verdes o parcialmente maduros deben seleccionarse cuidadosamente. Los tomates firmes y sin signos de descomposición pueden terminar de colorearse en el interior mediante un almacenamiento adecuado para su maduración.
Una rutina estable protege la cosecha
Evitar el agrietamiento no requiere productos especiales. La práctica decisiva es impedir fluctuaciones extremas en la humedad: revisar el suelo, regar antes de que se seque por completo y evitar aportes excesivos después de periodos prolongados sin agua.
El riego dirigido a la raíz, la humedad constante, el drenaje adecuado y una capa de acolchado pueden mantener un crecimiento más uniforme. Estas medidas reducen el riesgo de que la pulpa se expanda de golpe y rompa la piel cuando el tomate se aproxima a la cosecha.
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