Dos estudios de Trinity College Dublin detectaron resistencia a antibióticos y menor crecimiento de cebada cuando el tratamiento se combinó con temperaturas más altas
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
Dos investigaciones realizadas en Irlanda por científicos de Trinity College Dublin advierten que determinados fungicidas agrícolas pueden seleccionar rápidamente microbios del suelo resistentes a varios medicamentos y, bajo temperaturas más cálidas, alterar comunidades microbianas esenciales para el crecimiento vegetal.
Los trabajos, publicados el 11 de septiembre de 2026 en Evolutionary Applications y The ISME Journal, abordaron dos riesgos relacionados: la evolución de resistencia a antibióticos de importancia clínica y el efecto conjunto del calentamiento y los fungicidas sobre el funcionamiento del suelo y la biomasa de la cebada.
Resistencia detectable desde la cuarta semana
En el primer estudio, los investigadores expusieron comunidades microbianas del suelo a Fubol Gold durante 16 semanas bajo condiciones controladas. Esta formulación fungicida está prohibida actualmente en Irlanda y la Unión Europea, aunque fue utilizada anteriormente y puede persistir en suelos que recibieron aplicaciones.
Las comparaciones genómicas permitieron detectar desde la cuarta semana una mayor resistencia al fungicida. El tratamiento también coseleccionó resistencia al cloranfenicol, al producto antibacteriano Sulphatriad y al ácido nalidíxico, compuestos empleados contra distintas infecciones.
La coselección ocurre cuando una presión química favorece microorganismos que, además de tolerar el producto aplicado, poseen mecanismos capaces de protegerlos frente a otras sustancias. Los resultados amplían el análisis de la resistencia antimicrobiana más allá del uso inadecuado de antibióticos y señalan que algunos agroquímicos también pueden intervenir en su evolución.
El hallazgo resulta especialmente relevante porque el microbioma interviene en procesos productivos como el reciclaje de nutrientes, la sanidad de las raíces y la tolerancia al estrés. Otros trabajos sobre el impacto del exceso de fertilizantes en los microbios del suelo muestran que distintas prácticas de manejo pueden modificar estas asociaciones biológicas.
Calor y fungicida redujeron la actividad microbiana
El segundo experimento comparó durante 16 semanas suelos sometidos a calentamiento, exposición al fungicida o ambos factores simultáneamente. La combinación provocó una alteración mucho mayor que cada presión por separado: disminuyó la actividad microbiana y redujo la capacidad de las comunidades para procesar diferentes fuentes de carbono.
La cebada cultivada en los suelos que habían recibido el tratamiento combinado produjo menos biomasa. Los científicos también encontraron indicios de que los efectos podían persistir después de devolver las plantas a condiciones normales, lo que apunta a un posible legado de la exposición previa en la comunidad microbiana.
La respuesta observada coincide con la importancia atribuida a los microorganismos como indicadores de cambios en el carbono del suelo. Una pérdida de actividad puede modificar la disponibilidad de nutrientes y otras funciones que sostienen el desarrollo de los cultivos.
Una señal para evaluar presiones agrícolas combinadas
Siobhán O’Brien, investigadora de la Escuela de Genética y Microbiología de Trinity College Dublin, señaló que los resultados exponen un punto insuficientemente considerado en la evaluación de los fungicidas: sus posibles efectos simultáneos sobre los ecosistemas y la resistencia a medicamentos.
Los estudios no demuestran por sí solos que todos los fungicidas produzcan la misma respuesta ni permiten trasladar directamente cada resultado de laboratorio a una parcela comercial. La formulación, la dosis, el tipo de suelo, el clima, el cultivo y el historial de aplicaciones pueden modificar el efecto observado.
Sin embargo, los experimentos indican que las evaluaciones agronómicas y ambientales deberían considerar las interacciones entre productos fitosanitarios y temperatura. Este enfoque también se relaciona con el papel de la ecología del suelo en sistemas agrícolas sostenibles, donde las respuestas de plantas y microorganismos dependen de múltiples presiones que actúan al mismo tiempo.
Para la agricultura, la advertencia no elimina la función de los fungicidas en el control de enfermedades, pero refuerza la necesidad de utilizarlos de manera justificada, respetar las autorizaciones vigentes y estudiar sus efectos sobre organismos que no constituyen el objetivo del tratamiento. Los autores plantean incorporar estos riesgos al análisis de la resiliencia de los suelos, la producción de cultivos y la salud bajo distintos escenarios climáticos.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Trinity College Dublin
Evolutionary Applications
The ISME Journal


